El mensaje de Alsina a Moreno por su acuerdo con Vox en Andalucía: "Tú también, Juanma; la vía andaluza era esto"
El director de Más de uno se ha dirigido a Juanma Moreno a raíz del acuerdo de Gobierno que ha alcanzado con Vox y que incluye, además de una vicepresidencia para el partido de Abascal, medidas tan polémicas y que había rechazado como la prioridad nacional.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán.
No fue cosa de César, sino de Shakespeare. Fue el escritor quien le hizo decir a César: "¿No malgasta ya Bruto sus rodillas?" Bruto, Casca y los otros conjurados, tercer acto, se han puesto en pie después de haber hincado las rodillas para suplicar al líder que revoque el destierro de Publio Cimbro. César les ha disuadido repudiando a quienes cambian de opinión sólo porque hay voces que se lo piden. "No os engañéis sobre mí", les ha dicho, "no llevo sangre voluble, soy tan constante como la estrella del norte. Plagado está el mundo de hombres que cambian de sitio, pero hay uno que se sostiene inalterable e inmune al movimiento de los otros y ese soy yo. Os digo con firmeza que mi posición no cambiará".
Ahí llega la primera puñalada; la asesta Casca. Le emulan los otros, herida sobre herida. Ya queda solo uno que aún no ha atacado. César lo mira y dice las tres palabras que le ha preparado Shakespeare: "¿Y tú, Bruto?" Sufre la última puñalada. Cae César. Y la frase de Shakespeare permanece, por los siglos de los siglos, reformulada en español como "¿tú también, Juanma?" Perdón. "¿Tú también, Bruto?".
Pues sí, claro, él también. Ni Bruto, al final, era distinto a los otros senadores ni la vía andaluza era distinta a la vía extremeña, la vía castellana y la vía aragonesa. Sin que el anuncio alcanzara a sorprender ayer a nadie, Juanma Moreno consumó su casamiento con Vox aceptando que su vicepresidente sea Gavira, delegado en Andalucía del hombre que le llama Juanma Moruno, o sea, Abascal, y firmándole un programa de gobierno al gusto de la extrema derecha con su prioridad nacional, su no más menas y su que haga falta con tal de superar ya la investidura y desterrar del horizonte de los andaluces la posibilidad de volver a votar.
El mensaje de Alsina a Juanma Moreno
Vox obtiene lo que exigía: un programa de satanización de los inmigrantes sin papeles y entrar en el gobierno andaluz no con una consejería de cartón, sino con una vicepresidencia primera de la que dependerán Justicia, Turismo (primer motor económico andaluz) y relación con los ayuntamientos, el equivalente a lo que hasta ahora eran dos consejerías, pero con un rango superior. Como ya ocurrió en las tres comunidades autónomas anteriores, se sabe en qué ha cedido el PP y no consta en qué ha cedido Vox.
Como sí me consta que Juanma Moreno es oyente de esta hora, nada de lo que diga a continuación le va a poder sorprender. Vamos a ello.
Érase un presidente que, para seguir siéndolo —seguir en el poder—, refutó lo que hasta entonces sostenía, se refutó a sí mismo e hizo justo aquello que él consideraba irrazonable, insensato e incomprensible para la ciudadanía. Los adjetivos los había puesto él mismo cuando aún trataba de disuadir a su socio de reclamar sillones en su gobierno.
Érase un presidente llamado Juanma Moreno que, después de haber afirmado, por tanto, lo insensato e incomprensible que sería para sus votantes darle a Vox un puesto en su gobierno… fue y se lo dio.
Érase un presidente autonómico que, para no dar voz de nuevo a los andaluces en las urnas, a riesgo de ver menguada su victoria arrolladora, plasmó en un programa de gobierno aquello que él mismo había denunciado como un engaño a los electores, una promesa ilegal y un daño irreversible a la credibilidad de las instituciones. O sea, la prioridad nacional.
Los puntos más polémicos del acuerdo de gobierno en Andalucía
El mal ejercicio lo acabó practicando él mismo. Dice su programa de gobierno, dos puntos, comillas:
- "El acceso a todas las ayudas públicas se inspirará en el principio de prioridad nacional".
- "La Junta de Andalucía no facilitará la acogida de menores extranjeros no acompañados, no habilitará nuevos centros, devolverá a los menores a sus países de origen".
En dos meses, la prioridad nacional ha pasado de ser la promesa de una ilegalidad que hacía la extrema derecha populista, y que el presidente andaluz denunciaba, al compromiso firme del presidente andaluz, que aún tendrá el cuajo de criticarle a Sánchez sus cambios de opinión para satisfacer a los socios que le invistieron presidente.
En la noche electoral de las andaluzas, cuando el PP encajó el revés de quedarse corto en escaños aun ganando de calle las elecciones, Juanma Moreno aún confiaba, seguro que sí, en poder pactar con Vox una cosa aseada, un acuerdo de investidura que no supusiera su entrada en el gobierno (a ver, que les sacó treinta y ocho escaños de ventaja). Aún confiaba, seguro que sí, en poder sortear la prioridad nacional con la que habían tragado sus colegas barones de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Seguro que la mayoría de sus votantes también lo esperaban, aunque solo fuera porque les había pedido el voto justamente para impedir que Vox tocara poder.
Pero fue aquella noche electoral –recuerdo que lo comentamos en nuestro programa especial– cuando el señor Gavira, delegado de Abascal, se marcó un mitin triunfal, no solo como si hubiera ganado él las elecciones, sino como si fuera ya el vicepresidente de la Junta.
La vía andaluza, "peor" que la extremeña de María Guardiola
Juanma Moreno había revelado dos días antes que era él quien cantaba el himno de campaña de su partido y aún no quería creer que acabaría cambiando de canción para entonar con voz quebrada la prioridad nacional. Tienen razón sus partidarios en que no es lo mismo que lo de María Guardiola. No es lo mismo porque es peor. Guardiola ya tuvo su momento mutante cuando se traicionó a sí misma y tragó con Vox en 2023. Pero ella, la prioridad nacional, se la encontró en la negociación y fue Génova quien la bendijo. Moreno, por el contrario, pudo opinar sobre la prioridad nacional cuando la firmó Guardiola; opinó y se ocupó de que todo el mundo entendiera que él jamás habría pasado por ahí. Sus votantes, incluidos.
Al final, tú también, Juanma, la vía andaluza era esto. Una copia tardía de la vía extremeña. Un no arriesgarse a que voten los andaluces de nuevo. Un plegarse, un tragar. Cada vez que en las dos últimas campañas se le recordó a Juanma Moreno, aquí, por ejemplo, que él fue el primer barón del PP en pactar con Vox –enero de 2019–, se incomodó por el recordatorio, inconveniente para su nueva imagen de barón incompatible con Vox. En aquel acuerdo del 19, todo lo que se decía sobre la inmigración era que había que cumplir la ley vigente y evitar el efecto llamada. Moreno fue el primero en entenderse con Vox y no va a ser el último.
- Hace tiempo que sabemos que no hay una sola cuestión en la que a Pedro Sánchez no le deje en cueros la hemeroteca.
- Hace tiempo que sabemos que no es Sánchez el único que muta, se desdice y olvida lo que prometió a sus votantes con tal de permanecer en el gobierno.
- Hace tiempo que sabemos que el PP está dispuesto a hacer suya cualquier bandera de Vox con tal de amarrar el poder en las comunidades autónomas.
- Y hace tiempo que sabemos que Feijoo plasmará, él también, en su programa de investidura el no más menas y los españoles primero si ese es el precio para dormir a colchón suelto en la Moncloa.
Sabiendo todo esto, se librarán las próximas elecciones generales. Con los socios de Sánchez habiendo acreditado que pueden arrastrar al PSOE a casi cualquier posición si es el poder lo que está en juego y con Abascal habiendo probado que en la negociación con el PP quien se sale con la suya es él y quien borra sus líneas rojas es el PP. Que los socios te tengan agarrado por tus partes nobles siempre fue un deporte de riesgo.
Pedro Sánchez sigue coronándose y haciendo historia
Pedro Sánchez sigue haciendo historia. Tras coronarse como el primer presidente que hurta al Parlamento su derecho a debatir cada año unos presupuestos; como el primer presidente que pierde la confianza de quien le invistió e impide que los españoles puedan hablar ya en las urnas; como el primer presidente al que le condenan a un exministro por corrupción estando él todavía en el cargo; como el primer presidente al que le imputan a tres presidentes seguidos de la Sepi; como el primer presidente que tiene que nombrar nuevo fiscal general porque al que nombró lo han condenado por revelación de secretos; ahora conquista una nueva marca: es el primer presidente al que le imputan a una directora general de la Guardia Civil y la mantiene en el cargo. ¿Quién dijo que ya lo habíamos visto todo?
De los autores de "no llevamos ningún imputado en nuestras listas y presumimos de ello", llega ahora: "ya nos pueden imputar a quien sea que no vamos a relevarlo". A Mercedes González, directora de la Guardia Civil que no vio problema en reunirse tres veces con Leire Díez cuando ya estaba publicada, y requete-publicada, su implicación en el juego sucio contra jueces y fiscales en sincronía con Ferraz, a Mercedes González la cita el juez como investigada por haber practicado ella misma juego sucio contra sus propios agentes de la UCO.
No es Manos Limpias ni Hazte Oír quien pidió su imputación, es la Fiscalía Anticorrupción, institución del Estado. No le sirve esta vez a la fábrica de coartadas socialista el comodín de las asociaciones ultras y los recortes de prensa. Es la Fiscalía la que sospecha de la directora de la Guardia Civil por haber puesto obstáculos a una investigación judicial. Sospecha de ella y sospecha de su director adjunto operativo, poca broma. La directora de la Guardia Civil que, según Marlaska, nunca se había visto, bajo ningún concepto, con Leire Díez está imputada no solo por verse, sino por el efecto que pudieron tener aquellas reuniones. La palabra del ministro perdió valor hace tantos meses que ya huelga siquiera mencionarlo.
"Empieza a ser misión imposible para el Gobierno defenderse a sí mismo"
Una institución del Estado, la Fiscalía, atribuye a la directora de la Guardia Civil haber participado en las maniobras ilícitas de las cloacas. El Gobierno mantiene que la integridad de la directora está fuera de duda. Otra institución del Estado, la Abogacía, se ha personado en la causa de las joyas como acusación a Zapatero por haber ocultado su patrimonio a Hacienda. El Gobierno mantiene que la integridad del expresidente está fuera de duda.
La Fiscalía, como recordamos ya ayer, es, al menos en teoría, independiente de lo que el Gobierno piense o deje de pensar. La Abogacía del Estado, por el contrario, es el instrumento del Gobierno para defender los intereses del Estado en las causas judiciales. El mismo gobierno que, a través de la Abogacía, sospecha de la ocultación fiscal de Zapatero y sostiene en público que este cumplió siempre con todas sus obligaciones legales.
Al edificio gubernativo le sale cada día una grieta nueva y hay departamentos que ya amenazan ruina. Lo que empieza a ser misión imposible para el Gobierno es defenderse a sí mismo.