La pregunta que más eché en falta ayer en el interrogatorio al ex ministro José Luis Ábalos en el caso mascarillas es… para qué sirve un ministro. Para qué servía Ábalos, según Ábalos. Porque Ábalos, según Ábalos, para poco. Era un pobre títere. Víctima de la UCO, Aldama, Jessica, su exmujer y de los técnicos del ministerio que firmaban los contratos de mascarillas (porque él de eso no sabe). Desde cuándo un ministro ha sabido lo que firma, es que tienen ustedes unas cosas. Y víctima de los medios, claro.
Ábalos no solo argumentó ante el Supremo que no hizo nada delictivo. Sino que él no hacía nada. No sabía nada. No movía un dedo el ministro, salvo para enamorarse. Víctima del amor también. Qué malas las mujeres, oye, cómo le confundían. Casi ni le quedaba tiempo para preparar las campañas electorales. Fue un año complicado, dijo.
Y qué iba él a pagar nada, le daba pereza, de eso se encargaba Koldo. Y qué iba a saber él qué hacía Koldo en su nombre. A Koldo, por cierto, al que con todo su papo, contó que le hizo consejero en agradecimiento a su lealtad. Eso sí lo sabía hacer el ministro. Colocar a su amigo el chófer de asesor en el ministerio y consejero en Renfe cobrando un pastón sin formación para ello. Con dinero público se agradece mejor.
El acusado insistía mucho en que si hubiera robado, tendría que haber un botín, que dónde está la pasta entonces. A ver, José Luis, que si hay algo queda acreditado es que no parabas de gastar. Puedes quedarte sin dinero porque no ingresas o porque no paras de gastar. Y gastar, gastaban mucho Koldo y él. Y sin sacar un euro del cajero. Todo en cash. Aldama pagaba pisitos para sus amantes, fiestones, viajes y un chalé de vacaciones en la Costa del Sol. José Luis explicó que además a su mujer, su ex, el chalé no le gustaba. Y qué manía el tribunal con el dinero, oye, si de eso se encargaba Koldo. Total, él solo era el ministro.
¿Moraleja?
Ábalos en el Supremo
Nos toma por memos