Monólogo de Alsina

Alsina señala el "tonito" con el que Sánchez responde a las preguntas de los periodistas: "Ahora solo toca la guerra"

El periodista de Más de uno critica de nuevo los movimientos del Gobierno para justificar la ausencia de Presupuestos Generales del Estado, usando como escudo el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Antes de ser la calle en la que estuvo la Federación Española de Fútbol, Alberto Bosch fue un alcalde que tuvo Madrid en la época de Cánovas y que había nacido en Tortosa. Y antes de ser diputado en Cortes y gobernador civil, Leopoldo Romeo había sido conocido por otros dos motivos: su afición a retarse en duelo con cualquiera por quien se sintiera ofendido y su labor de periodista crítico (o criticón) en 'La Correspondencia de España'.

El caso es que al joven Romeo no le gustaba un pelo la forma que tenía Bosch de llevar el ayuntamiento (y con razón, porque acabó renunciando por un escándalo en los presupuestos). Un día le dedicó un artículo tan furibundo, tan destructivo, tan brutal, diríamos hoy, que Bosch pidió a su secretaria que le enviara una caja de madera con una tarjeta dentro.

La recibió Romeo en el periódico y, viendo el remite, temió que aquello fuera a reventarle en la cara. Abrió el paquete y descubrió que era una caja de puros, de los buenos -habanos- de los caros. La tarjeta decía: "Estimado Leopoldo, los periodistas no dañan a los políticos cuando les critican. Cuando les dañan de verdad es cuando les olvidan". Bosch había leído la crítica y se había fumado un puro.

A Sumar habrá que reconocerle que, haciendo de la precariedad virtud, esté logrando que la prensa, a diferencia de los votantes, no se olvide de que existe. El viernes le peleó al presidente Sánchez el ninguneo al que la estaba sometiendo en esta crisis iraní y consiguió -menos da una piedra- que le permitieran redactar y aprobar un decreto en papel oficial pero biodegradable, el famoso papel que se guarda en el armario de broma del Consejo de Ministros para escribir en él los decretos que se sabe que serán papel mojado a la vuelta de un mes.

O sea, cuando el Parlamento, con su mayoría de derechas que representa a la sociedad (también mayormente de derechas) hará naufragar el decreto de izquierdas sobre los alquileres que según el ministro Bustinduy es imprescindible para proteger a las clases populares. El viernes llegó a decir en La Sexta que la parte socialista del Gobierno se pliega a los intereses de los poderosos y no defiende a la clase trabajadora (qué magnífica opinión tiene de su socio de Zumosol).

Sánchez no defiende a la clase trabajadora, según Sumar. Bueno sí, lo hace, pero solo cuando ellos se le plantan. Dices: a ver, no va a ser solo el PSOE quien se rearme el electoralmente al rebufo de la guerra en Irán. En su derecho está Sumar, asediada por ese portaviones arrollador que forman Irene Montero y Gabriel Rufián, España en vilo ante el desembarco de la nueva vieja izquierda de siempre.

España en vilo ante el desembarco de la nueva vieja izquierda de siempre

Ahora solo toca la guerra

El presidente llegó contrariado a la sala de prensa y pagaron su contrariedad los periodistas, a los que recriminó amablemente por empeñarse en preguntar por el plante de cinco de sus ministros. Salseo, lo llamó. A Ainhoa Martínez se le ocurrió mencionar que no hay precedentes de un consejo de ministros retrasado dos horas porque hay ministros que no entran y recibió una lección paternal, o paternalista, del señor (o varón) presidente.

El tonito, de nuevo. La periodista que pregunta por lo que tiene dicho el presidente que no es ni lo importante ni lo urgente. Como el día anterior en Bruselas, cuando osaron preguntarle por los Presupuestos.

A ver si nos enteramos de una vez de cuáles son los asuntos que hoy procede plantear al presidente del Gobierno y cuáles no. De Presupuestos, de resultados electorales, de ministros que naufragan como candidatos, no toca. Ahora solo toca la guerra. Bueno, en TikTok tiene hueco el presidente para hacer recomendaciones de libros y discos que de la guerra no van, pero en las ruedas de prensa, no. Solo la guerra. Que para eso se han aprobado rebajas en el IVA de los carburantes, el gas y la electricidad en sintonía, válgame dios, con el Partido Popular, que las había sugerido.

Tiene razón el presidente en que la crisis pinta grave y pinta larga. No más grave ni más larga que como siempre se previó que fuera si Estados Unidos decidía alguna vez atacar directamente Irán. Ese siempre fue el peor de los escenarios, el más temible, para quienes desde hace décadas analizan la situación de Oriente Medio y el impacto de todo tipo que tendría un choque armado entre la Casa Blanca y el régimen iraní.

Tiene razón el presidente en que el bloqueo de Ormuz y los ataques a las refinerías tienen un impacto de duración incierta en la inflación que amenaza de nuevo al mundo. Pero ocurre que el ataque americano-israelí fue el 28 de febrero y hasta el 17 de marzo el discurso de su Gobierno era bastante contenido: llamando a la tranquilidad y calculando que el efecto no sería tan grave como el de la invasión de Ucrania.

En la página dominical que El País reserva a informar a sus lectores de cómo se ve el Gobierno a sí mismo -fuentes gubernamentales dicen que- se revelaba ayer que en el Consejo de Ministros del martes Carlos Cuerpo hizo una exposición muy suave. "Vino a decir que las consecuencias serían leves si la guerra es corta y no puso ningún dramatismo", decía la crónica.

Ah, pero después habló el presidente y lanzó, leo, "uno de los discursos con más contenido político de fondo que le han escuchado sus ministros en estos ocho años (se entiende los que llevan ocho años, que son muy pocos)". Les dijo que todo indica que la guerra será larga -Carlos Cuerpo no se había enterado-, que hay que elevarse sobre el debate diario y hacer entender a los ciudadanos que el mundo puede entrar en una espiral imparable de guerras por culpa de Trump (en privado supongo que sí le llama por su nombre).

Y el colofón: que Sánchez quiere cambiar el eje de la discusión en España para hacer ver que su gobierno, con experiencia en crisis, es lo mejor que nos puede pasar ante este apocalipsis en el que mundo ha entrado, tenga o no tenga mayoría, tenga o no tenga Presupuestos.

De modo que sí, era lo que parecía. Que el martes, dos semanas después de empezar la guerra, el presidente protagonizó algo parecido a una epifanía y urgió a sus apóstoles a cambiar el discurso. Gravedad total, el mundo en riesgo, peor que la pandemia, como dijo dos días después María Jesús Montero -follower atenta-, y aquí está el gobierno anti crisis para salvarnos de la quema. Se agradece, porque es su obligación. Proteger a sus gobernados de los efectos de una guerra. Se explica la contrariedad del presidente al leer y escuchar esas crónicas que dicen que ha encontrado una nueva coartada para incumplir su obligación de presentar los Presupuestos.

Aquí está el gobierno anti crisis para salvarnos de la quema

Se agradece que al describir los efectos de esta guerra alguien se acuerde de quienes sufren directamente las bombas, no solo de los consumidores en Europa. Y se confirma que el presidente se niega a entender que lo que se le critica no es que aplace, ahora, la presentación de unos Presupuestos.

O que diga -y Carlos Cuerpo ya se ha contagiado- que se aplazan porque las cuentas del Estado tienen que estar ajustadas al contexto económico del momento (y a la vez, que con los que se aprobaron en 2022, hace cuatro años, nos apañamos estupendamente, bendita coherencia). Lo que se le critica es que no haya presentado Presupuestos en toda la legislatura, con guerras o sin guerras. Y que siga afirmando, como si fuera pecado no creerle, que por supuesto su gobierno va a presentarlos, por supuesto, cuando esa misma afirmación la hizo ya tantas veces y no la cumplió nunca.

Uno cosecha lo que ha ido sembrando. La guerra de Irán no es la coartada que se ha buscado el presidente para incumplir su palabra -es una guerra, en la región más sensible para el precio de la energía, en efecto-; no es la coartada porque nunca ha necesitado coartadas para ignorar olímpicamente la obligación que la Constitución le impone y apropiarse indebidamente de un debate que le corresponde al Parlamento.

La guerra pinta mal y la subida de precios pinta larga. Más si Irán cumple su amenaza de destruir todas las plantas petrolíferas de Oriente Medio y estrangular del todo Ormuz si Estados Unidos cumple su promesa de destruir las centrales eléctricas iraníes si mañana no queda reabierta la circulación de los barcos.

El Gobierno de España ha exigido que se reabra Ormuz y se preserven las plantas de producción de energía. Se entiende que es una exigencia tanto a Irán como a Estados Unidos. Y ha obtenido de ambos la misma respuesta. La exigencia -esto sí se veía venir- no ha sido atendida.