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El sueño de Alsina: "Woody Allen había aprendido español y era capaz de hacer frases más elaboradas que Montse Mínguez"

El director del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde aparece el famoso director de cine para hablar de nuevos proyectos, como una película sobre las protestas en Sol donde Leire Díez aparecía como una activista enamorada.

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Carlos Alsina

Madrid |

Esta noche soñé que despertaba y Woody Allen ya había terminado su película y como estaba de promoción le concedió una entrevista a La Cultureta Larga de Amón porque alguien le había contado que es el programa que escucha la gente que plancha.

A mí me dejaron asistir, pero como público, con la condición de que no pusiera caras la entrevista. La verdad es que fue deliciosa porque Sergio había traído una trenza de Almudevar y yo unos regalices que me habían sobrado de la temporada 2015-2016.

A la intérprete le dieron la noche libre porque, para sorpresa de todos, Woody Allen había aprendido español en seis semanas y era capaz de hacer frases más elaboradas que Montse Mínguez hablaba a nuestro idioma con acento muy madrileño, remarcando las jotas, afilando las eses y un poco como si tuviera siempre prisa.

Manhattan, por ejemplo. Ahora lo decía así 'Manjattan', como decimos los 'Calajan'. Y el check out que había aprendido él en Italia ahora lo decía con che, como pichi.

En la entrevista reveló que el modelo de financiación de sus películas, sacándole el dinero a ayuntamientos y gobiernos autonómicos a cambio de hacer promoción turística, se lo había copiado a la Academia del Cine Español, que hace lo mismo con la gala de los Goya.

Meter la palabra a Madrid en el título no le había complicado mucho la vida, porque después de hacer 'Medianoche en París', 'A Roma con amor' y 'Vicky Cristina Barcelona' ya estaba lo bastante entrenado como para titular con Argamasilla de Alba, lo que hiciera falta.

Contó que desechó la idea de Nacho Vigalondo de titular la película Madrid dos y mujeres porque Madrid dos ya estaba cogido por el centro comercial La Vaguada, que acarició la posibilidad de hacerse un auto homenaje llamando a la película Días de Radio Madrid. Pero Radio Madrid estaba acogido por Unión Radio y que después de darle media vuelta le salió el título definitivo que fue de Madrid al suelo.

Porque la película, como saben quienes ya la han visto, trata sobre la crisis de la vivienda.

Hombre de mediana edad, de paso por Madrid, conoce por azar a una joven activista que ha acampado en la Puerta del Sol para protestar por el desahucio de una anciana vulnerable a la que interpreta Ángela Molina, que, por cierto, está espléndida porque se inventó sobre la marcha sus diálogos y estuvo toreando todo el tiempo al al director.

Bueno, entre el hombre maduro y la joven activista prende enseguida la llama del enamoramiento. Y así, a base de frases ingeniosas y letreros de Madrid, por todas partes nace una historia de amor que es comedia pero con mensaje.

Y el mensaje es lo que había provocado en mi sueño la ruptura entre Woody Allen y Martínez-Almeida. Porque al alcalde le habían asegurado que en la película todos los madrileños saldrían felices, como si corrieran cada mañana por Central Park y su única preocupación fuera. ¿Qué musical irían a ver por la noche a la Gran Vía?

En rigor, el primer boceto del guion, en efecto, era un publirreportaje. Pero como contó Woody Allen en La Cultureta Larga, recién llegado a Madrid, pidió la dirección de Aitana Sánchez-Gijón porque le hacía ilusión pasarse a verla.

Almodóvar, sin explicarle nada, le dijo La dirección es Puerta del Sol, tienda 12 izquierda y para allá que se fue.

Woody Allen se metió de cabeza en la acampada, conoció al sindicato de Inquilinas y tuvo una epifanía. Esa misma noche dejó escrita la nueva versión de su historia madrileña con diálogos chispeantes sobre mini pisos, inquilinos arruinados y fondos buitre.

Al día siguiente tenía la presentación del rodaje con Ayuso y Almeida, que aparecieron, él con gorra de cuadros y ella con mantón de Manila, mientras un organillo interpretaba Te recibimos americano con alegría.

Pero Woody ya se había contagiado del virus reivindicativo y lo primero que le dijo Ayuso fue entonces esto de desahuciar ancianas aquí pasa muy a menudo.

Le cambió la color a la presidenta que intentó salir del paso haciendo chistes sobre viejas que se van al bingo con el dinero que se ahorran de la renta antigua. Pero Woody Allen, que es cómico profesional y encima tiene 90 años, puso cara de que maldita la gracia no acabó bien la cosa.

Se fue a su hotel a añadir más páginas al guion e imaginó un Madrid en el que la gente tiene que vender cada mes una libra de su carne para poder pagar el alquiler mientras proliferan los áticos vacíos solo al alcance de presidentas o personajes de películas de Almodóvar.

Ayuso y Almeida retiraron la financiación y prohibieron los hornillos. Y al final le tocó poner el dinero a Óscar López, que lo justificó como gasto electoral del Partido Socialista.

Los culturetas apretaron a Woody Allen en la entrevista sobre el origen presuntamente ilícito de los fondos, pero no consiguieron sacarle del. No me consta. No me consta. Dicho en perfecto madrileño con acento zapatero.

En círculos cinéfilos se contaba que esa era la razón de que en la película apareciera todo el tiempo publicidad subliminal de Servinavar y de que para el papel de joven activista enamorada del hombre maduro, Woody Allen hubiera elegido a Leire diez.