Monólogo de Alsina: "Soñé que despertaba y sentado en un butacón me estaba mirando el rey de España"
El director del tramo magazine de Más de uno expone en su monólogo una experiencia onírica en el que aparecen Felipe VI, Pedro Sánchez, Begoña Gómez, Óscar Puente y otros protagonistas de la actualidad política
Madrid |
Esta noche soñé que despertaba.
Y sentado en un butacón me estaba mirando el rey de España. Desperezándome le dije: ¿eso es un trono? Y él me respondió sin abrir la boca: 'No hombre, esto es cómodo'. Caí en la cuenta de que, a la vez, el rey tarareaba. 'Que veinte años no es nada, que febril la mirada, las nieves del tiempo platearon mi sien'. ¡Tongo!, le grité, digo ¡tango! Y comprendí que no era tarareo sino humorada. Porque no lleva veinte años reinando aunque lo diga Sánchez. Y porque a Sánchez, pensé yo, Felipe VI le cunde más de lo que él querría.
Me pareció oír la voz de Page saliendo de algún sitio. Decía: 'Si no sabes contar años vas a saber contar menores en Ceuta'. A Page le reconozco aunque no le vea por el acento. El famoso acento suelto.
De pronto se abrió de golpe una ventana y un tornado tamaño Kansas me llevó volando hasta la residencia oficial del presidente. Él estaba delante de una pizarra y Begoña le enseñaba a restar. 2026 menos 2014 igual a… ¡Veinte!, insistía Sánchez. Y ella, cariñosa, le celebraba la resistencia regalándole un software. 'Ay rey mío, rey mío', le susurraba, 'si es que no te merecen'. Vi a Oscar Puente en una esquina jugando a la pelota. 'Tiene hambre de balón', me dije. Y él, como si lo hubiera escuchado, exclamó: 'Yo, balón no, yo, pelota, yo pelota, pelota, pero pelota'.
Apareció un funcionario para avisar al presidente de que tenía que subirse ya al Falcon para viajar a Rabat a la toma de posesión de Albares como ministro de Exteriores de Marruecos. 'No te olvides del móvil, rey mío', dijo Begoña, 'por si Mohamed quiere volver a infectártelo'. Puente se ofreció a llevarle en brazos hasta el avión. Pero le paró Oscar López, que había reclutado a Bolaños para llevarle entre los dos a la sillita de la reina. '¿La reina cuántos lleva de reina?', preguntó López. 'Más que yo', saltó Sánchez, picajoso. 'Y no ha ido a Ceuta. Y fue después que yo al volcán', siguió refunfuñando. Se puso luego melancólico: 'Añoro tanto ir a sitios donde haya lava'.
No te olvides del móvil, rey mío', dijo Begoña, 'por si Mohamed quiere volver a infectártelo
En el vuelo fueron jugando a decir sitios donde el rey aún no hubiera estado. Reía el presidente sus propias bromas: ¡En Davos, en el New York Times, en la fiesta de la rosa! Hasta que Bolaños dijo: 'Tampoco ha estado nunca en un juzgado'. Y ahí Sánchez se acordó de su hermano y le dio un bajón, justo cuando el avión tomaba tierra en Rabat y la banda de música de Palacio se arrancaba a interpretar una milonga. En la sala de autoridades le mostraron al presidente la cabeza disecada de González Laya. 'Fue un regalo mío', comentó él. Y sonrió su colega marroquí. 'Hay regalos que valen más que cualquier joya'. Y que cualquier perejil.
Creí reconocer a una mujer que se ocultaba la cara. Tu velo me suena, le dije. Resulta que era mi terapeuta. Aproveché para preguntarle si es normal soñar con Leire empuñando una llave grifa y me preguntó si me han operado de los horarios. ¿De qué? De los tramos horarios. 'Ah, sí', le dije. 'Pues entonces puedes estar tranquilo, tu cerebro aún está acostumbrándose'. '¿A qué?' 'A mirar la realidad con otros ojos'.
Soñé que me volvía a dormir y me asaltaba una pesadilla. Aprendía a dar bien la hora, qué mal trago. Son las diez y … de la mañana, le decía a la audiencia. Una hora menos en Canarias. 'Sean todos bienvenidos a Más de uno II'.