Santo dos Croques

La restauración digital del retrato del Maestro Mateo en el Pórtico de la Gloria ofrece una nueva imagen del "santo dos croques"

El proyecto restituye la plenitud estética de la figura y revela aspectos desconocidos de su significado

Agencias

Santiago de Compostela |

La restauración digital del retrato del Maestro Mateo en el Pórtico de la Gloria ofrece una nueva imagen del "santo dos croques" | Universidad de Santiago

Con motivo del aniversario de la colocación de los dinteles del Pórtico de la Gloria, que, según consta en la inscripción, se realizó el 1 de abril de 1188, el proyecto KosmoTech_1200 de la Universidad de Santiago – CISPAC, desarrollado en colaboración con la Fundación Catedral de Santiago, presenta la restauración digital de una de las figuras más célebres y enigmáticas de la Historia del Arte: el retrato del Maestro Mateo, conocido popularmente como “o santo dos croques” por el ritual de golpear su cabeza para absorber simbólicamente su sabiduría.

La restauración digital, que ya puede verse en el perfil audiovisual del proyecto, ha consistido en la restitución de las partes perdidas de la figura y en la reconstrucción de su policromía. “El resultado permite apreciar la calidad excepcional de la obra, tanto en la sofisticación de su diseño escultórico como en la precisión de su ejecución material, restituyendo la intensa presencia que la figura debió de poseer dentro del programa original del Pórtico”, explica el director científico del proyecto, el investigador Francisco Prado-Vilar.

El proceso de investigación ha revelado aspectos hasta ahora desconocidos de la historia material de la figura y de su significado iconográfico. Así, la restauración se acompaña de un estudio que ha permitido descodificar las claves de su diseño gestual y de su disposición escenográfica, poniéndola en relación tanto con la famosa inscripción de los dinteles, donde figura el nombre del Maestro Mateo, como con el coro pétreo hacia el que dirige su mirada. Este análisis arroja nueva luz sobre cuestiones largamente debatidas en torno a la misteriosa figura del Maestro Mateo como su origen e identidad, la naturaleza y alcance de su formación, y los contextos intelectuales y artísticos que hicieron posible la concepción de la obra.

Al mismo tiempo, contribuye a redefinir sus vínculos con Santiago, no sólo en términos profesionales, sino también en relación con su posible inserción en el tejido cultural, litúrgico y pedagógico de la catedral, ofreciendo así una comprensión más profunda y matizada de su figura y de su papel en uno de los momentos más innovadores del arte medieval europeo. “Mateo nos dejó su autobiografía delineada en su retrato, a la espera de ser descifrada. Está inscrita, literalmente, en su corazón, que es el núcleo semántico en torno al cual pivota la coreografía gestual de la figura. Nos encontramos ante un hito en la representación del artista como creador intelectual y, en particular, ante una formulación excepcional del concepto bíblico del sapiens architectus, el arquitecto sabio inspirado por Dios”, matiza Prado-Vilar.

Restauración digital

El análisis material de la figura, junto con una investigación sistemática en archivos

fotográficos históricos, ha permitido documentar los extensos daños que sufrió, tanto en la cabeza, acentuados por el ritual de los “croques”, como, especialmente, en su parte inferior, donde se encontraba una de las zonas más elaboradas de su diseño escultórico y que experimentó roturas y una constante disgregación del granito.

Una de las fotografías tomadas en los años cincuenta, antes del inicio de las excavaciones en la nave central de la catedral, resulta particularmente significativa, pues permite apreciar tanto el estado material de la escultura – con pérdidas visibles en su parte inferior – como su configuración escenográfica original, distinta de la actual. Tras las intervenciones arqueológicas, el pavimento – que aún conservaba el nivel original, aunque había sido revestido con un enlosado de mármol en el siglo XIX – fue sustituido por una placa de hormigón y el nivel del suelo se rebajó, lo que explica que hoy la figura aparezca elevada sobre un pedestal. En su concepción original, sin embargo, Mateo se arrodillaba directamente en el suelo, compartiendo el mismo plano espacial que los fieles. Esta disposición formaba parte de la escenografía envolvente del Pórtico, concebida para diluir los límites entre representación y experiencia, de modo que las figuras – y, en particular, la de Mateo – habitasen el ámbito del espectador, hasta el punto de permitir que el visitante pudiera arrodillarse literalmente a su lado.

La restauración digital, realizada por Alexandre González Rivas mediante el uso combinado de más de diez softwares especializados (RealityCapture, ZBrush, Blender, Substance Painter, Xnormal, Substance Designer, Unreal Engine 5, entre otros), permitió revertir virtualmente los daños y recuperar el efecto original de la escultura según las investigaciones de Francisco Prado-Vilar.

En una primera fase, a partir de un modelo fotogramétrico de alta resolución, se generó una malla densa optimizada mediante procesos de retopología y limpieza topológica, sobre la que se llevó a cabo la reintegración digital de las partes perdidas mediante esculpido 3D. Esta intervención permitió corregir los deterioros visibles en la cabeza y, especialmente, en la zona inferior. El esculpido se apoyó tanto en la evidencia fotográfica histórica como en criterios de continuidad geométrica y coherencia estructural, garantizando la correcta transición entre superficies originales y reconstruidas.

Asimismo, se emplearon normal maps y displacement maps para preservar el detalle superficial del escaneo original, integrándolo con las nuevas aportaciones. El proceso se orientó a restituir los ritmos del drapeado y devolver la coherencia al sistema de pliegues que articula la caída de la túnica y la capa en torno a las piernas, respetando en todo momento la lógica material y constructiva de la escultura.

A continuación, se procedió a una restitución hipotética de la policromía, basada en los pigmentos y motivos decorativos documentados en la primera policromía del Pórtico, así como en paralelos procedentes de la iluminación de manuscritos contemporáneos.

Esta reconstrucción cromática se articuló mediante el uso de texturas PBR y mapas de color, especularidad y rugosidad, con el fin de simular el comportamiento material de los distintos estratos pictóricos en condiciones de iluminación variables.

“El resultado permite apreciar la calidad excepcional de la obra, tanto en la complejidad del diseño de las vestimentas como en la precisión de su ejecución material, al tiempo que recupera la dimensión emotiva del retrato, restituyendo la intensidad de presencia que la figura debió de poseer originalmente dentro del dispositivo escenográfico envolvente del Pórtico”, concluye Prado-Vilar.