Lo poliédrico de un conflicto armado es muy complejo de dimensionar. Si con las primeras bombas cayendo en Teherán, el fútbol local se pausó para ponerse a buen resguardo y la selección iraní se autodescartó de cara a la cita mundialista de este verano, con la situación bélica enquistada, las consecuencias se multiplican.
Seguimos con las motos y los monoplazas en los paddock por lo inestable de la zona, los grandes premios en Qatar, Baréin o Arabia Saudí tendrán que buscar acomodo en el calendario en función de la evolución de la guerra. Ya sé que la "cosa" deportiva es de un segundo o tercer nivel, pero tiene sus industrias detrás que suelen sumar décimas a los PIB nacionales.
Esta semana la alarma la dio el mundo más elitista del golf, el circuito LIV, el engendro del fondo público saudí que se compró pruebas, ciudades, voluntades y por supuesto, una ristra de golfistas con sus éticas embaladas y bien empaquetadas. Jon Rahm reconoció que los más de 500 millones de euros de su contrato lograron derribar su castillo de principios y valores, no mintió el de Barrika.
El príncipe descuartizador lo ve todo turbio y quiere replantear sus dispendios y lo del golf (con más de 5000 kilos de inversión con poco retorno), es de lo primero que frenará. Pero me huelo que no será lo último. Lo digo porque las federaciones nacionales y los organismos internacionales que cayeron embrujados por el magnetismo del petrodólar tendrán que volver a idear y sudar por los patrocinios y las colaboraciones.
O, espera, quizá la iniciativa de Messi sea contagiosa: deportistas invirtiendo en deporte. El astro argentino ha empezado por la UE Cornellà, entidad potenciadora del fútbol base. Estaban como locos los vecinos de Estopa. A soñar en unas décadas… por estar en la final de la Copa. Por cierto… ¿con quién va el Rey mañana? Dínoslo, anda…