Trump se lanza a por la paz en Ucrania tras colgarse la medalla por Gaza
El presidente de Estados Unidos ya ha puesto la vista en otro escenario bélico: la guerra entre Rusia y Ucrania, un conflicto que asegura poder resolver "en apenas 24 horas".
➡️Trump y Putin se reunirán en Budapest para negociar el fin de la guerra de Ucrania
Madrid |
Donald Trump atraviesa uno de los momentos más eufóricos de su presidencia tras lo que considera su primer gran logro internacional: el acuerdo de alto el fuego en Gaza y el intercambio de rehenes israelíes por prisioneros palestinos. Envalentonado por los elogios que ha recibido dentro y fuera de Estados Unidos por su papel como mediador, el mandatario ya ha puesto la vista en otro escenario bélico: la guerra entre Rusia y Ucrania, un conflicto que asegura poder resolver "en apenas 24 horas"
Reunión con Zelenski y contactos con Putin
Este viernes, el presidente estadounidense tiene previsto reunirse a las 19:00h en el Despacho Oval con su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski. Sobre la mesa estará la petición de Kiev para recibir misiles de largo alcance Tomahawk, capaces de alcanzar objetivos situados a más de 2.000 kilómetros y golpear infraestructuras clave dentro de territorio ruso.
Horas antes de ese encuentro, Trump anunció además que se verá también próximamente con Vladímir Putin en Budapest, tras una conversación telefónica "muy productiva", según sus propias palabras. Será su segundo cara a cara con el líder del Kremlin desde el celebrado en Alaska el pasado agosto.
De Gaza a Ucrania: la ambición diplomática de Trump
Trump confía en que su reciente éxito diplomático en Oriente Próximo sirva como impulso para acercar posturas entre Moscú y Kiev. "El progreso en Gaza nos ayudará a avanzar hacia el final de la guerra en Ucrania", publicó en redes sociales.
El entusiasmo del republicano se percibe también entre sus colaboradores más cercanos. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró en Bruselas que "la guerra en Ucrania no comenzó bajo Trump, pero terminará bajo Trump". Sin embargo, el reto es mucho más complejo que el logrado en Gaza.
La presión diplomática sobre Israel, un aliado dependiente de Washington, poco tiene que ver con la capacidad de influencia sobre una Rusia respaldada por China y reacia a ceder terreno.
La cuestión de los misiles Tomahawk
La decisión sobre el envío de misiles Tomahawk podría convertirse en la primera gran prueba de fuego del nuevo intento de mediación estadounidense. Ucrania sostiene que esas armas serían esenciales para debilitar la capacidad militar rusa y marcar una nueva fase en el conflicto. Pero Moscú ya ha advertido que la entrega de ese tipo de armamento supondría "una escalada peligrosa" y evidentemente afectaría directamente a las relaciones bilaterales con Washington.
Además del posible envío de misiles, Trump y Zelenski abordarán la propuesta ucraniana de un gran paquete de ayuda militar valorado en unos 90.000 millones de dólares. Una delegación de Kiev se encuentra estos días en Washington negociando con los gigantes de la industria de defensa, como Raytheon o Lockheed Martin, con el objetivo de cerrar nuevos acuerdos de suministro.
Un giro en la postura hacia Ucrania
El giro de Trump respecto a Ucrania ha sido radical. Durante los primeros meses de su segundo mandato, el presidente mantuvo una posición mucho más cercana a Moscú, llegando incluso a criticar duramente a Zelenski y a suspender temporalmente la entrega de armas. Ahora, en cambio, su discurso ha virado hacia un apoyo más decidido: su Gobierno ha instado a los aliados de la OTAN a aumentar su gasto en defensa y a reforzar el mecanismo conjunto de compra de armamento para Kiev.
Ese cambio de postura responde a varios factores. Por un lado, la creciente presión de los socios europeos, volcados en el respaldo a Ucrania; por otro, la frustración del propio Trump ante la falta de avances con Putin, a quien acusa en privado de incumplir sus compromisos y bloquear cualquier posibilidad de alto el fuego. El mandatario también ha tomado nota del estancamiento militar ruso y de las dificultades económicas que atraviesa Moscú tras meses de sanciones internacionales.
Ni los gestos de cordialidad ni los intentos de Trump por presentarse como un mediador pragmático han dado los resultados esperados con el Kremlin. La cumbre de agosto en Alaska, donde posó con Putin en un ambiente de aparente armonía, no produjo ningún avance real. Incluso su anuncio de una reunión tripartita con Zelenski y Putin quedó en papel mojado. La única iniciativa que ha prosperado, de forma sorprendente, ha sido el canal de comunicación abierto por Melania Trump con el entorno del presidente ruso para tratar el tema de los menores ucranianos trasladados a Rusia.