la reflexión de Juan Soto Ivars

¿En qué se ha fijado Juan Soto Ivars?

La reflexión final de Juan Soto Ivars

ondacero.es

Madrid |

Estos días, el gobierno de Donald Trump disfruta su vena autoritaria y aprovecha las deleznables expresiones que suscitó el asesinato de Charlie Kirk en amplios ambientes progesistas para emprender una caza de brujas contra toda clase de adversarios políticos, mindundis y grandes. Pretenden ilegalizar “Antifa” tachándolo de grupo terrorista cuando no está claro que sea ni siquiera un grupo; han elaborado una lista negra de unas 40.000 personas que celebraron el asesinato político de Kirk y conocen sus centros de trabajo, mientras muchos anónimos caen despedidos en el ruido de las redes sociales. Entre tanto, más despidos: en The Washington Post, en MSNCB o Abc, propiedad de Disney, donde Trump ha presionado para que cancelen a Jimmy Kimmel.

Quienes ahora sufren el ignominioso castigo de perder el trabajo por la expresión de una postura política descubren que aquello de lo que otros llevábamos tanto tiempo hablando, la cultura de la cancelación, es algo absolutamente real que simplemente ha cambiado de bando.

Quienes negaron durante los años woke que existiera una cultura de la cancelación por el simple motivo de que la promovían sus amigos, ahora hablan y protestan. Pero no olvido que callaron con los despidos de periodistas de The New York Times como Bari Weiss, de ingenieros de Google como James Damore, de astrofísicos como Matt Taylor de la Agencia Espacial Europea, y tantos otros. No hablan porque distingan el bien y el mal: hablan, protestan, porque distinguen “nosotros” y “ellos”. Para muchos es la única distinción.

Otros hemos estado siempre con la libertad de expresión. Nos llamaban fachas por defender la libertad de conservadores aplastados por el rodillo políticamente correcto, y ahora nos llamarán rojos. No necesitamos movernos.