Madrid |
La Armada de Rusia ha dado inicio a las maniobras navales que ellos mismo han denominado como "Tormenta de Julio". Se prolongarán hasta el domingo 27 y según un comunicado del Ministerio de Defensa, el despliegue involucra a más de 150 buques de combate y de apoyo, 120 aeronaves y más de 15 000 efectivos distribuidos en los océanos Pacífico, Ártico, y los mares Báltico y Caspio.
Las maniobras estarán dirigidas por el comandante en jefe de la Armada, el almirante Alexander Moiseyev, quien supervisará ejercicios diseñados para evaluar la capacidad de la flota en "operaciones no estándar". Entre estas destacan el uso integrado de armas de precisión y largo alcance, sistemas no tripulados, y armamento moderno.
Durante los ejercicios, las tripulaciones de los buques realizarán despliegues en zonas de combate, operaciones antisubmarino, y la protección de bases navales. También entrenarán en la defensa frente a posibles ataques aéreos, lanchas no tripuladas y drones enemigos. Además, habrá prácticas para garantizar la seguridad de la navegación y neutralizar objetivos enemigos, incluyendo grupos navales.
Estas maniobras forman parte de los esfuerzos de Rusia por mostrar el poderío de su flota, considerada la tercera más potente del mundo tras Estados Unidos y China. Y tiene más sentido teniendo en cuenta que los analistas destacan que la Armada rusa ha sufrido "pérdidas de alto perfil" en la guerra en Ucrania.
Moiseyev ha destacado el propósito de estas maniobras: asegurar que las flotas y flotillas rusas estén preparadas para afrontar desafíos operativos fuera de lo común y utilicen de forma integrada sus sistemas de armamento más modernos.
Unos movimientos que forman parte de esa tradición rusa de llevar a cabo maniobras periódicas, pero también están impulsados por la necesidad estratégica de recuperar prestigio.