Mientras Donald Trump anuncia treguas que a los 20 minutos Irán desmiente, siguen subiendo los precios a ambos lados del estrecho de Ormuz. Y van a seguir subiendo. El Banco Central Europeo empeoró ayer sus previsiones para final de año. Y subió los tipos de interés, por primera vez desde hace tres años (cuando era otra guerra, la de Putin, la que más preocupaba). Subir tipos es la herramienta que tienen los bancos centrales para tratar de controlar los precios.
También el Banco Mundial advertía ayer de que la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán está frenando el crecimiento mundial. Porque si sube la energía, todo cuesta más. Desde los tomates hasta las habitaciones de hotel. E incluso quedarse en casa es más caro, porque el aire acondicionado también cuesta más. Y también las hipotecas. Quienes las tengan a tipo variable van a notar pronto la subida de tipos. Lo más parecido a una buena noticia es que los que tengan ahorros van a recibir por ellos más rentabilidad. Los préstamos van a ser más caros, los depósitos, más rentables.
Desde ayer, el dinero es más caro. Y más que lo va a ser. Es decir, la capacidad de financiarse cuesta más. La vida cuesta más. ¿Pero cuánto más?
Christine Lagarde, la presidenta del BCE, transmitió ayer calma. Otra cosa no, pero experiencia en crisis previas vamos teniendo los europeos. La banquera central maneja tres escenarios. El más optimista es que la guerra de Irán se resuelve rápido y la inflación no supera el 3%. Pero es el más improbable. El pesimista es que los precios de la energía no bajan este año y la inflación sigue por encima del 3% tanto este año como el que viene.
Y luego está el escenario más pesimista de todos, que es que lo de Ormuz se complique más, los precios de la energía se desboquen y el año que viene la inflación supere el 5%. Año previsiblemente electoral, por cierto. Y cuanto más suban los precios, más empobrecida irá la gente a votar. O sea, más enfadados.
Vuelve la inflación
a los hogares, más presión