Alsina resta importancia a las especulaciones sobre una hipotética moción de censura: "El Gobierno está un poco como siempre ha estado"
Carlos Alsina cree que la reunión de Puigdemont del próximo lunes se debe a una intención de mantener la intriga y disparar las especulaciones, pero es realmente Puigdemont el que está en "las últimas".
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia. (Es muy corta, ya verán).
El doctor Letamendi, médico políglota, matemático y filósofo, pintor y pianista, fue requerido de urgencia para visitar a un paciente que, en apariencia, sufría de una dolencia grave. Barcelona, 1860. Se personó el doctor en el domicilio del doliente y fue informado por su esposa de que había sufrido una crisis: primero las convulsiones, después, desfallecimiento. Tan débil lo veía la señora que preguntó: ‘¿Fallecerá, doctor?’ ‘En absoluto’, respondió Letamendi, ‘estese usted tranquila que si no se le repite el ataque enseguida estará restablecido (en catalán, refetet)’.
Marchó el médico dejando aliviada a la esposa y, a la vuelta de unas horas, volvió a ser requerido. El paciente había sufrido otra crisis. Personado el doctor, y examinado el enfermo, movió la cabeza resignado y anunció su diagnóstico: ya no había remedio, su vida acabaría en cuestión de horas. La esposa, entonces, más contrariada que dolida, le abroncó ante toda la familia. ‘¡Me aseguró que se repondría, qué clase de médico es usted!’ Y Letamendi, herido en su orgullo, le dio réplica: ‘Señora’, le dijo, ‘por la mañana estaba restablecido, pero ahora lo que está, con perdón, es bien jodido’. O en catalán, ‘si antes estaba refetet, ahora está refotut’.
La historia la contó en La Vanguardia, el pasado mayo, Lluis Permanyer, escritor, periodista, cronista y memoria de Barcelona, fallecido ayer de un infarto. Autor de una obra constante, e inabarcable, de sesenta años a la que aún le quedan los once artículos que dejó entregados a su periódico y que aún están por ser publicados. Amigo y compañero de tertulia de Eduardo Mendoza, a quien hoy le entregará en Oviedo la Princesa de Asturias el premio de las letras de este año.
Enésima crisis que sufre el Gobierno
El ojo clínico que se atribuía a sí mismo el doctor Letamendi, y del que echaba pestes Pío Baroja, habría sido petróleo para las tertulias periodísticas de estos días -la de hoy, la del lunes, la del martes- estando, como estamos, ocupados en diagnosticar el estado de salud política del achacoso Pedro Sánchez y su gobierno de combustión. Afectado por la enésima crisis que sufre de fatiga de materiales, es decir, de amago de resquebrajamiento si le caen los puntales que lo tienen malamente entibado.
otra vez tenemos al país pendiente de lo que diga o deje de decir la antigualla política a la que Sánchez coronó como árbitro de la gobernación de España, Carles En Fuga Puigdemont
Traducido: que otra vez tenemos al país pendiente de lo que diga o deje de decir la antigualla política a la que Sánchez coronó como árbitro de la gobernación de España, Carles En Fuga Puigdemont. Y que, versionando al doctor Letamendi, se trata de saber si Sánchez está refetet o está refotut.
Queremos cumplir, le hace saber el investido, que fue Sánchez, al medio amnistiado, que fue Puigdemont. Queremos cumplir, pero es que hay cosas que no dependen del gobierno. Por ejemplo, las reformas legales que dependen del Parlamento. Bien saben ambas partes que dependen del Parlamento: el gobierno, porque encadena derrotas y Junts, porque debe a sus siete diputados (de 350) todo el poder que el PSOE quiso darle hace ahora dos años.
En Bruselas, sí. O sea, fuera de España. En el pacto que firmó con Puigdemont, bajo una fotografía gigante de una urna del primero de octubre, aquella figura política de talla inconmensurable a la que Sánchez encomendó la embajada en Waterloo y el gobierno de Ferraz, qué tiempos aquellos en que el hombre más aplaudido, admirado y adulado en el PSOE era Santos Cerdán.
El acuerdo de legislatura, que dijo Super Santos, lleva muchos meses gripado. La señora Nogueras hizo un juego de palabras en el Congreso, cambio de hora, hora de cambio, y puso en guardia al PSOE. El PSOE, en guardia y el PP, soñando. Ahora Puigdemont convoca a su tropa menguante en Perpiñán el lunes y deja que se disparen las especulaciones.
Políticamente es él quien está en las últimas, pero el suspense y la intriga aún es quien mejor lo maneja. Sin moción de censura no hay gobierno que caiga y moción de censura no se vislumbra. Pero Junts está en lo que está. Hacer sufrir a Sánchez. ¿Cómo dijo hace dos años? Hacerle mear sangre, con perdón y con permiso del doctor Letamendi. ¿Refetet o refotut?
Al PNV, desplazado por Junts en el papel de costalero exprimidor, le parece ahora -con el Presupuesto prorrogado y vuelto a prorrogar- que gobernar sin Presupuestos nuevos no es gobernar.
Y por eso no descarta que haya elecciones generales el año que viene. Pero vamos, no las descarta Aitor Esteban porque para qué las va a descartar si él tiene la misma información sobre los planes de Sánchez que usted, que Patxi López o que yo, o sea, cero información.
El gobierno está un poco como siempre ha estado
Ni refetet ni refotut. Ni en plenitud, ni al borde del colapso. El gobierno está un poco como siempre ha estado. En desacuerdo intermitente consigo mismo -Sumar pidiendo que dimita una ministra socialista-y afectado de su aluminosis fundacional.
La primera gran desinformación de esta legislatura tuvo como autor al presidente Sánchez, cuando sostuvo que la hipoteca que le firmó a Junts era la única forma de evitar el gobierno del PP y Vox. En realidad, el PP y Vox no iban a gobernar porque no les salían los números -la investidura de Feijoo ya fracasó- y la alternativa para el PSOE era hipotecarse a Junts o ir a las urnas de nuevo. No se atrevió con las urnas y amarró la hipoteca y la amnistía. Lleva dos años intentando que le quieran y gobernando a duras penas.
El doctor Letamendi, por cierto, era un gran promotor de la helioterapia. Dícese de curar los males con baños de sol. Ignoro si vale para los males de la política, pero la terapia consistía en pasearse, por el jardín, en cueros. Desnudo, como el emperador del cuento.
Balada triste de los dos gerentes. Salió floja la jornada taurina en el Senado. El gestor de la caja del PSOE en tiempos de Ábalos, promocionado por Sánchez y por Adriana Lastra, Mariano Moreno Pavón, buscó desde el primer minuto el burladero y ahí se quedó. No abrió el pico. Parapetado en la coartada que él mismo se había construido para justificar el ninguneo a los senadores, esto de que como va la semana que viene al Tribunal Supremo, en el Senado no dice ni mu.
Por respeto al Tribunal Supremo. Hombre, y el respeto al Senado dónde queda. Que no está usted imputado, ni investigado, va usted como testigo. Nada tiene de irrespetuoso responder en todas las instituciones donde se le pregunten cosas. Como si el juez del Supremo fuera a tomarse a mal que se hubiera dejado interrogar antes por otros que por él. El juez no quiere una primicia, sólo quiere que se le cuente la verdad.
Moreno Pavón no respondió una sola pregunta, hizo ver que no atendía a algunos senadores y se hinchó a tomar notas cuando hablaban otros. Tantas notas tomó, que se quedó sin folios y pidió más. El ex gerente pidiendo folios. Dices: mira, como Ábalos para la impresora de su residencia oficial: ‘Acuérdate de traerme folios, Koldo’.
Por la tarde compareció la gerente que hay ahora, señora Fuentes. Que, al menos, tuvo el detalle de contestar a los senadores.
No es tan difícil decirlo, ¿ves? Todos los ingresos son lícitos. Palabra de gerente. Incluso las pesetas que se pagan (ahora) por transferencia son intachables (pesetas no serán, esto quedó viejuno). Añadió la gerente que el cash llega al PSOE desde el banco en remesas que lleva una empresa de transportes, no es que ella vaya al cajero a sacar dinero para tener en caja. Y que cobrar, cobran gastos de representación quienes tienen derecho a hacerlo, que deben de ser muchos porque dice que ella no alcanza a saberlo todo. Pero que sí sabe que bajo su gestión, desde finales de 2021, Pedro Sánchez no ha pasado gastos.
Siendo presidente del gobierno, Sánchez no ha pasado gastos al partido, ni de comidas ni de viajes. El secretario general no gasta. Y es comprensible. Porque incluso cuando viaja a algún acto de partido, y aunque el viaje sea puramente partidista, el medio que emplea para trasladarse corre a cargo del gobierno. Otra anomalía normalizada: los viajes del secretario general del PSOE no se los paga el PSOE. Se los pagamos entre todos.