Madrid |
El ataque israelí contra el yacimiento de gas natural de Pars Sur y la respuesta de Irán bombardeando la refinería de Ras Laffan amenazan con escalar el conflicto y convertirlo en una guerra económica y energética de repercusiones globales: "A partir de esta noche, las líneas rojas han cambiado", advirtió Irán este miércoles.
Las autoridades iraníes denunciaron este martes ataques de Israel contra Pars Sur, reservorio controlado por Irán y Qatar que alberga cerca del 20% de las reservas de gas natural de todo el mundo. Se trata de la mayor reserva de gas del mundo y representa una de las mayores fuentes de ingresos económicos de Qatar. Un día después, las fuerzas iraníes respondieron con bombardeos contra la refinería de Ras Laffan, el corazón energético de Qatar y uno de los nodos más críticos del mercado mundial de gas natural licuado (GNL).
Teherán afirmó que el conflicto había pasado de "enfrentamientos limitados y localizados" a "una guerra económica total": "Si el enemigo pensaba que con estos ataques podría aumentar la presión sobre Irán para forzarlo a ceder, ha cometido un error de cálculo fatal", advirtieron fuentes militares. Ante esta situación, el propio presidente de EEUU, Donald Trump, se desvinculó del ataque a Pars Sur y aseguró que Israel no volvería a atacarlo a menos que Irán decidiese atacar nuevamente a "países inocentes".
Está claro que los últimos incidentes han provocado un cambio en una guerra que, hasta ahora, se había centrado únicamente en infraestructuras militares, dejando a un lado las energéticas. Y eso se nota en los precios del petróleo y del gas natural que se han disparado no sólo ante la amenaza de una falta de oferta, sino ante el hecho de que estos nuevos ataques supongan un prolongamiento del conflicto. El temor ahora radica en que los mercados energéticos tengan que ampliar esa subida de precios ante la posibilidad de que no haya una desescalada del conflicto a corto o medio plazo. El gas natural ha subido este jueves casi un 30% hasta los 70 euros por megavatio hora, mientras que el crudo se ha incrementado hasta los 110 dólares el barril de Brent.
Los países han advertido de los riesgos que supone esta situación. Qatar ha calificado la maniobra de Israel como "peligrosa e irresponsable", al tiempo que la ha calificado como una amenaza a la "seguridad energética global": "Atacar la infraestructura energética constituye una amenaza para la seguridad energética global, así como para los pueblos de la región y su medio ambiente", ha subrayado el portavoz de Exteriores qatarí, que ha pedido "evitar ataques a instalaciones vitales".
Estos ataques han ahondado aún más si cabe el impacto económico del conflicto a nivel mundial, con una situación ya de por sí crítica a raíz del bloqueo por parte de Irán del estrecho de Ormuz -responsable del 20% de la exportación del crudo global- y cuyo cierre implica que, cada día, unos 20 millones de barriles de crudo se quedan sin poder acceder al mercado global.