Opinión

Monólogo de Alsina: "Más ministerio que fiscal"

Carlos Alsina desgrana en su monólogo la noche clave que ha terminado desembocando en la inédita situación de que el fiscal general del Estado se vaya a sentar en el banquillo del Supremo, pese al desacuerdo del Gobierno.

Carlos Alsina

Madrid |

Había una vez un aficionado del Atleti, muy aficionado, de los de ir al campo religiosamente, que estaba el hombre disfrutando del partido de su equipo con el Inte…palabras mayores, Liga de Campeones -aquello terminó en penaltis- cuando le sonó el móvil…y en la pantalla vio que le llamaba su jefa. Mal asunto cuando la jefa te llama a deshoras. Almudena Lastra, fiscal superior de Madrid, la jefa regional de la fiscalía.

-Dime, Almudena, que me pillas en el fútbol.

-Oye, que si puedes mandarme los correos que hayas intercambiado con Neira, el abogado. Lo del novio de la presidenta.

-Te los envío mañana, si no te importa, que estoy…ah, al palo; que estoy en el fútbol, ya te digo.

-Bueno, no pasa nada, acuérdate mañana. Adiós, adiós.

El aficionado futbolero cree que ha despejado el balón, y sigue sufriendo con el fútbol, pero…le suena de nuevo el móvil y ahora es una jefa distinta. La provincial de Madrid. Pero qué me estás contando.

-Dime Pilar, que estoy en el fútbol.

-Julián, que el fiscal general quiere los correos tuyos con Neira.

-Si, ya me ha dicho Almudena. Hemos quedado en que se los mando mañana.

-Ah, vale. Pero no te olvides.

-Hasta luego.

-Hasta luego.

Salta Salto con el gol de Griezmann, que es como se apellida el fiscal, Salto. Salta o celebra el gol de su equipo creyendo que despejó ya del todo las llamadas nocturnas del trabajo. Pero no pasan ni cuatro minutos…y ahí está otra vez Pilar Rodríguez, la superior (o superiora) provincial, para insistirle.

-Dime, Pilar.

-El fiscal general no puede esperar...

-Pero si es que estoy en el…

-Necesita los correos ya.

El fiscal futbolero, resignado, disciplinado -preguntándose, quizá, cómo era eso del derecho del trabajador a la desconexión digital en sus horas de descanso- abandona su asiento en el Wanda y se sale del estadio para cumplir con la tarea a la que ha sido urgido, con nocturnidad, y con prisa extraordinaria, por un grupo muy reducido de personas.

La jefa provincial, la jefa regional, el jefe máximo. Álvaro García Ortiz no puede esperar porque esa misma noche quiere que Lastra saque una nota de prensa que reproduzca cómo fue el abogado Neira quien se ofreció a un pacto con la fiscalía y no al contrario. El material se le envía a su correo personal de gmail.

Nuestro fiscal futbolero jamás imaginó que el partido de fútbol interruptus que le arruinaron aquella noche acabaría convertido en el lugar del crimen. Jamás imaginó que acabaría teniendo que relatar su atropellada noche ante dos jueces distintos en la investigación abierta por la comisión de un posible delito de revelación de secretos.

Jamás imaginó que el partido de fútbol interruptus que le arruinaron aquella noche acabaría convertido en el lugar del crimen

El primer investigado, de hecho, fue él, denunciado por González Amador, pareja de presidenta. Pronto quedaría exonerado porque quedó patente que sólo hizo lo que le mandaron. Y que el interés por disponer esa misma noche del correo primigenio del abogado, luego llegado a la prensa, no era suyo sino del fiscal general del Estado.

La historia de aquella noche, las razones que alegó el fiscal general, la investigación sobre si fue él, o alguno de sus subordinados (o subordinadas) quien filtró material reservado vulnerando, supuestamente, la obligación de velar por su reserva, es sobradamente conocida y, por tanto, se la ahorro. Hubo una investigación judicial, o dos -en el tribunal superior de Madrid y en el Tribunal Supremo-, generó división de opiniones la investigación (como casi todo en España, bendita sea), el Fiscal General borró todos sus guasaps y su cuenta de gmail, el juez instructor del Supremo le tomó declaración, un tribunal de tres jueces decidió que había fundamento para seguir adelante con el procesamiento (por dos a uno) y lo único que faltaba para dar por cerrada la etapa de investigación era abrir la etapa siguiente, que es el juicio.

Y a eso va el Supremo ahora. Y a eso va el fiscal general del Estado ahora, a sentarse en el banquillo como presunto autor de un delito. La causa García Ortiz llega a puerto y será en la vista oral donde se presenten los indicios, se valoren las pruebas, se escuche a los testigos, se escuche al acusado y se emita sentencia.

Que el Gobierno lleve emitiendo sentencia por su cuenta -absolutoria, por supuesto- desde hace un año sólo ha contribuido a alimentar la idea, tan querida por el presidente, de la imputación, primero, y la investigación, después, han sido forzadas con el único (y último) objetivo de tumbar a su fiscal general.

Jueces del Supremo, haciendo política, que calcularon mal y pensaron que bastaría imputarle para que García Ortiz se apeara del cargo. Al comprobar que no lo hacía, hubieron de seguir adelante confiados en que en algún momento se rendiría. Y como no lo hizo, han terminado por llevarle a juicio, a ver si así. (Ésta es la versión de la historia que gusta de alimentar el gobierno mientras predica su escrupuloso respeto a las decisiones de los jueces).

La otra versión es la que dice que, siendo García Ortiz quien dirigió la comunicación a la prensa -filtraciones, presuntas, primero y comunicado oficial después- en aquella noche de fútbol, y habiendo puesto tanto empeño en destruir sus mensajes y obstruir la investigación, hay razones para sospechar que cruzó la línea, y vulneró la ley, llevado de la urgencia en evitar que los de Ayuso le ganaran el relato.

El hecho es que un fiscal general del Estado en ejercicio será juzgado como presunto delincuente en el Tribunal Supremo. Ésta debe de ser la famosa normalidad que el gobierno presume de haber traído a nuestra vida pública. Una situación inédita. Lo nunca visto.

Al presidente que ha convertido en estribillo obligado para sus ministros esto de que hay jueces que hacen política…habrá que preguntarle alguna vez si, además de jueces, hay fiscales que hacen política. (Que hay políticos que quieren impartir justicia no admite duda porque el presidente es la prueba viviente de ello, viviente y gobernante).

¿Pero y los fiscales? ¿Hay fiscales, presidente, que hacen política? Porque acabe declarado culpable o inocente Álvaro García Ortiz, si algo afirmó con claridad la UCO en sus informes es que tanto en la fiscalía de Madrid como en la fiscalía general del Estado se hablaba con naturalidad, y con soltura, de la filtración de expedientes determinados a la prensa en la búsqueda, no de satisfacer una necesidad ciudadana, sino de obtener un efecto político concreto. Se hablaba y se ejercía la actividad filtradora sin que el jefe de los fiscales considerara necesario pararlo porque la filtración formaba parte del día a día de su ministerio.

Ministerio lo digo en el sentido de ministerio fiscal. Es el presidente quien por ministerio fiscal entiende que la fiscalía es uno más de sus tropecientos ministerios.

La reducción de la jornada naufraga en el Congreso

Menos de treinta y siete horas semanales echarán esta semana sus señorías en el Congreso porque mañana les ha dado libre la delegada del gobierno Armengol para que puedan festejar todos la Diada. Mañana, recreo y el viernes, puente. Quién dijo que se había frustrado la reducción de jornada.

Hoy lo que naufragará en el Congreso -sé que a Patxi López le gustan estos términos, naufragio, fracaso, gatillazo- es el primer intento del Gobierno para topar, por ley, la jornada laboral en treinta y siete horas y media semanales. Primer intento porque ya ha dicho Yolanda Díaz que va a perseverar.

Y que la culpa, un poco de todo, la verdad, la tiene la derecha. Pero cómo se llama, vicepresidenta. Dígalo, cómo se llama. Se llama Junts. Se llama Puigdemont. Ese señor tan progresista, y tan necesario, al que usted fue la primera en ir a presentar sus respetos a Bruselas ---así se lo paga--- y con quien ha sostenido que ha negociado personalmente sin que ni él, ni nadie de Junts, haya confirmado semejante cosa.

Y eso que llegó a ofrecer estudiar la situación específica de Cataluña y adaptar la norma a esa supuesta singularidad -será por singularidades-. Pues ni así. Junts le ha hecho la peineta. En esto quedó el cuento de la lechera que se hacían en Sumar. Aquello de convencer a la patronal catalana Fomento del Trabajo, o sea, al político Sánchez Llibre, de que se sumara a la reducción de la jornada para que así él indicara a Puigdemont lo que tenían que votar sus siete peones en Madrid y, de paso, arrastrara a la CEOE a sumarse también garantizando que el PP haría lo que a la patronal le pareciera bien.

Seguro que el PSC ha echado el resto en socorro de Yolanda Díaz, o no, pero… se le estrelló el cántaro a la lechera. Atrás quedan aquellos días de hace un año en que pareció que Feijoo se abría a apoyar la reducción de la jornada laboral. Aquella declaración que escamó a algunos pesos pesados de las organizaciones empresariales.

Balón al palo. Pareció que iba a haber entendimiento entre el gobierno y el PP pero era una ilusión óptica. Perdón, una desilusión óptica. Tiene razón Yolanda Díaz en que las posiciones, favorables o contrarias, hay que argumentarlas. Y para eso está el Congreso. Y eso es lo que se espera de la oposición en su rechazo al proyecto, que dé razones antes de celebrar haberla tumbado. Es probable que hoy el PP haga más lo segundo que lo primero.

No hay mayoría parlamentaria, no hay cuestión de confianza, no hay Presupuestos. A diez de septiembre, la vicepresidenta-ministra de Hacienda-número dos del PSOE-aspirante a gobernar Andalucía (todo en uno), a diez de septiembre no ha presentado aún el techo de gasto a las Cortes, paso previo para el proyecto fantasma de Presupuestos. Si la misión de Salvador Illa en la expedición que hizo al país de Puigdemont era amarrar los Presupuestos generales, como alguien dijo, pues misión incumplida. Illa no es Tom Cruise.

No hay mayoría parlamentaria, no hay cuestión de confianza, no hay Presupuestos

Ocho días después de la cordial, y amabilísima, cita con el prófugo malversador, el presidente de la Generalitat de Cataluña sigue sin informar a sus gobernados de los asuntos sobre los hablaron una hora y media. La normalidad era esto. Mañana es la Diada. Esta noche el presidente dirige, como es tradición, su mensaje a los catalanes.

Qué hermosa oportunidad para demostrarnos a todos que Illa cree, de verdad, en la transparencia y la rendición de cuentas; en dar satisfacción a la demanda de información de sus ciudadanos, no sólo en darle satisfacción a esa rémora política que vive en Waterloo, cobra como diputado del Parlamento catalán y hoy va cargarse en el Congreso la reducción, por ley, de la jornada laboral.