EFE | Javier Matiacci
Madrid |
Donald Trump ha asegurado que la guerra contra Irán está terminada. Sin embargo, sus cambiantes discursos contrastan con la visión de los expertos internacionales.
Más de dos semanas después del inicio de la operación militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, crece la preocupación internacional por la duración y las consecuencias del conflicto, especialmente con el bloqueo del petróleo en el estrecho de Ormuz. Lejos de las afirmaciones de Trump, hay analistas que aseguran que el conflicto podría prolongarse durante meses e incluso más de un año.
Es la opinión de Jesús Gil, secretario general de la Asociación Española de Orientalistas y profesor del máster en Seguridad Internacional de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). En declaraciones a EFE, sostiene que lo ocurrido desde el 8 de marzo, cuando comenzaron los ataques contra Irán, "es solo el principio de una guerra cruenta y grande".
A su juicio, nunca fue realista pensar en un conflicto rápido tal y como ha vendido la administración de EEUU. Recuerda que otras guerras en la región, como la de Irak, se alargaron durante años. Además, se da otra circunstancia que invita a pensar en un extensión. A Teherán le puede interesar prolongar el enfrentamiento e implicar a más actores internacionales.
Según explica, Irán ya ha lanzado ataques contra bases militares de países europeos como Reino Unido, Italia o Francia con presencia en la zona, en un intento de ampliar el escenario del conflicto.
Entre los posibles escenarios, Gil menciona incluso la posibilidad de una guerra civil dentro de Irán, ya sea por enfrentamientos entre distintas corrientes internas o por una eventual rebelión de la minoría kurda contra el régimen de los ayatolás.
El experto también plantea un escenario de guerra de desgaste que podría durar uno o dos años, con consecuencias económicas globales muy graves y con países entrando en dinámicas propias de una economía de guerra.
Advierte del riesgo de que, si el conflicto se prolonga y se vuelve muy impopular, se busque una "solución drástica", en un paralelismo con el final de la Segunda Guerra Mundial y el uso de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, que califica de "crimen contra la humanidad".
Según Gil, la historia demuestra que, cuando las guerras se alargan y generan un gran desgaste, las potencias implicadas tienden a buscar decisiones contundentes para forzar su final.
Mientras tanto, alerta de que Irán mantiene capacidad para tensar aún más la situación, tanto bloqueando el comercio de petróleo en el estrecho de Ormuz como promoviendo atentados en Estados Unidos o en países occidentales. Escenarios que, de producirse, podrían agravar todavía más el conflicto.