A nadie le sorprenderá saber que la situación que se han encontrado es mala. Muy mala. La presencia de microplásticos es una realidad generalizada en nuestros mares, y las esponjas son buen ejemplo de ello. Las han elegido porque no se mueven, dando una imagen más realista de un lugar, y por su capacidad de "bombeo" de agua. Están continuamente chupando agua y filtrándola con sus membranas. Y en ese agua va el plástico. Logran devolver una parte, pero otra se queda en ellas, cambiando incluso su configuración. Y puede que no nos comamos las esponjas, pero nos están mandando un mensaje.
Pilar Ríos, investigadora principal de MICROPLASTUR, es consciente de que una parte fundamental de su trabajo es la concienciación. Que nos demos cuenta del problema, que al no verse de minimiza. La presencia de microplásticos en el mar es un verdadero problema de primer nivel, y si bien se ha avanzado con algunas políticas concretas, estamos lejos de ponerle coto (casi tanto como la burocracia que lastra sus investigaciones...)
Esteban Pascual ha sido contratado específicamente para el proyecto porque lleva tiempo estudiando los microplásticos. Hasta ahora lo hacía en "gusanos" de mar y ahora añade las esponjas. Uno de sus primeros objetivos ha sido elaborar un protocolo que puedan utilizar investigadores de todo el mundo que analicen la presencia de microplásticos en el mar.