Monólogo de Alsina

Alsina señala "el riego real" del brote de hantavirus: "Los contagios secundarios"

El director de Más de uno ha hecho un repaso de la situación de la enfermedad, al tiempo que ha destacado el silencio de Margarita Robles tras la polémica por la cuarentena de su tripulación.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Ya que hoy cumple cien años David Attenboroug, la voz de la Naturaleza…esta mezcla de Gerald Durrell y Félix Rodríguez de la Fuente que es sello inconfundible de la divulgación en la BBC y la persona más popular del Reino Unido, contemos una historia de Attenborough. Que creyó ir a disfrutar de un crucero de lujo por el río Paraguay y a punto estuvo de no contarlo.

Era 1958 y el joven productor televisivo ironizaba con sus tres compañeros de equipo, muy británicos todos, de las comodidades que, a diferencia de embarcaciones anteriores, ofrecía el Cassel, en realidad un barquito de diez metros con cuatro literas y una lancha con motor fueraborda para adentrarse en los afluentes en busca de grabaciones prodigiosas.

Ocurrió que un día de aparente calma, en que Áttenborough y su camarógrafo dormitaban, el barco pegó un meneo que los puso en pie a ambos. Salieron a cubierta y se encontraron con el capitán y su ayudante pegándose gritos, como si fueran Valverde y Tchouameni.

Descubrieron dos cosas: la lancha se estaba hundiendo en el río -apenas asomaba ya el asiento- y que ni el capitán ni el ayudante sabían nadar. Fue el primer baño en el Paraguay de nuestro naturalista. Que, en su afán por salvar el programa que habían ido a grabar, rescató del naufragio el motor fueraborda y lo remolcó hasta la barcaza para poder usarlo con otro bote.

Áttenborough se había inventado un programa que consistía en ir a lugares remotos a buscar animales para el zoo de Londres, grabar toda la aventura y volver con imágenes nunca antes vista y con los bichos para llevarlos al plató, un formato inédito. Un autóctono les habló de un poblado de amerindios que eran muy duchos capturando animales, les transmitiría el mensaje de que buscaban armadillos y otras especies.

Un día después se presentaron dos jóvenes del poblado con excelentes noticias: el jefe de la tribu había atrapado un tucán, un oso hormiguero, tres tinamúes y un armadillo. Querían saber cuánto pagarían por ellos. En lugar de pagarles por traerlos se fueron Attenborough y el cámara hasta el poblado a hablar con el jefe de la tribu. Pero no estaba. Un hombre dijo: "Estará en el bosque". "¿Con nuestros animales?", preguntó el ingenuo David. Todos se rieron mucho y él no entendió nada.

El jefe tardó todo el día en aparecer. Llegó solo y sin carga. "¿Dónde está el armadillo?", preguntaron los ingleses. "El armadillo se escapó". "¿Y el oso hormiguero?" "Ah, el oso se murió". "¿Y el tucán?" "Al tucán se lo comió un halcón"."¿Y los tres tinamúes?" "A esos es imposible pillarlos". David Attenborough no alcanzó a saber por qué los amerindios les habían vacilado, pero Charles Lagus, el cámara, sospechó que era una especie de escarmiento por pedir imposibles y fiarse de cualquiera. "Hemos sido castigados", dijo muy serio, "por hacer preguntas tontas".

Preguntas tontas

Al director de Salud Pública del gobierno de España le preguntaron ayer si es verdad que el crucero Hondius viaja con el cadáver de una pasajera en la morgue. Y él respondió que así es, pero que todo el mundo puede estar tranquilo porque el desembarco de la mujer muerta no se hará a la vez que el de los pasajeros vivos, y que hay un protocolo muy trabajado porque en los barcos se muere mucha gente.

A la directora de Protección Civil del Gobierno de España le preguntaron ayer si lo tiene todo preparado para el desembarco cuando el barco fondee. Y respondió que así es, que por supuesto que sí, que ni un solo pasajero podrá eludir el control ni bajar por su cuenta al mar, y que ella está deseando de que lleguen.

A la ministra de Sanidad del Gobierno de España le preguntaron ayer si la cuarentena que ella misma anunció para los catorce españoles que vienen en ese barco se hará respetar o si podrá pasar olímpicamente de guardarla el pasajero que no quiera que lo aíslen. Y respondió que sí, o sea, que no. Que está segura de que voluntariamente los catorce se querrán aislar y que si no quieren, les va a dar igual porque si no, ya me dirás tú para qué sirve una cuarentena.

Al ministro de Justicia del Gobierno de España le preguntaron ayer por qué la ministra de Defensa dijo que el aislamiento en el Gómez Ulla sería voluntario, si un aislamiento voluntario carece de sentido porque equivale a perder el control. Y respondió… Respondió que Margarita Robles quería decir lo contrario de lo que dijo.

A la ministra de Defensa nadie le preguntó ayer nada porque no hubo ocasión. Guardó silencio tras su incursión en terreno ajeno y evitó volver a avisar a los pasajeros del barco de que nadie puede obligarles a guardar cuarentena si ellos no quieren. No parece un secreto que el problema que le ha creado al Gobierno este debate inoportuno sobre si el pasaje de un barco infectado con un virus letal puede hacer de su capa un sayo le ha reportado a la ministra Robles el alejamiento del resto de sus colegas del Gobierno. Como si el aislamiento hubiera empezado por ella.

Gresca política infecciosa

Cuarenta horas después de pedirlo, o exigirlo, en este programa, el presidente canario Clavijo recibió ayer la llamada del presidente Sánchez para frenar el brote de desconfianza contagiosa que ha surgido entre ambas administraciones y evitar que la opinión pública concluya que a Canarias no le importa nada la suerte de los pasajeros y a la Moncloa no le importa nada lo que piensen o dejen de pensar los canarios.

La gresca política es infecciosa, el sentimiento de agravio también se incuba -que se lo coma Canarias- y hace bien el presidente en corregir el rumbo y levantar el teléfono. El miércoles ya se le concedió a Clavijo no internar al médico del barco infectado en el hospital de la Candelaria -se lo llevaron directo a Amsterdam alegando que había mejorado de pronto- y ayer se le concedió a Clavijo que el barco no toque un muelle canario: fondeado a distancia y desembarcando vigilados.

No vaya a parecer que el pasaje baja por su cuenta, se dispersa por la isla y ya la tenemos liada. Con todo y con eso, el personal del puerto de Granadilla amaga con un paro en protesta por no haber sido oportunamente informado. Bueno, uno de los sindicatos que representa a trabajadores de puertos. Otro se da por enterado de que el barco no llegará hasta el muelle y dice tenerlo todo claro. Qué complicado es esto de acoger un barco con hantavirus. Con razón deben de sentirse los pasajeros, escuchando algunas reacciones, como si fueran apestados.

Como ya explicamos ayer, lo más preocupante de este brote no es lo que sucede ya en el barco, sino lo que pueda estar sucediéndoles a personas que viajaron en él y a las que la Organización Mundial de la Salud no tiene todavía controladas. Se sabe de dos casos que elevan la preocupación porque son personas infectadas no por haber ido en el barco sino por haber compartido vuelo con ex pasajeros.

Una persona que está en aislamiento en Canadá y que voló en el mismo avión que un viajero del Hondius que volvía a casa. Y una azafata de KLM que estaba en el avión al que subió la viuda del primer pasajero fallecido: la viuda embarcó, pero a los pocos minutos tuvo que ser evacuada sin llegar a despegar porque se encontraba muy mal.

La azafata que la atendió está infectada y se ha avisado a todos los pasajeros de ese vuelo para que tomen precauciones y se hagan examinar por los médicos. Este es el riesgo real de un brote infeccioso, los contagios secundarios. Y como nos contó a comienzos de semana un doctor argentino especializado en hantavirus, la cepa Andes es la única que se contagia de persona a persona y sin necesidad de intercambio de fluidos, por vía aérea. Y esta es la cepa que ha causado el brote y que nos ha retraído a todos a aquellos días en que íbamos aprendiendo sobre la marcha sobre virus, infecciones y contagios.