El 52,5% de las personas cuidadoras en Navarra pertenece a la "generación sándwich", atienden a mayores y a sus hijos a la vez
Así lo muestra el I Estudio del Observatorio Cinfa de los Cuidados, avalado por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.
Pamplona / Iruña |
Con motivo del Día Internacional de las Personas Cuidadoras, hemos hablado en Onda Cero con la doctora Alicia López de Ocáriz, directora médica delGrupo CINFA y presidenta del Observatorio CINFA de los Cuidados, que ha presentado los principales datos del primer estudio de este observatorio, avalado por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.
El informe revela que el 52,5% de las personas cuidadoras en Navarra atienden a familiares mayoresmientras crían también a sus hijos, lo que las sitúa dentro de la denominada “generación sándwich”. En esta comunidad, el perfil medio del cuidador es algo más mayor que en el conjunto del país, con 51 años frente a los 49 de media nacional.
Según López de Ocáriz, esta generación se enfrenta a una doble responsabilidad: el cuidado de los mayores, cuya esperanza de vida se ha incrementado, y la atención a hijos cada vez más tardíos, dado el retraso general de la maternidad. Además, el 78% de los cuidadores navarros compaginan esta labor con su empleo profesional, lo que multiplica las dificultades de conciliación.
El estudio confirma que el papel cuidador sigue siendo mayoritariamente femenino (55%), aunque cada vez hay más hombres implicados, sobre todo cuando existe corresponsabilidad. En Navarra, el 92% de las personas cuidadoras afirma compartir las tareas, principalmente con hermanos, parejas u otros familiares, e incluso con nietos (24%). Un 14% recurre a ayuda profesional.
Más de la mitad de los encuestados declara que vive esta experiencia como un acto de afecto o elección personal, mientras que casi cuatro de cada diez la perciben como una obligación familiar. Entre sus mayores preocupaciones destacan el impacto de los cuidados en la vida familiar, la incertidumbre sobre quién cuidará en caso de ausencia y los conflictos entre familiares por la carga del cuidado.
Pese al desgaste físico y emocional que conlleva, muchas personas cuidadoras expresan también satisfacción y gratitud por poder atender a un ser querido. Para la doctora López de Ocáriz, los resultados invitan a reflexionar sobre la necesidad de reconocer socialmente el valor del cuidado y fomentar una “conversación social” que contribuya a afrontar este reto colectivo con empatía y corresponsabilidad.
También hoy hemos podido conocer el testimonio de Idoya Zabalza, pamplonesa de 54 años, casada, madre de dos hijos de 20 y 18 años y con una carrera profesional como arquitecta técnica, dedica gran parte de su tiempo a acompañar a su padre, Javier, de 82 años y afectado por un deterioro cognitivo con afasia.
Ha subrayado la importancia del trabajo en equipo familiar. Ella y su hermano comparten las tareas de cuidado, lo que alivia la carga y les permite acompañar juntos el proceso. “Gracias a Dios nos entendemos a la perfección”, comenta. Esa colaboración, unida a la comprensión de su pareja y al apoyo de sus hijos, se ha convertido en un pilar esencial para sobrellevar una situación compleja.
Idoya Zabalza transmite un mensaje de optimismo y amor. Reconoce que cuidar implica un proceso de aceptación, casi un duelo, al asumir que la persona cuidada ya no es la misma. Pero también asegura que esta experiencia “saca lo mejor de cada uno” y que la clave está en “cuidar desde el amor, no solo desde el deber”.