Ramón Alonso: "La calidad del café de España ha mejorado mucho en los últimos años"
El gerente de Cafés Candelas cuenta los secretos de este producto en Por fin
Madrid |
Nos trasladamos a Lugo. Allí en la década de los años 70 Ramón y Manuel Alonso encendieron por primera vez un tostador con más ilusión que recursos. Habían regresado de Guinea Ecuatorial, donde habían aprendido el valor del café desde su origen, y con valentía, gastando sus ahorros, decidieron comprar un tostadero que se vendía en la ciudad amurallada. "Casi todos mis tíos estaban en Guinea, porque la migración en Galicia era así. Cuando alguien de un pueblo emigraba a un sitio y le iba bien, arrastraba al resto del pueblo. Cuando se independizó, volvieron", ha explicado Ramón Alonso, gerente de Cafés Candelas y perteneciente a la segunda generación. Fue entonces cuando decidieron apostar por el tostadero: "Al ser un pueblo fronterizo con Portugal, estaban muy en contacto con el contrabando de café. Porque como estábamos en una dictadura, no se podía importar libremente...".
En los primeros años, los hermanos tostaban, molían y empaquetaban ellos mismos, recorriendo pueblos gallegos con su furgoneta para entregar el producto en bares y ultramarinos. Con el tiempo, el pequeño tostadero se convirtió en un emblema de constancia y trabajo bien hecho. "Recordemos que todos los países que están entre los trópicos son productores de café. Entonces, lógicamente, cuando en un extremo del planeta está el árbol floreciendo, en el otro ya hay cosecha. Trabajamos con muchísimos países", ha indicado Alonso.
Esos granos, cuando nos llegan a nosotros, ya están muertos, ya están secos
A medida que el negocio crecía, la familia nunca perdió de vista sus raíces: la honestidad del oficio, la calidad de los granos y el trato cercano con quienes servían su café. Se expandió por toda España, pasó a Portugal, Andorra y con la ayuda de algunos partners toca los mercados de Estados Unidos, Rumanía o Inglaterra. Eso sí, siendo fiel a su filosofía original: un café con alma gallega y corazón familiar, hecho con respeto a la tradición y una pasión que atraviesa generaciones. "Hay veces que caminas un paso hacia atrás, pero bueno, al día siguiente lo retomas", ha señalado el gerente. Hoy, cada taza de Candelas sigue contando la historia de aquellos dos hermanos que, con un tostador modesto y un sueño claro, lograron que el olor del café lucense trascendiera fronteras.