Una prisión está llena de personas con sentimientos y derechos, defiende Alfredo. Cree que los estereotipos que rodean a la vida carcelaria que vemos en las películas, series o programas de televisión distorsiona mucho la realidad. La prisión, nos cuenta, está llena de personas que si hubiesen vivido en otro contexto y otras circunstancias serían como nosotros, dice. Por eso defiende la reinserción y el perdón. Dios lo perdona todo, dice, pero los humanos solo a veces...Y el perdón de dios es compatible con pagar por nuestros pecados.
Alfredo sabe que su papel es visto de manera muy diferente por cada uno de los internos que se acercan a él, pero siente que su papel es escuchar, ser visto como alguien con quien se puede hablar. Él les hace ver que no está entre las personas que divide el mundo entre "buenos y malos" y tender su mano a los presos, que muchas veces no necesitan otra cosa que una oportunidad y un soporte.
La cárcel, añade, es un lugar en la que se pueden ver verdaderas transformaciones de fe. Porque muchos presos encuentran en la fe un apoyo importante. Aunque al final, concluye Alfredo, aprende más él de los presos que al revés.