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Cáritas Diocesana de Santiago acompañó en 2025 a más de 20.600 personas y alerta de que la vivienda se convirtió en el principal factor de exclusión social

Ramón Castro

Santiago de Compostela |

Cáritas Diocesana de Santiago acompañó en 2025 a más de 20.600 personas y alerta de que la vivienda se convirtió en el principal factor de exclusión social | Caritas Santiago

Cáritas Diocesana de Santiago presentó hoy su Memoria 2025, en la que constata un agravamiento sostenido de la exclusión social en el territorio. Durante el último año, la entidad atendió a más de 45.000 personas y acompañó a 20.664, reflejando una realidad marcada por la precariedad, la inestabilidad y la creciente dificultad para acceder a derechos básicos como la vivienda.

“Ya no hablamos de situaciones puntuales de vulnerabilidad. Hablamos de procesos que se alargan en el tiempo, que se cronifican y que afectan de forma estructural a muchas familias”, señaló Pilar Farjas, directora de Cáritas Diocesana de Santiago. “Las soluciones deben estar a la altura del momento: con recursos, con estrategia y con una verdadera voluntad política y social”.

CRECE EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA

Uno de los datos más preocupantes del informe es el que hace referencia a la vivienda. Durante 2025, casi 900 personas fueron atendidas en recursos residenciales y programas de acogida, lo que evidencia el aumento de las dificultades de acceso y mantenimiento de un hogar digno.

Cáritas Diocesana de Santiago dispone de una red de 43 viviendas con 232 plazas, que resulta insuficiente ante una demanda creciente.

“La vivienda ha dejado de ser solo una consecuencia de la exclusión. Se ha convertido en una de sus principales causas”, subrayó Pilar Farjas. “Hoy encontramos personas con empleo que no pueden acceder a un alquiler, familias que destinan una parte desproporcionada de sus ingresos a la vivienda o que, después de pagarla, quedan en situación de vulnerabilidad”.

En el eje de necesidades básicas, 12.199 personas necesitaron apoyo para cubrir gastos esenciales como alimentación, suministros o atención sociosanitaria, lo que confirma que muchas familias siguen teniendo dificultades para sostener una vida digna.

“El empleo sigue siendo imprescindible, pero ya no siempre es suficiente. Cada vez encontramos más personas que trabajan y, aun así, continúan en situación de vulnerabilidad”, explicó Pilar Farjas.

La formación y el acceso al empleo continúan siendo una de las principales apuestas de Cáritas Diocesana de Santiago para combatir la exclusión social.

Durante el último año, 3.759 personas participaron en programas de orientación, formación e inserción laboral. La entidad desarrolló 81 acciones formativas y logró 877 inserciones laborales derivadas directamente de estos procesos.

A ello se suman las más de 600 contrataciones facilitadas a través de la Bolsa de Empleo de Cáritas, así como los itinerarios personalizados de inserción desarrollados con centenares de participantes gracias a la colaboración de 179 empresas.

La entidad subraya además la especial vulnerabilidad de la población migrante, con un riesgo de exclusión social 5,5 veces superior al de la población autóctona. Esta realidad se traduce en mayores dificultades de acceso a un empleo estable y de calidad, lo que refuerza la importancia de promover oportunidades de trabajo digno como elemento clave para la inclusión social.

Los resultados de empleo demuestran que cuando se unen formación, acompañamiento y colaboración empresarial, la inclusión es posible. Cada inserción laboral es una oportunidad real para recuperar dignidad, estabilidad y futuro.

Además, 3.833 personas fueron acompañadas en programas frente a la soledad no deseada, una realidad creciente que afecta especialmente a personas mayores, pero también a otros colectivos vulnerables.

“La soledad es una forma de pobreza silenciosa que deteriora profundamente la calidad de vida de las personas y que está creciendo en nuestra sociedad”, añadió la directora.

PERFIL DE EXCLUSIÓN MÁS COMPLEJO

La Memoria confirma que la exclusión social presenta cada vez un perfil más complejo y diverso. Afecta a familias con ingresos insuficientes, personas con empleo precario, jóvenes con dificultades de emancipación y personas mayores en situación de soledad.

Cáritas advierte de la interrelación entre factores como bajos ingresos, dificultad de acceso a la vivienda y fragilidad de los vínculos sociales, lo que convierte la pobreza en un fenómeno más estructural, menos visible y más difícil de revertir sin intervenciones sostenidas en el tiempo.

La actividad de Cáritas Diocesana de Santiago se articula en torno a cuatro ejes: necesidades básicas, empleo y formación, vivienda y soledad no deseada. Su labor se desarrolla en 110 municipios de A Coruña y Pontevedra gracias a una red de más de 2.800 voluntarios y profesionales.

Durante 2025, la entidad movilizó más de 10 millones de euros destinados a programas de atención social, empleo, vivienda y acompañamiento a personas en situación de vulnerabilidad.

COMPROMISO Y RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Durante la presentación, Cáritas trasladó un mensaje claro a las administraciones públicas sobre la necesidad de reforzar las respuestas ante una realidad que se agrava.

“Las organizaciones sociales podemos acompañar, escuchar y generar oportunidades. Pero las soluciones de fondo requieren políticas públicas capaces de actuar sobre las causas de la exclusión”, señaló Pilar Farjas. “No se están alcanzando todavía respuestas de la dimensión que exige la situación que estamos viviendo”, añadió.

La entidad subraya la necesidad de avanzar en políticas de vivienda accesible y social, reforzar la atención a la salud mental y desarrollar estrategias de inclusión sostenidas en el tiempo.

LA DIGNIDAD DE LA PERSONA EN EL CENTRO

Por su parte, el delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Santiago, Santiago Fernández, recordó que la acción de la entidad se fundamenta en la doctrina social de la Iglesia.

“La pobreza no puede entenderse únicamente como una falta de ingresos. También se expresa en la soledad, en la incertidumbre, en la falta de oportunidades y en la fragilidad de los vínculos. La dignidad de la persona debe estar siempre en el centro de las decisiones sociales y políticas”, señaló.

Fernández subrayó además que “una sociedad justa no puede normalizar que el acceso a derechos básicos como la vivienda o el trabajo digno quede fuera del alcance de tantas personas, y esto interpela directamente a la responsabilidad de las instituciones y del conjunto de la sociedad”.

Cáritas Diocesana de Santiago concluye su Memoria con una llamada a la corresponsabilidad ante una realidad que exige compromiso.

“Detrás de cada cifra hay una historia, una persona y una oportunidad. Nuestro compromiso es seguir estando cerca, pero también seguir alertando cuando se están vulnerando derechos fundamentales”, concluyó Pilar Farjas.