MÁS DE UNO

El sueño de Alsina: "Delcy Rodríguez llevaba seis años viviendo en Barajas"

El directo del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde la mandataria venezolana aparece con maletas llenas de lingotes y chorreando petróleo por las costuras.

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Carlos Alsina

Madrid |

Esta noche soñé que despertaba en la cinta de equipajes de Barajas. Había subido yo a la cinta huyendo de Delcy Rodríguez, que llevaba viviendo allí seis años, sin que ningún comisario de policía quisiera enterarse de él. Si me perseguía como si yo fuera Sánchez.

Ahí estábamos los dos en la cinta, corriendo como en una película muda, y cada vez que yo creía haberle dado esquinazo se me aparecía de nuevo, siempre con una maleta distinta y siempre llena de lingotes de oro, de sobres marrones de PDVSA y chorreando petróleo por las costuras.

Me llevé el teléfono móvil a la oreja y fingí que atendía una llamada, como hace Pedro, pero ella, que se las sabe todas porque aprendió técnicas de persuasión en el centro de torturas del Helicoide de Caracas, me hizo ver que no colaba.

Ya la paré y le dije:

"Déjame tranquilo, que es que yo de ti no quiero saber nada".

Me dijo, francamente sorprendida:

"¿De verdad que no quieres? No quieres saber lo que pasó en Barajas".

Digo:

"Bueno, mujer, eso sí, pero que sea breve".

Me dijo ella:

"Breve no puedo ser".

Digo:

"¿Por qué?".

"Porque soy una líder autoritaria y populista de América Latina, llevo la verborrea en mi ADN".

Así que me resigné. Me resigné a pasar todo el día dando vueltas en la cinta y ella entonces me contó que tuvo durante mucho tiempo el corazón dividido entre los mangoneos de Ábalos y los de Víctor de Aldama, hasta que aterrizó en Madrid y comprendió que las dos corrupciones eran la misma y entonces pudo dormir tranquila en el pabellón de visitantes ilustres.

"Confieso que no preví", me dijo ella cuando llevaba ya siete horas hablando, "confieso que no preví que Zapatero se me pondría celoso".

De Zapatero me dijo cosas tan hermosas que por un instante pensé que era Miguel Sebastián disfrazado de revolucionaria.

Me dijo de él:

"¿Si fue él quien me enseñó a maquillarme?".

"¿Llamada maquillarse de bolivariana?".

"A maquillarme de demócrata", me dijo ella.

Mira tú por dónde, pensé yo.

Siguió ella. Me dijo:

"Siempre estuvo ahí Zapatero cuando yo le necesité para que se llevara a España a disidentes a los que primero encarcelábamos para que luego pudiera liberarlos".

Una joya de expresidente. Y ahí fue a mí a quien se le cayó una ceja y ya iba a esconderse en una de sus maletas cuando le pregunté:

"¿Habrá elecciones en Venezuela?".

Y me dijo:

"Las elecciones son un engorro. Me lo ha explicado Pedro, que hay que parar el país para que el pueblo vote. Qué necesidad habrá".

Y aún le escuché decir:

"Venezuela lo que necesita es Stabily Trump".

No pude evitar pensar que Delcy es una mujer agradecida a Donald como lo era Daisy a Mari Carmen.

De regreso a casa me esperaba en la puerta el león Rodolfo, dolido porque la gente se acuerda menos de él que del pato Nicole, y le dije:

"¿Yo qué quieres que haga?".

Se lo dije un poco brusco, no porque yo tenga nada en contra de Rodolfo, sino porque en los sueños tienen que aparecer personajes que la gente conozca, sobre todo que conozca a la gente joven. Tiene que aparecer Rorro, tiene que aparecer Guitarrica de la Fuente o tiene que aparecer este que es ministro de Hacienda, que se llama... no, el que no es Ereú. A Ereú no le conocen ni los no jóvenes.

Bueno, da igual si todos los ministros son muñecos.

El caso es que en la radio estaban contando que ya se conocía a las nueve personas que juzgarían a Begoña Gómez. En un giro inesperado del destino, el jurado estaría integrado todo por ministros.

Se desataron las sospechas porque el sorteo lo había realizado la hermana de Óscar Puente, pero el Tribunal Constitucional lo dio por bueno y su propio hermano ejerció de ponente.

Durante las sesiones del juicio, Urtasun intentaba poner cara de Henry Fonda por si le enfocaban en la hora de la Mareta, pero como todos estaban de acuerdo no solo exoneraron a Begoña, sino que la sacaron a hombros entre los nueve y la llevaron así hasta Ferraz, donde estaba María Jesús Montero al frente de un grupo de cheerleaders.

"¡Se ha hecho justicia!", declaró la portavoz del Gobierno, que ese día excepcionalmente compareció con toga.

El único que se excusó de formar parte del jurado fue Albares, que seguía ejerciendo de ministro exterior de Marruecos y además había aprendido a grabarse vídeos con el móvil y andaba como loco por las calles de Rabat, móvil en mano y echándose flores a sí mismo mientras se filmaba.

Mirando a la cámara decía:

"Pero mira que eres grande. Pero mira que eres listo. Pero mira que eres humilde".

Casi todo el mundo pensó que había enloquecido desde años antes, pero llegó a colgar hasta siete vídeos distintos cada día en TikTok, hablando siempre en catalán, y gracias a eso se abrió camino como influencer.

Intentó patrocinarle Moroccan Oil, la empresa de cosmética israelí que paga Eurovisión, un poco por recochineo, pero se enteró el capo de Televisión Española y dijo que por encima de su cadáver.

Por eso, el día que cayó José Pablo, Albares se grabó otro vídeo embalsamándole con aceite de argán y barros recién traídos del Mar Muerto.