Un eclipse, una vocación

María de Urioste deseclipsa a Santiago Ramón y Cajal: un eclipse parcial, pero una vocación total

La marquesa de Ramón y Cajal, María de Urioste, bisnieta del premio Nobel de Medicina, cuenta en exclusiva a Isabel Lobo las inexactitudes en la historia de aquél eclipse de 1860 que despertó la vocación científica de Santiago Ramón y Cajal, una de las mentes más ilustres de nuestra historia. No sucedió en Ayerbe, sino en Valpalmas, y no fue un eclipse total, sino parcial. Así lo ha desvelado a los oyentes de Onda Cero este 12 de agosto, por primera vez a un medio de comunicación y con motivo del eclipse total que viviremos esta tarde. Una conversación única en recuerdo del científico que nos permite conocer a fondo sus inquietudes y el orígen de una carrera ejemplar y brillante.

Nora Barreto Torres

Madrid |

Santiago Ramón y Cajal tenía ocho años cuando presenció un eclipse junto a su padre en una pequeña colina en Val Palmas.

Antes del acontecimiento, le había explicado lo que iba a ocurrir y plasmado una idea que lo acompañaría posteriormente: hay fenómenos que pueden predecirse mediante la ciencia, mientras que otros todavía escapan al conocimiento humano.

Fue testigo, así, de una ocultación del 99,9%, aunque la tradición ha situado aquel episodio en Ayerbe y ha descrito el fenómeno como un eclipse total.

El propio Cajal tampoco dejó constancia de algún elemento que cabría esperar de haber presenciado un eclipse total. Conceptos como "la corona solar", no aparecen descritos como lo que pudo haberle impresionado, según explica su bisnieta.

Lo que realmente le marcó fue la experiencia y las preguntas que siguieron a aquel acontecimiento.

El rayo ocurrió un año antes

Uno de los elementos que forman parte de la historia tradicional también necesita ser corregido. El episodio del rayo que impactó profundamente al pequeño Cajal no ocurrió durante el eclipse, sino un año antes.

El fenómeno atmosférico alcanzó el campanario de Petilla, mientras el párroco estaba tocando las campanas, arrebatándole la vida y entrando por una ventana de la escuela. Varios heridos y una segunda muerte, la de la maestra, fueron, para un niño de ocho años, estremecedores, brotando de ellos una influencia posterior en su manera de entender los límites de la ciencia.

Los textos que Cajal quiso eliminar

Junto a la entrevista, de la mano de Isabel Lobo, se ha permitido revelar fragmentos de su autobiografía donde reflexiona sobre los límites de la ciencia y la dificultad del ser humano para comprenderse a sí mismo.

Recuerda cómo el eclipse, en efecto, despertó su interés en la astronomía, pero también cómo le llevó a estudiar diversas obras tanto matemáticas como cosmográficas. Y a través del murmullo de un gramófono, tras presenciar la infausta muerte del párroco, comenzó a cuestionarse la existencia de Dios y el problema del mal.

"Será cierto que el dios de la doctrina cirstiana y de la historia sagrada sienta infinita piedad por los hombres?" Una de las reflexiones, que eliminadas por el propio autor en la tercera edición de su autobiografía, a día de hoy el Archivo Personal de la familia Ramón y Cajal ha permitido recuperar para esta misión especial en el programa de Por Fin.

El legado Cajal, pendiente de un museo

La familia también mantiene su empeño en preservar y poner a disposición del público el legado del científico. La madre de María Urioste Ramón y Cajal cedió desinteresadamente parte de los materiales heredados con la intención de que pudieran formar parte de un museo. Un proyecto que parece ahora más caercano aunque siguen existiendo dificultades.

Han considerado que "ya es hora de que salgan a la luz y que estén en el sitio que se merecen", respecto a los documentos, obras y objetos vinculados al científico sobre estar reunidos y ser accesibles.

También, ente sus reivindicaciones flota la creación del Día de Cajal y de la Ciencia Española el 17 de octubre, fecha en la que murió el académico. Tal día representaría lo que para su bisnieta, Cajal más encarnaba: curiosidad, tenacidad, honradez, humildad y paciencia.

Más de un siglo después, el eclipse que marcó la infancia del premio Nobel de Medicina, vuelve a ocupar el centro de la historia. Esta vez, con una nueva certeza y la oportunidad de acercarnos a la mirada de Santiago Ramón y Cajal.

Un hombre que, bajo la oscuridad de un eclipse, decidió dedicar el resto de su vida a arrojar luz sobre los misterios del cerebro.

Con nuestro especial agradecimiento al Archivo de Santiago Ramón y Cajal por la cesión de su valioso material de archivo y por contribuir a mantener viva la voz y el legado de uno delos grandes referentes de la ciencia española.

Recreación de las voces: sonido original de la voz de Santiago Ramón y Cajal, grabada en sus gramófonos.

Niño de ocho años: Alba Bellido.

Santiago Ramón y Cajal adulto: Julio Gil

Santiago Ramón y Cajal (textos de sus discursos del Nobel de Medicina): José Miguel Azpiroz.

Producción: Andrea Quintero.

Edición: Isabel Lobo

Técnicos: Álvaro de Félix y Javier de la Torre.