MUERE ARMANI

El imperio económico que deja Giorgio Armani: una herencia de más de 10.000 millones... y un gigante independiente

El mundo de la moda despide a una de sus figuras más icónicas: Armani muere a la edad de 91 años y deja un impresionante legado.

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Sandra Sánchez Merinero

Madrid |

El imperio económico que deja Giorgio Armani: una herencia de más de 10.000 millones | Getty

Desde ahora, el jueves 4 de septiembre será una fecha marcada en rojo en el calendario para el mundo de la moda. La muerte de Giorgio Armani a los 91 años supone decir adiós a un hombre que se convirtió en sinónimo de elegancia italiana y, sobre todo, éxito empresarial. Porque Armani no solo revolucionó la forma de vestir en las últimas décadas, también construyó un imperio de la moda en el olimpo de los gigantes del lujo. Fundada en 1975, su empresa homónima Giorgio Armani S.p.A. ha llegado a abarcar desde alta costura, accesorios, hoteles y hasta incluso negocios de gastronomía.

Con Armani al frente, el grupo llegó a facturar más de 2.300 millones de euros al año, tal y como apunta Reuters. Pero eso no es todo, tiene cerca de 9.000 personas empleadas en el mundo. Ahora, tras su muerte, la pregunta se antoja necesaria: cómo y quién podrá conducir un gigante de este tamaño y cómo se repartirá el enorme legado económico que deja el diseñador.

Un patrimonio de miles de millones y una empresa independiente

No resulta baladí la muerte de Armani. Se va siendo uno de los diseñadores más ricos del mundo, con un patrimonio personal que supera los 10.000 millones de dólares, según cálculos de Forbes. Obviamente, buena parte de esa fortuna se gesta en el valor de su empresa. Al final, Armani era el accionista único del 99,9% de su conglomerado de moda. Para más inri, ese apenas 0,1% restante de las acciones estaba en mano de la fundación que también lleva su nombre.

Mientras que grandes marcas y empresas italianas, siempre han acabado siendo absorbidas por conglomerados extranjeros, Armani fue alguien que siempre defendió la independencia de su firma, rechazando ofertas de venta y evitando a toda costa fusiones con otros gigantes, sobre todo franceses, como LVMH o Kering (que engulló a Gucci).

Precisamente, esta independencia combinada con la diversificación de líneas de negocio (desde Armani Privé hasta Armani Exchange) y acuerdos lucrativos de licencias con gigantes como L’Oréal o Luxottica, consolidó el valor de la marca en cifras millonarias. Analistas del sector señalan que, de cotizar en bolsa, Armani podría alcanzar una capitalización cercana a los 5.000 millones de euros. Aunque si bien es cierto, no llegó a cerrar la puerta a que esto último ocurriese.

Plan de sucesión

No es de extrañar que alguien sin una herencia 'hacia abajo' (no tenía hijos) y con un gigante a sus espaldas, dejase planificado al detalle y de forma meticulosa cómo debía gestionarse su imperio tras su muerte. En 2016 convocó una reunión extraordinaria para aprobar nuevos estatutos corporativos que entrarían en vigor al fallecer él. Dichos estatutos establecen una estructura accionarial inédita, con seis categorías de acciones (de la A a la F), cada una con distintos derechos de voto y poder de decisión.

En la práctica, lo que estaba haciendo Armani era blindar el control de su compañía en manos de un núcleo duro de sucesores de confianza. Incluso detalles como la remuneración de los directivos quedaron estipulados.

Otra cláusula crucial del plan de sucesión restringe cualquier intento de salida a bolsa o venta en el corto plazo. Armani dejó escrito que no se podrá cotizar en mercados públicos hasta al menos cinco años después de su fallecimiento, y todavía entonces solo sería posible con una aprobación muy amplia del consejo de administración, tal y como explicaba El País en este artículo.

El objetivo de dilatar este proceso durante al menos cinco años después de su muerte buscaba evitar decisiones precipitadas y, sobre todo, dar tiempo a que la nueva gestión se consolidase.

En conjunto, todas estas medidas reflejan el afán de Armani por perpetuar su visión empresarial más allá de su vida, sentando las bases de una transición ordenada.

Los herederos

En el círculo cercano de Armani figura su hermana menor Rosanna Armani, así como varios sobrinos que durante años se han formado dentro de la compañía. Sus dos sobrinas, Silvana, de 71 años, y Roberta Armani, de 53, (hijas de su hermano Sergio, ya fallecido) ocupan puestos clave: Silvana y su primo político Dell’Orco han sido durante décadas los jefes de diseño femenino y masculino, a quienes el propio Giorgio llamaba sus "lugartenientes del estilo"

Roberta, por su parte, dirige las relaciones con celebridades y el entretenimiento de la marca, mientras que Andrea Camerana, sobrino del diseñador (hijo de Rosanna), ha liderado el área de sostenibilidad del grupo

Todos ellos integran el consejo de administración de Giorgio Armani S.p.A. y han sido señalados como herederos naturales en el plan de sucesión.

Pero eso no es todo, el otro gran receptor de la herencia será la Fundación Giorgio Armani, creada por el diseñador en 2016. La Fundación Giorgio Armani jugará un papel central en la nueva etapa. Actualmente, solo poseía -como decíamos- un simbólico 0,1% del capital, pero según el plan sucesorio está destinada a incrementar su participación y asumir la custodia del legado del fundador. De igual modo, la Fundación Armani garantizará que una parte importante de la fortuna y ganancias de la empresa se reinviertan con fines filantrópicos y estratégicos, evitando así divisiones familiares o tentaciones de venta que pudieran dilapidar el legado.