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Sánchez Adalid traslada al lector al misterio de la Samarcanda medieval

Hablar de Samarcanda es hablar de un lugar maravilloso, con magia, con color, donde todo puede suceder, riquezas, lujo, sedas. Sinónimo de aventura y de conocimiento. Y va a ser el destino a descubrir a través de los ojos de Alvar, un joven aprendiz de halconero, que en el siglo XV viajó desde la corte española de Enrique III hasta Samarcanda. Una epopeya que se narra en “Tres halcones para Tamerlán” de Jesús Sánchez Adalid.

Lourdes Funes

Zaragoza |

El escritor Jesús Sánchez Adalid durante la presentación de "Tres halcones para Tamerlán"

En el año 2024, el escritor Jesús Sánchez Adalid emprendió un viaje a Uzbekistán de la mano de la Agencia de Cooperación Internacional Española. Un viaje para “conocer la gesta de Ruy González de Clavijo y desconocida, por desgracia para los españoles”, recuerda el escritor, quien siguió el viaje de este castellano que, en 1403, siendo embajador del rey Enrique III de Castilla, llegó al reino de Tamerlán, en Samarcanda. Y lo hizo para llevar un presente a uno de los hombres más poderosos. Ese regalo eran tres halcones, algo habitual entre los reyes de Occidente y de gran parte de Oriente.

El viaje que realizó Ruy González de Clavijo se plasmó en una crónica en la que se describía cada lugar y persona con la que se encontraba, “está escrito como si fuera un sociólogo, porque nos cuenta todo, lo que ven, lo que encuentran, las religiones, las tradiciones, el contacto con las personas, con aquellos mundos. Y, sin embargo, es de muy difícil lectura, porque es un documento que está escrito en castellano antiguo”, explica Sánchez Adalid.

Los halcones representan nobleza, pero a la vez “el vínculo extraordinario entre el ser humano y un ave que es libre y lo que se hace con él no es una domesticación en el sentido estricto, sino, más bien, un arte, el arte de la cetrería”, explica el autor quien añade que “los grandes halconeros, los halconeros mayores de la Corte de los Trastámara, eran todos de Huete, de Cuenca. Estaba Pedro Carrillo de Huete y él es el quien envía a uno de sus vasallos, a un joven, un adolescente, que es Alvar de Huete”.

Y a través de sus ojos, Sánchez Aladid hace al lector viajar desde Sanlúcar de Barrameda, recorriendo el Mediterráneo, Sicilia, las ruinas de Roda, Constantinopla y toda la ruta de la seda a través de Armenia, Trevisonda, de desiertos, montañas y estepas hasta llegar a Samarcanda.