Sergio del Molino, sobre el trabajo en su nueva novela 'La hija': "Soy un proletario cultural, no se me quita el complejo de pobre"
El escritor ha visitado Más de uno para presentar su nueva novela, una ambiciosa reconstrucción literaria de la vida de Rosario Weiss, la pintora que creció junto a Goya y que murió con apenas 28 años.
Madrid |
Sergio del Molino ha visitado Más de uno esta vez como invitado y no como colabordador para presentar su nueva novela, 'La hija', una ambiciosa reconstrucción literaria de la vida de Rosario Weiss, la pintora que creció junto a Goya y que murió con apenas 28 años. En conversación con Carlos Alsina y Begoña Gómez de la Fuente, Del Molino ha desgranado las claves de un libro que mezcla ficción, ensayo y reflexión personal.
El flechazo con Rosario
Del Molino reconoce que su relación con Rosario fue, casi, un amor a primera vista. Descubrió su figura leyendo un libro sobre Goya en Burdeos, donde se evocaba la imagen de una niña guiando al pintor sordo entre carruajes. Aquella escena le llevó a indagar en una artista prácticamente olvidada.
El segundo impacto llegó en el Museo del Prado, ante el autorretrato de Rosario. "Hay un descaro extraño en ese cuadro", explica. En una época de representación femenina recatada, Weiss aparece insinuante, casi desafiante. Ese gesto, unido a una vida breve y a contracorriente, terminó de atraparlo.
Rosario —hija de Leocadia Zorrilla y, según la rumorología histórica, también de Francisco de Goya— creció en la Quinta del Sordo, asistiendo a la creación de las Pinturas Negras. Fue, según el autor, la única discípula directa del pintor y la única artista que presenció aquel momento fundacional del arte español.
Una mujer libre en una España hostil
Del Molino subraya el carácter excepcional de Rosario: mujer, artista y liberal en una España profundamente hostil a todo ello. Criada en un ambiente de libertad moral y política —en pleno fervor liberal contra el absolutismo— nunca aspiró a una vida convencional. No buscó matrimonio ni acomodo social: quiso ser artista.
Sin embargo, su regreso al Madrid romántico la situó en los márgenes. Mientras otros escritores y poetas alternaban tertulias y fiestas, ella trabajaba para abrirse camino. "Fue una curranta en medio de la juerga", resume el autor, que encuentra ahí una identificación personal.
Fue una curranta en medio de la juerga
El "proletario cultural"
En la segunda parte del libro, Del Molino introduce un giro inesperado: un making off en el que reflexiona sobre su propio proceso creativo. Allí se define como "un proletario cultural", alguien incapaz de entregarse a la bohemia. "Siento envidia de los artistas que viven sin mirar el relo", admite. Confiesa que trabaja más de lo que necesita, empujado por una "mentalidad de pobre" que le impide relajarse. Esa ética del esfuerzo, asegura, le ha servido para comprender mejor a Rosario, obligada a madrugar en un mundo de trasnochadores.