ENTREVISTAS EN MÁS DE UNO

Vicente Vallés, sobre 'Espías. Clave secreta': "En estos tiempos lo más frecuente para que se produzca una traición es el dinero"

El presentador de Antena 3 Noticias visita Más de Uno para hablar con Carlos Alsina sobre 'Espías. Clave secreta', el podcast de Onda Cero en el que recupera algunas de las historias más sorprendentes del mundo del espionaje.

Espías: clave secreta 1x01| Kim Philby: el topo más famoso de la historia

Rafa Sanz del Río

Madrid |

Carlos Alsina recibe a Vicente Vallés en Más de Uno para hablar de 'Espías. Clave secreta', el podcast que el periodista realiza para Onda Cero Podcast. Vallés reconoce que el espionaje supone una fijación personal, aunque la entiende como una forma de entretenimiento.

El periodista explica que su interés nace de la lectura de las novelas de Frederick Forsyth. La primera que lee es El cuarto protocolo, después de ver la película basada en ella. A partir de ahí, lee buena parte de la obra de Forsyth y también de John Le Carré.

Vallés destaca especialmente la manera en la que Forsyth combina ficción y acontecimientos reales. Esa fórmula también aparece en sus propias novelas, aunque el periodista establece una diferencia con el podcast: en Espías. Clave secreta todas las historias son reales.

"Es una fijación en términos de entretenimiento", explica Vallés. El periodista añade que las historias que recoge en el podcast son "apasionantes" y, en muchos casos, parecen increíbles precisamente porque los hechos reales del espionaje superan a la ficción.

Kim Philby, el periodista que trabaja para los soviéticos

Uno de los primeros protagonistas del podcast es Kim Philby, integrante del conocido grupo de los cinco de Cambridge. Vallés cuenta que todos ellos pertenecen a familias de la aristocracia británica, estudian en Cambridge y se sienten atraídos por el comunismo y la Unión Soviética.

Philby comienza a trabajar para el Servicio Británico de Inteligencia y, al mismo tiempo, colabora con los soviéticos. Además, ejerce como periodista y trabaja como enviado especial, entre otros lugares, en España durante la Guerra Civil.

El periodista destaca la paradoja que rodea a Philby: el británico llega a encargarse de detectar a los agentes soviéticos infiltrados en el servicio de inteligencia mientras él mismo actúa como uno de los principales topos de Moscú.

Philby termina huyendo a la Unión Soviética cuando las sospechas sobre su actividad se hacen demasiado fuertes. Allí permanece hasta el final de su vida y recibe el rango honorífico de general del KGB.

Vallés recuerda también algunas de sus costumbres. Philby mantiene su vínculo con Gran Bretaña incluso después de instalarse en Moscú: pide que le envíen The Times, toma el té a las cinco de la tarde y sigue los partidos de cricket.

El dinero se convierte en la principal motivación

Alsina pregunta a Vallés cuáles son las razones que llevan a una persona a traicionar a su país. El periodista distingue entre la época de la Guerra Fría y la actualidad.

Durante la Guerra Fría, las convicciones ideológicas tienen un papel importante. Vallés explica que algunos agentes occidentales se sienten atraídos por el comunismo y terminan colaborando con los servicios soviéticos, mientras que también existen casos de agentes soviéticos que se enamoran de Occidente y empiezan a trabajar para los servicios occidentales.

En la actualidad, sin embargo, Vallés sitúa el dinero como la principal motivación.

"Yo creo que en estos tiempos lo más frecuente para que se produzca una traición es el dinero", afirma.

El periodista considera que las convicciones ideológicas tienen ahora menos peso porque no existe una confrontación ideológica equivalente a la que enfrenta a Occidente y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

"Si yo fuera capaz de detectar a un espía, ese espía sería muy malo"

Alsina plantea a Vallés si sus conocimientos sobre espionaje le permiten identificar a un agente secreto cuando lo tiene delante. El periodista descarta esa posibilidad.

Vallés explica que no va por la vida buscando espías y que un buen agente precisamente evita ser descubierto. Por eso, si él consigue identificarlo con facilidad, considera que probablemente no se encuentra ante un espía especialmente eficaz.

"No lo creo. No voy por la vida fijándome a ver si encuentro a un espía por la calle", responde.

Después resume la dificultad de detectar a un buen agente: "Si yo fuera capaz de detectar a un espía, ese espía sería muy malo. Lo normal es que sea suficientemente bueno como para no ser detectado".

Los antiguos espías mantienen algunos secretos durante décadas

La conversación también aborda qué ocurre con los agentes cuando terminan su actividad. Vallés explica que algunos antiguos espías comparten determinadas experiencias después de jubilarse, mientras que otros mantienen sus secretos durante muchos años.

El periodista señala que en España existen antiguos agentes que incluso imparten clases en universidades, mientras que en Estados Unidos resulta más habitual que antiguos miembros de la CIA trabajen como analistas en medios de comunicación.

Vallés cuenta entonces una experiencia relacionada con uno de sus libros. Necesita confirmar algunos datos sobre los servicios de inteligencia españoles, pero no consigue hacerlo a través de las fuentes nacionales. Ante esa situación, contacta con el departamento de prensa de la CIA.

La agencia le pone en contacto con un antiguo responsable del servicio para Rusia que, además, habla español. Vallés mantiene dos conversaciones por videoconferencia con él y consigue resolver las dudas que tiene para su investigación.

El periodista explica que posteriormente también habla con miembros del CNI y que la relación con los servicios de inteligencia cambia con el tiempo. Según cuenta, existe una mayor disposición a compartir información cuando los datos ya no afectan a operaciones actuales.

Los espías "ilegales" construyen una vida completa antes de ser activados

Vallés dedica otra parte de la conversación a los llamados espías "ilegales", una fórmula utilizada por los servicios soviéticos y posteriormente por Rusia. A diferencia de los agentes que trabajan bajo cobertura diplomática, estos espías no cuentan con ningún paraguas oficial. Llegan a otro país con una identidad construida y desarrollan allí una vida aparentemente normal.

El periodista explica que algunos reciben formación desde muy jóvenes, aprenden el idioma del país al que se trasladan, forman una pareja y tienen hijos. Durante años pueden vivir sin realizar ninguna operación.

"Los envían al país y pueden estar años sin hacer nada, simplemente vivir allí y trabajar allí como personas normales", explica Vallés.

La activación llega cuando el país que los envía considera que ha llegado el momento adecuado. Entonces reciben una misión concreta y comienzan a trabajar.

El periodista pone como ejemplo a Anna Chapman, integrante de un grupo de agentes rusos enviados a Estados Unidos y detenidos en 2010. Vallés explica que aquel caso termina con un intercambio de espías entre Rusia y Estados Unidos en el aeropuerto de Viena.

Madrid se convierte en un hervidero de espías

Uno de los episodios del podcast se centra en España durante 1943. Alsina recuerda que Madrid se convierte entonces, junto con Lisboa, en uno de los grandes escenarios del espionaje internacional.

Vallés explica que agentes estadounidenses, británicos, soviéticos y alemanes coinciden en la capital española. Muchos se conocen entre ellos y mantienen contactos que sirven para intercambiar información o realizar operaciones discretas.

Cuando Alsina le pregunta si le habría gustado vivir aquella época para observar aquel ambiente, Vallés responde que sí, aunque deja claro que su interés se centra en el mundo del espionaje y no en el contexto político de aquella España.

"A mí me hubiera encantado tener la posibilidad de trasladarme en el tiempo y estar una tarde en el Chicote de la Gran Vía, que es donde se reunían allí todos los espías de todos los países", afirma.

El periodista describe Madrid como un auténtico "hervidero de espías" y recuerda que Lisboa presenta una situación similar al permanecer fuera de la Segunda Guerra Mundial.

Al final de la entrevista, Vallés explica que el podcast cuenta con cinco episodios disponibles y que el sexto sale esa misma semana. La serie llega al menos hasta diez capítulos y queda abierta la posibilidad de continuar.