Alsina ironiza sobre "la turra" del PSOE denunciando una conjura: "Es un estribillo vacuo y agotado"
El director de Más de uno ha señalado la responsabilidad de la formación en el Gobierno en el caso Leire, puesto que era su secretario de organización en ese entonces, Santos Cerdán, quien estaba detrás de todo.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Dijo el profesor de filosofía a sus alumnos: tienen treinta minutos para exponer por escrito una argumentación convincente sobre la no existencia de esta silla. "¿Lo puede repetir?", preguntó uno de los estudiantes. "Tienen media hora para argumentar filosóficamente por qué esta silla que tenemos aquí no existe. Apliquen todo lo que han aprendido este trimestre sobre el ser y la realidad".
Tomaron los alumnos sus bolígrafos y reflexionaron un instante sobre el mejor modo de demostrar que, aunque la tuvieran delante, aquella silla no existía. Levantó la mano, entonces, el más menudo de los estudiantes. "Profesor", dijo, "tengo una pregunta". "Adelante, plantéela". "Nos pide que argumentemos por qué no existe esta silla". "Eso es". "Perdóneme, pero… ¿qué silla?" Sonrió el maestro, orgulloso del ingenio filosófico de su alumno y le puso allí mismo un sobresaliente. ¿Silla, qué silla? ¿Leire, qué Leire? ¿Santos, qué Santos?
En lugar de un comité federal, el Partido Socialista haría bien en convocar un congreso de filósofos. Que le ayuden a responder a la pregunta: ¿qué somos? Y a esta otra: ¿quiénes somos? Y a esta última: ¿hay una entidad llamada Partido Socialista capaz de hacer o dejar de hacer cosas al margen de que las hagan o no las personas que actúan en su nombre?
El secretario general del partido ha dejado para dentro de un mes explicar en el Congreso no se sabe qué sobre las causas judiciales en la que está investigado su partido. A modo de adelanto, o teaser, la secretaria de organización del PSOE ha publicado un mensaje en el que niega que el partido haya cooperado en ninguna de las conductas delictivas que el juez Pedraz describe en su auto de ayer.
Los medios han titulado así la noticia: "El PSOE niega haber cooperado en las cloacas". Primer punto del orden del día para el congreso de filósofos: si la secretaria de organización del PSOE hace una afirmación en su condición de secretaria de organización, ¿cabe concluir que quien la está haciendo es el PSOE? ¿Es lícito asumir que cuando habla la número tres del partido desde Ferraz quien está hablando es el partido en sí mismo? ¿Qué es el PSOE, quién actúa o habla en su nombre?
¿Qué es el PSOE, quién actúa o habla en su nombre?
En la operación borremos de nuestra memoria a Santos Cerdán -esa persona de la que usted me habla-, la dirección socialista se coronó ayer proclamando que el partido jamás ayudó a Leire en sus andanzas pero sin desmentir que Santos Cerdán sí lo hiciera. Ya aplicó la misma táctica, bastante burda, cuando se empezó a saber de los manejos de Ábalos y Koldo: una cosa es lo que hicieran ellos y otra que se le pueda achacar al Partido Socialista.
Pero ocurre que esto de las cloacas lo tuteló, según la UCO, el secretario de organización socialista precisamente porque desempeñaba ese cargo. Lo que ocurrió no fue que un señor cualquiera, llamado Santos, quedó a tomar un café en el callejón del Gato con una militante llamada Leire para echar la mañana en animada tertulia sobre la actualidad del día.
Lo que ocurrió fue que Santos Cerdán, en su condición de número tres del PSOE, citó en la sede del partido a su conocida Leire con Patricia López y Pérez Dolset para ver qué se podía hacer para torpedear la investigación judicial a Begoña Gómez, presentar a la UCO como corrupta y aliviar, así, la indignación de su jefe, el secretario general del partido, al ver a su mujer como imputada en los papeles.
Lo que ocurrió es que Santos Cerdán, en su condición de secretario de organización, dio instrucciones para financiar las actividades de Leire Díez camuflando el motivo de los pagos bajo conceptos ficticios, es decir, falsos (presuntamente). Lo que ocurrió, según el auto del juez, es que Santos Cerdán, como autoridad del partido y capataz en su sede, ordenó insertar una campaña de publicidad de veinte mil euros en un digital con el único fin de retribuir, así, a Patricia López, colega de Leire.
Si todo eso, según la investigación, lo hizo el secretario de organización del PSOE, ¿puede sostener su sucesora Torró que el PSOE, como tal PSOE, nunca hizo nada? A ver, poder, puede. De hecho, está en ello. Pero el empeño está condenado a la melancolía porque en 2024 Santos Cerdán era el PSOE. Y en 2025, también. Tal como hoy lo que hace y dice Rebeca Torró lo está haciendo, y lo está diciendo, el PSOE. Puede que no en términos penales pero sí, desde luego, en términos políticos.
Y el drama al que se enfrenta la dirigencia socialista de hoy es que no sabe, en realidad, qué más pudo hacer Santos Cerdán, gracias a los galones que le entregó Sánchez, en los años en que fue dios en la sede de Ferraz. Sánchez, como la señora Torró, proclaman hoy la escrupulosa higiene de las actuaciones de su partido con idéntica convicción a aquélla con la que proclamaban que Cerdán era un ejemplo de integridad, que Zapatero era un referente moral y que Koldo era un ejemplo para la militancia. Si no sabes, casi mejor que no hables.
El drama al que se enfrenta la dirigencia socialista de hoy es que no sabe, en realidad, qué más pudo hacer Santos Cerdán
La turra de la conjura
El PSOE, dramáticamente sonado estos días, se ha entregado a la tarea de propagar disquisiciones: ¿es un requerimiento o un registro?; ¿es el secretario de organización o es el PSOE?; ¿es una cloaca o sólo un desagüe? Prueba del shock del que no sale, y del atolondramiento en el que vive, es el esfuerzo inútil por volver con la turra de la conjura: jueces coordinados para ir golpeando al gobierno con un escándalo tras otro hasta conseguir que Sánchez renuncie. La película conspirativa a la que ya se encomendaron el PSOE y el gobierno cuando empezó a saberse de Leire, cuando empezó a saberse de Cerdán y cuando empezó a saberse de Julio Martínez.
En ocasiones, veo conjuras judiciales. Está en el ADN del actual presidente, y de alguno de sus ministros, detectar manos negras, coincidencias sospechosas y golpes de Estado incipientes. La turra. Para quienes se han quedado de piedra al escuchar a un ministro fabular sobre una conspiración bien poco democrática para derribar al gabinete me permito recordar que el presidente en persona situó al presidente del Constitucional -no Pumpido sino el de ante- en un complot de las derechas para amordazar al Parlamento, poca broma.
El jefe del Gobierno imputando al presidente del Constitucional conspirar contra la democracia. Por supuesto, sin acudir de inmediato al juzgado a denunciar semejante atropello a las libertades. Desde Begoña y la carta a la ciudadanía todo se intensificó con ministros y dirigentes compitiendo por ver quién desacreditaba más (y con más likes) a los jueces incómodos.
Pero la turra de la conjura es anterior a Begoña y a la carta. Sánchez ya se vendía como víctima de una conspiración de poderosos cuando recorría el país doliéndose por su defenestración y enardeciendo a la militancia contra el aparato de su partido. La turra vivió momentos de gloria cuando la carta a la ciudadanía -con manifiesto de periodistas contra el golpismo judicial y mediático incluido- pero dos años después es un estribillo vacuo y agotado. A la dirigencia socialista se le agotó el relato de tanto usarlo.