Alsina: "Sería un milagro para Ferraz que el PSOE como tal no acabara imputado como tal partido, o por financiarse o por financiar ilícitamente"
El presentador de Más de uno analiza las últimas novedades sobre el caso Leire, que acercan la imputación del PSOE como persona jurídica por sus ingresos, gastos y pagos en efectivo.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán.
Se despertaron los parisinos al fragor de todas las campanas. No se trataba de una boda, ni de una ejecución de ladrones y ladronas. Lo que aquella jornada movía al pueblo hacia el palacio de Justicia era la elección del Papa de los Locos. En las puertas, en las ventanas, sobre los tejados, millares de caras amables dirigían su mirada al palacio. Dentro, y acallando el jolgorio, tronó la voz de Coppenole, el calcetero: "Señores burgueses e hidalgos, ¿queréis que elijamos Papa como lo hacemos en Gante? Hacemos pasar a los aspirantes la cabeza por un agujero; cada uno ha de hacer una mueca al público y aquel que, por aclamación, logra la más horrorosa es proclamado. Hacemos Papa al más feo".
Éste es el comienzo de la historia de Quasimodo, o sea, "Nuestra Señora de París" de Víctor Hugo. Que arranca con la carnavalada del papa de los locos y llega, cuatrocientas páginas después, al momento en que Clopin Trouillefou, príncipe del hampa, jefe de la banda de criminales, le recuerda al obispo de París que está obligado a respetar el asilo eclesiástico, es decir, que el perseguido por la Justicia tiene derecho a buscar la protección de la iglesia de Cristo, o en términos jurídico-practicantes, a acogerse a sagrado. "A ti te digo", le dice, "que debes protección en Notre Dame a nuestra hermana Leire (uy, perdón, a nuestra hermana Esmeralda) acusada falsamente de brujería y necesitada de tu asilo".
Explica Víctor Hugo a sus lectores que acogerse a sagrado era un derecho tan respetado en aquel tiempo que afectaba incluso a los animales. Y que los templos disponían todos de una estancia expresamente preparada para delincuentes, ladrones, corruptos, que cercados por la Justicia buscaran el manto protector tanto de los curas de pueblo como de los príncipes de la Iglesia.
Pues eso, que mañana llega el Papa. A España. Y que el partido que gobierna el país desde hace ocho años se acogerá a sagrado. En la confianza de que fervor popular y mediático —no necesariamente religioso— por la visita del jefe vaticano proteja una semana del escrutinio público a Leire, Cerdán, Zarrías, Serrano, la gerente, el otro Serrano, la directora de la Guardia Civil y el resto de la feligresía sanchista que comulga, o comulgaba, con Ferraz. Digo comulgaba porque Cerdán, una vez excomulgado, es posible que busque su redención por otras vías.
Farsante y oportunista le llamó la cardenala en ejercicio, Rebeca madre santísima Torró. El Papa llega mañana a Madrid, capital de la España descentralizada y ciudad donde tiene su sede tanto la nunciatura como los gobiernos de Sánchez y de Ayuso, embarcados en su particular sogatira o juego de la soga, que consiste en que el Papa está en medio y cada uno tira de un lado de la soga a ver quién consigue arrimárselo más a sus causas. Del ascua de la sardina al anillo del pescador intentando, de paso, ahorcar al adversario político con la misma soga.
León XIV, que tampoco ha nacido ayer (tiene setenta años), se ocupará de escurrirse de ambos para no dejar que se apropien de él ni el uno ni la otra, supongo. En Madrid, además de los gobiernos, tienen su sede el Partido Socialista, la UDEF, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo y la familia Zapatero. Cerdán, no; Cerdán trasladó su sede, una vez repudiado por la corte, a su pueblo que tiene nombre de último recurso: se llama, como sabrán, Milagro. Y es donde estuvo la UCO registrándole la casa hace una semana, a la vez que registraba su antigua casa madre de Ferraz.
Que el PSOE va a acabar imputado como persona jurídica es algo que da por hecho la mayoría de los dirigentes del PSOE sin necesidad de que nadie les filtre nada. Si hay dos jueces investigando ingresos y gastos del partido, pagos en efectivo a cualquiera que apareciera por allí de parte de Koldo, tiques de comidas y hoteles sospechosos y financiación desde Ferraz al comando pocero bajo la coartada de servicios ficticios, un milagro, en efecto, sería para Ferraz que el partido como tal no acabara imputado como tal partido, o sea, persona jurídica. O por financiarse o por financiar ilícitamente.
Pedraz ya cursó ayer instrucción a los bancos donde tienen cuenta el PSOE y el PSC y a la Agencia Tributaria para que aporten toda la información sobre operaciones bancarias y pago de impuestos. Espléndida noticia para el PSOE, pienso, y así debería haber sido celebrada por Torró y quienes están al cargo ahora: tanto tiempo presumiendo de tener una contabilidad transparente, de haber sido fiscalizada por auditorías privadas y por el Tribunal de Cuentas, podrá demostrar ahora que, en efecto, hasta el último euro que entró está justificado y hasta el último que salió está bien utilizado, pasando el examen de la policía judicial y del juez que la dirige.
Qué mejor forma de acreditar transparencia que un streaptease. A juzgar por la petición que trasladó la UCO al juez, el primer motivo de interés es aclarar si el partido camufló la financiación que proveyó a Leire, Dolset y Patricia López bajo campañas de publicidad electoral en digitales con tantísima influencia en el votante catalán como Crónica Libre o bajo servicios ficticios facturados a despachos de abogados. Si los servicios facturados son ficticios, estaríamos ante un caso de facturas falsas. Pagadas no por Santos Cerdán, ese hombre, sino por el Partido Socialista, esa persona jurídica.
Igual a los socios parlamentarios les parece relevante este matiz, falsear pagos para destinar fondos a fines bastardos, o igual les sigue dando todo igual porque nunca será milimétricamente igual que la Gürtel.
El problema de crédito, o de descrédito, que arrastra el PSOE viene de que ya negó todo cuando empezó a saberse de Leire hace más de un año, y que se empeñó en retratarla como una militante sin más, que había tenido un cierto papel en Cantabria (sin más) y que había ejercido de directiva en un par de empresas públicas (sin más). Ahora se sabe que presumía, con razón, de reportar a Santos Cerdán porque se vio con él en Ferraz más de veinte veces. O sea, que reportaba y se dejaba financiar por el PSOE.
Y el problema de crédito, o de descrédito, para el Ministerio del Interior es que el ministro dijo hace ocho días que su directora de la Guardia Civil nunca se había sentado a hablar con Leire de nada. Luego salió el informe de la UCO que dice que se reunieron al menos tres veces. Le preguntaron al ministro y ya no dijo que no. Y al final acabaron confirmando fuentes del Gobierno que hubo dos reuniones de la directora general de la Guardia Civil con Leire. Que iba diciendo por ahí la mano que tenía con Mercedes González y cómo ella, a diferencia del ministro, sí era de su confianza.
Es cierto que Leire podía decir lo que le diera la gana, pero ahora que Leire, la militante sin más, se ha revelado como instrumento pagado (presuntamente) por Ferraz y elemento tóxico para todo aquel que le dio cuartelillo, la directora general de la Guardia Civil tiene un problema. Y es que la UCO, que depende de su dirección general, tiene dicho que desde la cúpula de la institución se metió presión a la unidad operativa para que aflojara en las investigaciones que afectaban a políticos.
La directora general, que por cierto tiene boca y puede hablar por sí misma sin necesidad de que Marlaska hable por ella, guardó silencio anteayer, guardó silencio ayer y sólo a última hora del día (hora rara, diez de la noche) difundió la Dirección General de la Guardia Civil un comunicado en el que admite dos reuniones (una tercera anulada) en las que Leire, conocida de otros tiempos, le habría pedido trabajo y, en la última, le habría sondeado sobre la posibilidad de rehabilitar al comandante Villalba, de la trama de los koldos. Momento en el que la directora general habría puesto fin a la reunión y aquí paz y después, gloria.
Nunca ha participado la directora, dice la nota como si no fuera ella misma la que manda, en ninguna operación contra ninguna unidad de la Guardia Civil, y asegura que jamás ha intervenido en ninguna investigación. Más que una nota, parece el atestado de un interrogatorio.
No ha habido nota de la Guardia Civil ni del ministerio respecto del antecesor de Mercedes González, Leonardo Marcos, director de la Guardia Civil señalado por el general Yuste, ex jefe máximo de la UCO, como autor de la instrucción a los agentes para que cerraran ya la investigación sobre el hermano y concluyeran que no había nada. Igual de esto también podría decir algo el ministerio de Marlaska.
Y, ya puestos, tampoco estaría de más que, en este afán por que todo se aclare y todo se sepa, el ministro Óscar López contara de cuántas de las reuniones de Santos Cerdán con Leire Díez estuvo él informado, y si esa labor tan generosa que realizó Cerdán tratando de limpiar las causas judiciales para devolver al presidente las ganas de seguir gobernando, la hizo sin informar jamás de nada al jefe de gabinete de Sánchez, o sea, López, o manteniéndole enterado (para colgarse, de paso, la medalla: que Pedro sea fuerte, que estamos en ello, y el que pueda hacer que haga).
Querían desactivar investigaciones judiciales adversas y dieron pie a una investigación judicial aún mayor y aún más adversa. Qué gran trabajo de pocería. Le dice el hermano de Frollo a Clopin Trouillefou en la novela de Víctor Hugo: "Tanto te molestaba la llaga de la pierna que ahora te la has puesto en el brazo".