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Mayte Uceda se adentra en los conflictos mineros de los años 30

La última novela de Mayte Uceda traslada al lector a los años 30, hasta Asturias para conocer a dos hermanas, Estefanía y Selina, a la que el amor les lleva a vivir en dos Españas diferentes con circunstancias muy diferentes. Los límites del amor y la situación de los mineros del carbón guían esta novela que lleva por título “Los amores paralelos”.

Lourdes Funes

Zaragoza |

La escritora Mayte Uceda/Lourdes Funes

La nueva novela de Mayte Uceda lleva al lector hasta los años 30 del siglo pasado, en Asturias. Ahí se encuentran a dos hermanas, dos historias de amor, dos Españas y dos realidades muy diferentes. Estefanía y Selina, cada una con sus ideales y su forma de pensar, se enfrentarán entre ellas por amor. Ambas pertenecen a una familiar acomodada de Oviedo, Estefanía es la mayor, es la “chica perfecta, guapa, parece que le ha tocado todo en la vida y todas las miradas están puesta en ella”, cuenta la autora. Ella se casa con un Guardia Civil que está destinado en la zona de las cuencas mineras. Por otro lado, Selina es “la hermana pequeña, tiene una pequeña cojera, los padres la quieren meter monja, pero ella no quiere y no saben que hacer con ella”, al final se casa con el hijo de un minero.

Ellas son las dos protagonistas de “Los amores paralelos” de Mayte Uceda, pero hay otro protagonista, la lucha obrera que desembocó en la Revolución de octubre de 1934. Una lucha en reivindicación de los derechos laborales de los mineros del carbón en Asturias. Uceda recuerda que se hubo 1.500 muertos y 30.000 encarcelados en un momento que ya queda olvidado en la historia.

El trabajo en la mina era muy duro e injusto porque “los salarios no se correspondían con el esfuerzo humano que representaba trabajar en una mina en aquella época, y lo que pretendían era recibir un poco de esa riqueza que generaban, porque todo se movía con carbón, desde los barcos hasta los trenes y si no había carbón la industria se paralizaba”, explica Myte Uceda, quien añade que muchos hombres se dejaban la vida en la mina, pero también afectaba a los niños y mujeres.

Mayte Uceda cuenta cómo esta historia “tiene algo muy personal” porque cuando su padre cumplió 80 años y necesitó un tratamiento médico, descubrió que en la Seguridad Social su fecha de nacimiento estaba alterada y al preguntarle le dijo que “cuando entré en la mina, mi padre modificó la fecha de nacimiento para que pudiera entrar a trabajar”. En aquel momento, los “guajes”, los niños, trabajaban en los lavaderos, lavando el mineral o empujando vagonetas, siendo muy jóvenes.

En la novela, Mayte Uceda ha tratado de ser el narrador invisible, sin posicionarse con ninguna de las partes y contando la historia desde dos puntos de vista. Dos familias, una acomodada que vive en la capital y otra desestructurada, sin madre y con un padre minero y alcoholizado. Dos escenarios separados por 20 kilómetros y muy diferentes el uno del otro.