Lo que nunca hay que hacer cuando el móvil se calienta demasiado
Los fabricantes fijan un rango de temperatura ambiente para el funcionamiento normal de un teléfono que se queda en 35 grados, una cifra que en España se supera durante semanas enteras.
A veces resulta engorroso, pero ocurre muy a menudo. En verano, la batería de los dispositivos móviles tiende a calentarse debido a las altas temperaturas, aunque los expertos consideran oportuno diferenciar entre dos factores que se confunden. Uno es el bloqueo por temperatura, ese aviso que aparece cuando el aparato se calienta demasiado y deja de funcionar hasta que se enfría. Es incómodo, pero es precisamente el mecanismo de protección haciendo su trabajo.
El otro es el envejecimiento de la batería de litio, que ocurre sin avisos y no se revierte. Cada periodo prolongado a temperatura alta se lleva por delante una parte de la capacidad, y esa capacidad no vuelve cuando llega el otoño.
Lo que dicen los fabricantes
En el caso de Apple, este especifica que sus dispositivos están diseñados para usarse con temperatura ambiente entre 0 y 35 grados, y sitúa el rango ideal para la batería bastante más abajo, en torno a los 16 y 25. Los fabricantes de Android manejan márgenes parecidos, con tolerancias algo más amplias en el límite superior.
Sin embargo, el dato relevante es otro: cargar el teléfono por encima de los 45 grados degrada la batería. Y ahí está el error de verano más común, porque la carga genera calor por sí misma y se suele hacer en el momento y el lugar más calurosos del día.
Para dimensionarlo, el interior de un coche aparcado al sol puede dispararse muy por encima de esos límites en cuestión de minutos. Un móvil olvidado en el salpicadero está en un horno, no en una guantera. Y hay un matiz que conviene tener presente: esos rangos se refieren a la temperatura ambiente, no a la del aparato. Un teléfono trabajando al sol alcanza cifras bastante superiores a las que marca el termómetro de la calle.
Qué hacer cuando se calienta
La recomendación de los fabricantes es sencilla y va contra la intuición: apartarlo del sol, dejar de usarlo y esperar a que baje la temperatura por sí solo. Lo que no hay que hacer bajo ningún concepto es acelerarlo metiéndolo en la nevera o en el congelador. El cambio brusco genera condensación dentro del aparato, y la humedad en la electrónica hace un daño peor y menos reparable que el propio calor.
Tampoco ayuda quitarle la funda y dejarlo a pleno sol para que se ventile: la radiación directa es justamente lo que hay que evitar. A la sombra, apagado o en modo avión, y paciencia.
Cómo saber si ya te ha pasado factura
El deterioro no se nota de un día para otro, pero se puede medir. En los iPhone, por ejemplo, el propio sistema muestra un porcentaje de capacidad máxima restante dentro de los ajustes de batería, comparado con el que tenía a estrenar.
En Android depende del fabricante y de la versión: algunos lo incluyen en los ajustes de mantenimiento del dispositivo y en otros hace falta recurrir a los menús de diagnóstico o a una aplicación, pero la cifra que interesa es la misma, la capacidad restante frente a la original.
Si ese porcentaje ha caído de forma llamativa en un año, el calor suele ser uno de los sospechosos, junto con las cargas rápidas continuas y dejar el teléfono enchufado toda la noche en una habitación calurosa.
Los hábitos que más lo castigan
Entre los hábitos que peor influyen en los dispositivos móviles, los expertos señalan tres situaciones determinadas. La primera, dejarlo sobre la toalla al sol mientras uno se baña, que suma radiación directa y arena.
La segunda, usarlo para grabar vídeo o navegar de forma intensiva bajo el sol, porque el procesador genera su propio calor y se suma al ambiente. Y la tercera, cargarlo en el coche mientras se conduce con el aparato al sol sobre el soporte del salpicadero.
Ninguna de las tres va a estropear un teléfono en una tarde, pero si se convierte en un sistema de repetición durante la mayor parte de días de julio y agosto, año tras año, son la explicación de por qué muchos móviles llegan al tercer verano con la autonomía por los suelos.