Mundial 2026

El sueño de España acabará en New Jersey

Comenzó hace más de 40 días, cuando un grupo de jugadores ilusionados con la posibilidad de llegar lejos en la Copa del Mundo se concentraron en Las Rozas y vieron juntos la final de la Champions que se jugó en Budapest.

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Edu Pidal

Madrid |

Los jugadores de la selección española celebran la victoria en semifinales ante Francia | EFE

Llamó la atención como Unai Simón se giró despacio y se quitó los guantes con tranquilidad en cuanto el árbitro pitó el final del partido con Francia. España había ganado 2-0 a la selección de Mbappé, había desactivado completamente al combinado de Deschamps. Y el portero de la selección española parecía tranquilo, como si hubiese acabado un partido más, como si necesitase unos segundos para asimilar que acababan de hacer historia, que tenían a un país entero revolucionado, llenando las plazas, saliendo a la calle, gritando con orgullo que el domingo podremos, ojalá, bordar una segunda estrella en el pecho, junto a aquella inolvidable que nos cosieron en Sudáfrica hace 16 años.

A Unai no le salió correr alrededor del área o hacia algún compañero. Lo masticó y tardó unos segundos en encontrarse con Cubarsí, un abrazo de liberación absoluta, en el que a muchos les habría salido llorar para descargar toda la tensión y la emoción propia de una semifinal con final feliz.

Algunos más reaccionaron así, conscientes de que aún queda una última parada en New Jersey. Por eso las cámaras de la televisión americana se fueron rápido al banquillo español, que saltó hacia el campo exteriorizando la alegría de todos. Vimos a Pedro Porro subirse sobre David Raya y a De la Fuente abrazando a todo su cuerpo técnico.

En el vestuario soltaron adrenalina, como siempre, y bailaron, rieron, bromearon y celebraron un momento histórico. Todos deberían pararse un segundo, como Unai Simón, para entender la dimensión de lo que han conseguido. Es la segunda final de la Copa del Mundo que España jugará en su historia.

Todos deberían pararse un segundo, como Unai Simón, para entender la dimensión de lo que han conseguido

No todo el mundo creyó en este grupo ni en sus posibilidades reales de triunfo, a pesar de que ya había tocado el cielo en la Eurocopa 2024. Porque, con la perspectiva del tiempo, la generación de Sudáfrica parecía irrepetible, nunca nadie pensó que tantos buenos futbolistas se juntarían otra vez en un vestuario.

Pero en esta España también hay muchas historias, las de un colectivo en el que ninguno sobresale del resto y todos suman por un bien común. Ayer los goles los marcaron dos chicos que salieron de Eibar y Don Benito con el sueño de ser futbolistas profesionales, con eso ya se habrían conformado. Pero han llegado a 2026 con la posibilidad de ser campeones del mundo.

Este sueño, el de este verano, comenzó hace más de 40 días, cuando un grupo de jugadores ilusionados con la posibilidad de llegar lejos en la Copa del Mundo se concentraron en Las Rozas y vieron juntos la final de la Champions que se jugó en Budapest. De hecho, no estaban todos. Fabián Ruiz (PSG); David Raya, Martín Zubimendi y Mikel Merino (Arsenal) se incorporaron más tarde por jugar ese partido, el último de la temporada de clubes. La Federación cerró dos amistosos, en A Coruña y Puebla (México), antes de acomodarse en Chattanooga, el cuartel general de La Roja durante la primera fase.

Y el sueño acabará en New Jersey, a un paso de Manhattan, ojalá llorando de emoción.

Rematar el libro con Messi

Inglaterra o Argentina, da igual. Aunque si esto fuese una novela y la historia se cerrase pulsando las teclas de un portátil, todos desearíamos rematar el libro con Messi entregado a esta España coral que maravilló al mundo en Dallas. Despedir la carrera del mejor jugador de la historia ganándole sobre el césped en una final de un Mundial sería otro éxito del que presumir toda la vida.