Vivimos en uno de los países con más sol de Europa y aun así nos falta esta vitamina: el motivo tiene un giro inesperado
España es, según casi cualquier ranking, uno de los países con más horas de sol de toda Europa, y sin embargo entre el 50% y el 60% de la población tiene un nivel insuficiente de vitamina D, según los estudios más citados por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición; una cifra que se dispara hasta cerca del 80% entre las personas mayores de 65 años. Lo más llamativo no es solo la paradoja del sol que no basta, sino que la solución que parece más obvia —tomar un suplemento— tiene, según un ensayo clínico reciente, una letra pequeña que pocas veces se cuenta.
Madrid |
La vitamina D no es, en rigor, una vitamina: es una prohormona que el cuerpo humano fabrica principalmente cuando la piel se expone a la radiación ultravioleta del sol, aunque también se puede obtener, en menor medida, de algunos alimentos. Su función va mucho más allá de los huesos, con los que se la asocia casi siempre: ayuda a absorber calcio y fósforo, interviene en la función muscular, participa en la respuesta del sistema inmunitario, regula la presión arterial y reduce la inflamación. La nutricionista Natalia de la Rosa explica en Onda Cero que "la vitamina D es súper importante y a día de hoy nos habremos dado cuenta de que la mayoría la tenemos bajita."
Por eso llama tanto la atención que un país tan soleado tenga un problema tan extendido de déficit. La explicación no es una sola causa, sino la suma de varios hábitos muy asentados en la vida moderna, y el desenlace —qué hacer al respecto— resulta menos sencillo de lo que parece a primera vista, sobre todo desde que la ciencia empezó a hacerse preguntas sobre los suplementos.
La paradoja del país con más sol y menos vitamina
Los estudios más citados —entre ellos el de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición— sitúan el déficit general de la población española entre el 50% y el 60%, con niveles por debajo de 30 nanogramos por mililitro, el umbral que se considera insuficiente. Entre las personas mayores de 65 años esa cifra se acerca al 80%. "Aunque nos dé el sol, hay obstáculos para que esa vitamina D se absorba de una forma correcta", subraya la experta.
La razón de fondo tiene poco que ver con la meteorología y mucho con el estilo de vida: buena parte de la población evita exponerse al sol en las horas de más radiación para prevenir el cáncer de piel, y cuando lo hace se protege con cremas solares que, según recogen distintos estudios, pueden bloquear hasta el 95% de la síntesis de esta prohormona en la piel. A esto se suma que cada vez pasamos más horas en interiores, tanto por trabajo como por ocio, lo que reduce aún más la exposición real al sol necesaria para producirla.
Por qué la dieta tampoco resuelve el problema del todo
La alimentación puede compensar parte del déficit, pero en España no se consumen con la abundancia necesaria los alimentos más ricos en esta vitamina: el salmón salvaje, las sardinas, el aceite de hígado de bacalao o algunas setas. Son productos que no forman parte del día a día de la dieta mediterránea con la frecuencia que haría falta para cubrir las necesidades solo con comida. Pero encontramos un problema añadido: "En el reino vegetal los champiñones son de los pocos alimentos que tienen vitamina D, pero esa vitamina está encerrada, no le está dando el sol."
Por eso, ante un análisis de sangre con niveles bajos, la respuesta habitual de los médicos suele ser recetar suplementos de calcifediol, uno de los tipos de vitamina D que circulan en el organismo. Es una solución rápida y efectiva para corregir la carencia sobre el papel, y durante años se ha recomendado casi de forma automática a cualquier persona con un análisis por debajo del umbral. Y según de la Rosa, "sin un buen estatus de vitamina D no vamos a absorber la cantidad de calcio que necesitamos."
El giro: la ciencia empieza a matizar los suplementos
Un ensayo clínico aleatorizado, con siete años de seguimiento y 36.282 mujeres participantes, ha puesto sobre la mesa un dato que complica la recomendación automática: quienes tomaron suplementos de vitamina D y calcio de forma aleatoria vieron reducida su mortalidad por cáncer en un 7%, pero al mismo tiempo experimentaron un aumento del 6% en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, presumiblemente relacionado con la calcificación de las arterias.
Según el doctor F. Perry Wilson, de la Universidad de Yale, que ha analizado este y otros estudios similares, la suplementación probablemente no cambia la mortalidad general, aunque podría reducir ligeramente el riesgo de ciertos tipos de cáncer a cambio de un posible aumento del riesgo cardiovascular. Los propios investigadores insisten en que los resultados no son concluyentes, pero sí lo bastante sólidos como para dejar de recomendar suplementos de vitamina D a la ligera y sin supervisión médica.
Qué hacer con toda esta información
Nada de esto significa que haya que evitar el sol o los suplementos por sistema. Significa, más bien, que la exposición solar moderada y sin protección durante periodos cortos —nunca en las horas centrales del día en verano— sigue siendo la forma más natural de producir vitamina D, y que conviene combinarla con alimentos ricos en esta vitamina siempre que sea posible.
En cuanto a los suplementos, la recomendación que se desprende de esta nueva evidencia es sencilla: no automedicarse ni tomarlos de forma indefinida sin control médico, y dejar que sea un análisis de sangre y un profesional sanitario quienes decidan si hace falta suplementación, en qué dosis y durante cuánto tiempo, en lugar de asumir que más vitamina D siempre es mejor.
"Con una alimentación equilibrada normalmente debería ser suficiente, pero luego hay que afinar en cada paciente y pedir determinadas vitaminas en las analíticas para cerciorarnos de que todo está correcto", asegura la nutricionista.