Los renglones torcidos nos salieron por algo. Presión, agotamiento, exceso de confianza. La lectura que se hizo del paupérrimo debut no fue unánime pero sí ha servido para espolear y asumir que nada está hecho preconcebidamente, ni el camino recto, ni el sinuoso.
Ya tienen sus primeros elogios planetarios Messi, Mbappé, Haaland y Kane. Los hombres-gol liderando a sus compañeros ante sus respectivas 'peritas', porque hemos visto una gran variedad, la mayoría almibarada, aunque con espécimen amargo, como resultó la caboverdiana. Para caerte de este Mundial de primeras, diario, has de patinar mucho y de manera reiterada.
Nuestro traspiés sirvió, eso sí, para que un portero desconocido como Vozinha se pueda dedicar desde las redes a vender yogures o bebidas isotónicas. De valer 50.000 euros y tener un puñado de seguidores, a ser ídolo de masas con más de 14 millones. A guasones no nos gana nadie, sobre todo, si es gratis hacerlo.
La organización saca pechito por la afluencia a los estadios y la evidencia les acompasa: ni una grada vacía, ni un recinto medio lleno, por encima del 80% siempre, media de 65000 espectadores pese a los precios de las localidades, el agua, el perrito con algo supuestamente comestible dentro y el merchandising. Esta Copa se toma sí o sí, aunque haya que hipotecar de nuevo la casa para ser un hincha modelo.
Menos orgullo saca FIFA por los lenguaraces, casi 400 mil comentarios borrados por ser demostraciones anónimas de odio que abochornan a quien los pone. Si Darwin levantara la cabeza… tendría que agarrarse mareado al ver tanto eslabón perdido a su alcance.