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Eva Cosculluela recupera a un grupo de modernas que "trabajaron por la mejorar de la condición de la mujer"

Hay un pedazo de la historia de Espaa que ha quedado casi en el olvido. En 1926, un grupo de mujeres de diferentes ideologías, formación y condición social fundaron el Lyceum Club Femenino. Durante diez años realizaron una gran labor social y de reivindicación del papel de la mujer. Ahora lo rescata Eva Cosculluela en “El club de las modernas”.

Lourdes Funes

Zaragoza |

La periodista y crítica cultura Eva Cosculluela/Lourdes Funes

Madrid, 1926. El lugar donde pasaba todo, en plena dictadura de Primo de Rivera. Una época en la que las mujeres ocupaban un lugar secundario en la sociedad y en la que se esperaba que estuvieran en casa haciendo las tareas y esperando a sus maridos. Precisamente en ese momento, un grupo de mujeres de lo más variopinto, con diferentes ideologías, clases sociales, formación e intereses dejaron sus diferencias de lado y se unieron en la fundación del Lyceum Club Femenino.

Un grupo de mujeres que “quisieron reunirse para trabajar por un bien común que era mejorar la condición de la mujer. Buscar la igualdad y hacer que tuvieran una vida más digna en una sociedad que las discriminaba mucho, que las quería encerradas en casa, calladas y cuidando de sus maridos y de sus hijos”, así define Eva Cosculluela, autora de “El club de las modernas”, este grupo que durante diez años trabajaron en varios ámbitos de la sociedad.

Era un grupo, en el que, como indica Cosculluela “iban haciendo actividades culturales, pero también de formación porque pensaban que para que una mujer pudiera reivindicar y mejorar su situación, tenía que conocer primero cuál era su situación. Su condición como ciudadana”, algo que hasta la propia ley les iba e contra, “el código civil y el código penal las discriminaba de una manera brutal, decían que la mujer tenía que obedecer al hombre y el hombre tenía que proteger a la mujer. No era asimétrico”.

La presidenta del Lyceum fue María de Maeztu, que era también la directora de la residencia de señoritas, pero formaron parte mujeres como Clara Campoamor, Victoria Kent o Isabel Oyarzabal. La época en la que estuvieron activas, de 1926 a 1936, no fue sencilla ya que estaban en el punto de mira de todos los ataques, sobre todo teniendo en cuenta que “era un club ajeno a la iglesia. Les insultaron y lo más suave que les dijeron era que ahí iban con las piernas al aire y les acusaban de dejar a los niños abandonados en sus casas para irse a pasárselo bien”, explica Cosculluela.

Entre las acciones que desarrollaron destaca la puesta en marcha de programas como la Casa de los Niños, precursora de lo que hoy son las guarderías y en la que no sólo cuidaban a los niños mientras las madres iban a trabajar, sino que se les daba tres comidas al día y se les daba asistencia médica, además de formar a las madres en hábitos de higiene. “Había niños que llegaban desnutridos y con raquitismo fruto de situaciones de pobreza extrema. Fue un hito porque era importantísimo de dos años hasta los cinco. Y luego se aseguraban de que ese niño a los cinco años tuviera una plaza en un colegio público para poder seguir estudiando”.

Otro de los servicios que pusieron en marcha es lo que se denominó el Comité del Libro para el Ciego, “traducían, imprimían los libros en braille, tanto obras maestras de la literatura como manuales técnicos para que pudieran estudiar”, cuenta la autora.” pidieron permiso para que la Biblioteca Nacional habilitara una sala para poner esos libros que ellas llamaban libros blancos. Porque los abrías y estaban en blanco”.

Su actividad terminó en 1936, con la Guerra Civil, Eva Cosculluela recuerda que “pararon la actividad, cambiaron y empezaron a recoger donaciones de alimentos, de ropa para mandar al frente. Y la última aparición que encuentro en el periódico es de agosto del 36, donde ellas mismas ponen un anuncio dando las gracias a la gente por la solidaridad, por la generosidad de llevar tantas cosas. Entonces me pareció muy bonito que ellas que habían sido tan generosas desde el principio, acabaran dando las gracias también”.