El sueño de Alsina: "Me estaba llamando el Papa para decirme que todo bien"
El director del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde León XIV le llamaba para tranquilizarle tras su operación.
El primer aviso: "¿Qué haría Sánchez ante otra crisis en Ceuta?"
Madrid |
Esta noche soñé……que despertaba.
Y me estaba llamando el Papa para decirme que todo bien, teniendo en cuenta las circunstancias.
"El nódulo ya está extirpado", me dijo, "ya está fuera el maligno, ahora encaro con ánimo el post operatorio".
León XIV sabe que yo muy hijo de dios no me siento, pero que por los papas sí siento gran interés. Quién, sino un papa, puede plantarse en el Congreso, condenar por inmorales las leyes de las que más orgulloso está Patxi López y que éste, en agradecimiento, hinque las rodillas y le cante una alabanza.
Una vez le pregunté a Yolanda Díaz a qué tanto hacerle la pelota al papa Francisco si satanizaba el aborto, el matrimonio igualitario y la eutanasia y me respondió que, como ella es gallega, se entiende bien con los argentinos. Que yo pensé: pues no será con Milei. O igual sí. Hay personas que, con la edad, se pasan de un extremo al otro.
Me contaron la historia de un independentista catalán de izquierdas que se hizo españolista de derechas y acabó bebiendo los vientos por Ayuso. De vocación era palmero, pero fungía de ideólogo en un diario con ínfulas. Y aunque estaba especializado en profecías apocalípticas, el hombre no daba una, lo cual disparó sobremanera su reputación como columnista. No sé, la gente cuenta tantas cosas. Mutantes, la verdad es que los ha habido siempre. Y no hay mayor aficionado a quemar disidentes en la hoguera que un converso como dios manda.
En la conversación con León XIV le he preguntado si guardará reposo y me ha dicho que a ratos sí y a ratos no, porque el doctor Margaritora lo mismo le pone a andar un rato que le sienta para enchufarle el espirómetro.
"¿El qué?"
El espirómetro, un aparato que sirve para calibrar la capacidad pulmonar. Le he pedido a Pombo que se traiga uno, que he visto que tiene cacharritos.
Espirómetro viene de spirare y medir, se lo sabe Elena Herráiz, que los lunes nos explica aquí el origen de las palabras y que el otro día le hizo la trazabilidad, con perdón, al pedo. Fue aún más interesante que cuando sonó uno en la tertulia, hace muchos años, eh, cuando aún éramos jóvenes y nos sentíamos capaces de reventar los espirómetros. No, no fui yo. Prometí no revelar jamás la autoría del cuesco, ni siquiera a Manuela Carmena, que fue quien lo sufrió en directo.
He notado que hay personas que para quedarse a gusto opinando necesitan soltar gases simultáneamente. Y que llega un momento en que ya ni ellas mismas distinguen su opinión de su ventosidad, lo cual, estaremos de acuerdo, enrarece muchísimo el ambiente. Si no estás de acuerdo, estás en tu derecho, pero espérate a que se caliente la campaña electoral, midan fuerzas ventosas las opiniones sincronizadas de los dos bandos y me lo cuentas.
Colgué al papa (es una forma de hablar) y agarré un rotulador rojo que tengo en casa y que sólo uso para tachar días en el calendario. Llevo la cuenta atrás hasta las elecciones generales, que en la izquierda se encaran con resignación y en la derecha, como si ya llegara la toma de Granada. Me dio por pensar en cómo vivirá la vicepresidenta segunda sus últimos días en la pomada. Ella, a diferencia de otros, sabe que sus días de notoriedad se acaban. Podrá recolocarse en algún organismo internacional de ésos a los que nadie echa cuenta, pero quién hablará de nosotras cuando nos hayamos revuelto. ¿O alguien se acuerda ya de Ximo, o de Montón, o de Iceta?
En la radio contaban que Toni Comín iba a regresar a España a pie. Y que nadie sabía ya quién era Toni Comín, ni siquiera los catalanes en cuyo nombre asistió al profeta para proclamar la independencia. Yo, de Comín me acuerdo porque en una entrevista me dijo, como argumento para probar que él estaba en lo cierto y yo no:
"Es que soy politólogo".
Ahora es politólogo amnistiado e inminente peregrino. Quiere entrar caminando por La Junquera. Al escuchar la noticia pensé que vendría andando desde Bruselas, pero no, resulta que sólo hará una hora de caminata. Así, ni meta volante, ni avituallamiento, ni nada. Me sentí defraudado, Toni. Yo te había imaginado recorriendo toda Europa en alpargatas antes de reposar, para siempre, en Barcelona. O mejor, dando la vuelta al mundo en chanclas. Con un maillot que fuera la estelada.