VERANO

Estrés térmico: qué es y cómo lo sufrimos sin darnos cuenta

El estrés térmico es una amenaza invisible que se intensifica con la llegada del calor estival. Aunque suele asociarse a trabajos al aire libre, lo cierto es que cualquier persona puede verse afectada por este fenómeno, cuyos síntomas y peligros suelen pasar desapercibidos hasta que el daño ya está hecho.

ondacero.es

Madrid |

Imagen de archivo | Getty

El cuerpo humano necesita mantener una temperatura interna estable, en torno a los 37°C, para funcionar correctamente. Cuando las condiciones ambientales, la actividad física o la ropa dificultan la disipación del calor, el organismo comienza a acumularlo, desencadenando el llamado estrés térmico.

Qué es el estrés térmico y cómo lo sufrimos

El estrés térmico es el malestar o daño que experimenta el cuerpo cuando los mecanismos naturales para regular la temperatura interna se ven sobrepasados por la acumulación de calor o la pérdida excesiva del mismo. En verano, la exposición al sol y las altas temperaturas aumentan el riesgo de que el cuerpo no pueda eliminar el calor suficiente, especialmente si se realiza actividad física, se lleva ropa inadecuada o no se mantiene una hidratación adecuada.

Factores como la edad avanzada, el sobrepeso, ciertas enfermedades, el consumo de medicamentos o alcohol y la falta de aclimatación aumentan la vulnerabilidad al estrés térmico. Además, la radiación solar no solo incrementa la temperatura corporal, sino que puede provocar quemaduras, insolación y daños cutáneos a corto y largo plazo.

Olas de calor y el efecto en el estrés térmico

Durante las olas de calor, el cuerpo activa mecanismos como la sudoración y la dilatación de los vasos sanguíneos para intentar disipar el exceso de temperatura. Sin embargo, si la temperatura central supera los 38°C, pueden aparecer síntomas como mareos, debilidad, calambres, edemas, sarpullidos, confusión, náuseas y, en casos extremos. Las consecuencias pueden incluir hasta la pérdida de conciencia o incluso la muerte si se llega a superar los 40°C.

La exposición prolongada a la radiación solar agrava estos efectos, ya que el cuerpo absorbe calor no solo del aire sino también del asfalto, paredes y otras superficies calientes, dificultando aún más la eliminación del calor acumulado. Por eso, los efectos del sol en verano pueden desencadenar el estrés térmico de forma progresiva y casi imperceptible, especialmente en personas vulnerables o en quienes pasan muchas horas al aire libre.

Prevención y recomendaciones

Para evitar el estrés térmico, los expertos recomiendan:

- Mantenerse bien hidratado, evitando bebidas alcohólicas o azucaradas.

- Protegerse del sol con ropa ligera, gorra y crema solar.

- Reducir la actividad física en las horas de más calor y buscar sombra o ambientes frescos.

- Prestar atención a los primeros síntomas y actuar rápidamente: descansar, refrescarse y consultar a un médico si los síntomas se agravan.

El estrés térmico es una dolencia más común de lo que parece y puede afectar a cualquier persona durante los meses de calor, muchas veces sin que se dé cuenta. Reconocer los factores de riesgo, los síntomas y adoptar medidas preventivas es fundamental para evitar complicaciones graves derivadas de la exposición al sol y las altas temperaturas. La prevención y la información son las mejores herramientas para disfrutar del verano sin poner en peligro la salud.