Madrid |
Un incendio forestal de gran magnitud, iniciado este lunes en Les Pennes-Mirabeau, al norte de Marsella, ha obligado a cerrar totalmente el aeropuerto de Marseille Provence desde el mediodía y ha provocado recomendaciones de confinamiento para miles de residentes en la ciudad y municipios próximos.
Las llamas, alimentadas por fuertes vientos mistral de hasta 70 km/h, temperaturas superiores a 30 °C y vegetación extremadamente seca tras una ola de calor, han arrasado aproximadamente 30 hectáreas de terreno. La humareda densa y tóxica se extiende por los barrios del norte de Marsella, lo que ha elevado los niveles de preocupación entre vecinos que han recibido mensajes de alerta para cerrar puertas y ventanas, y evitar salir de sus hogares salvo casos esenciales.
El aeropuerto de Marseille Provence ha suspendido todos los vuelos comerciales desde el cierre de la pista alrededor del mediodía; algunos vuelos han sido desviados hacia aeropuertos cercanos como Niza, Nîmes o Montpellier. Las conexiones ferroviarias cercanas, por su parte, también han sido interrumpidas para facilitar el acceso de emergencia.
La respuesta de emergencia ha sido intensa: un despliegue de 168 bomberos, respaldados por 68 camiones cisterna, dos helicópteros y cinco aviones cisterna, trabajan de manera coordinada en las labores de extinción. También se han habilitado polideportivos municipales y centros sociales como posibles espacios de acogida en caso de necesidad.
Aunque aún no se han contado víctimas, en Les Pennes-Mirabeau se han evacuado dos conjuntos residenciales, y cientos de niños permanecen aguardando para ser recogidos en centros de ocio del norte de la ciudad. De momento no se ha emitido una evacuación obligatoria general, aunque las autoridades han avisado de que se mantienen en máxima alerta e incluso se hallan a la espera de órdenes para activar el desalojo más amplio de los barrios 15.º y 16.º de Marsella.
Otra gran conflagración en Narbona ha quemado cerca de 2.000 hectáreas y ha interrumpido el tráfico por la autopista A9, que conecta con España. Las condiciones de sequía, olas de calor y viento intenso, acentuadas por el cambio climático, han convertido el sur de Europa en una zona de riesgo creciente.