El calendario de fiestas de agosto: de la Virgen Blanca a La Paloma, sin perderse ni una
Entre el calor, las vacaciones y el runrún de las orquestas de verbena, el país entero se convierte en un mapa de casetas, pregones, fuegos artificiales y, sí, también tomates volando.
Basta abrir el calendario de agosto para ver que casi no hay una semana libre de fiesta grande en algún rincón de España. Desde el primer fin de semana del mes hasta casi el último día, las citas se van encadenando de norte a sur, cada una con su propia tradición, su propio pregón y su propio ambiente. Este es el recorrido, semana a semana, por las fiestas patronales más importantes del mes.
El primer fin de semana ya calienta motores
Todavía no ha empezado ni la segunda semana de agosto y ya hay dos ciudades en pie de fiesta. Vitoria-Gasteiz abre el mes con sus fiestas de la Virgen Blanca, del 4 al 9 de agosto, entre las más queridas del calendario vasco por el "Celedón", el paraguas gigante que baja desde la torre de San Miguel para dar el pistoletazo de salida. Casi al mismo tiempo, Madrid arranca su tríptico veraniego más castizo con San Cayetano, del 4 al 7 de agosto, en los barrios de La Latina y Lavapiés.
Son dos formas muy distintas de entender la fiesta de verano: de un personaje popular que marca el inicio en Vitoria frente al ambiente de verbena de barrio que caracteriza a las fiestas madrileñas. En ambos casos, con música en la calle, puestos de churros y noches que se alargan hasta bien tarde.
La semana grande de Madrid: San Lorenzo y La Paloma
Del 8 al 11 de agosto le toca el turno a San Lorenzo, también en Lavapiés, antes de que el barrio de La Latina cierre el tríptico con la fiesta más multitudinaria de todas: La Virgen de la Paloma, del 14 al 17 de agosto, con el 15 de agosto —festivo nacional en toda España— como jornada central. Las calles se llenan de mantones de Manila, chulapos y chulapas, y el ambiente castizo se combina con conciertos gratuitos que cada año atraen a miles de personas.
Mientras Madrid celebra, Huesca vive su propia semana grande con San Lorenzo, del 9 al 15 de agosto, que combina música, cultura popular aragonesa y, para quien le guste, la Feria Taurina de la Albahaca. Es una de las fiestas patronales con más solera del calendario aragonés, y coincide casi día por día con el cierre del tríptico madrileño.
La quincena en la que Andalucía y el País Vasco se citan
A mitad de mes llega una de las citas más esperadas del verano: la Feria de Málaga, del 15 al 22 de agosto, que cada año divide la ciudad en dos ambientes muy distintos: el Centro, con casetas, flamenco y fiesta de día; y el Real, con atracciones y casetas nocturnas hasta el amanecer. Es, junto con la Feria de Sevilla en primavera, una de las citas de referencia del calendario andaluz, y cada año recibe a cientos de miles de visitantes además de al público local.
Cuando Málaga empieza a recoger los farolillos, Bilbao toma el relevo con su Aste Nagusia o Semana Grande, del 22 al 30 de agosto, nueve días de conciertos, folclore vasco, fuegos artificiales y el popular concurso de txosnas, las casetas gastronómicas que instalan las peñas de la ciudad. El contraste entre el ambiente andaluz y el vasco, con solo unos días de diferencia, es una buena muestra de la variedad de formas de celebrar que conviven en España.
El cierre de mes, con tomates de por medio
El calendario de agosto se despide con la cita más fotografiada del verano español: La Tomatina de Buñol, el 26 de agosto, en la que miles de personas se lanzan tomate maduro durante una hora en pleno centro del pueblo valenciano. Lo que empezó como una pelea espontánea entre vecinos en los años cincuenta se ha convertido en un reclamo turístico internacional, con entradas limitadas y control de aforo desde hace ya varios años.
Es, de todas las citas del mes, la que menos tiene que ver con una fiesta patronal tradicional y la que más se ha convertido en un fenómeno mediático por sí mismo.
Un mes, un país entero de fiesta
Más allá de estas grandes citas, agosto es también el mes de las fiestas patronales de cientos de pueblos pequeños, esas que no llegan a ningún calendario nacional pero que reúnen cada año a generaciones enteras que vuelven a su localidad de origen solo para esos días. Son fiestas sin cobertura mediática, pero con la misma intensidad emocional que las grandes citas: la peña que organiza la verbena, la comisión de fiestas que lleva meses preparando el programa, y el pueblo entero volcado en unos pocos días de agosto.