Alsina cuestiona la relevancia que Feijóo da a los archivos del 23F: "Ya sabían que el motivo de que el rey resida en Abu Dabi no es por lo de 1981 ¿no?"
El director de Más de uno ha enumerado las diferentes preguntas que deja la posible vuelta de don Juan Carlos a España: sobre su lugar de residencia, su papel en actos públicos o la remuneración con la que puede contar.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. El joven terminó de frotar con la manga de su camisa la botella y, como le habían contado, se le apareció el genio. "¿Eres el famoso genio de la botella?", preguntó. "¿A ti qué te parece?", respondió zumbón el recién aparecido."Anda, procedamos, pide un deseo".
El joven no tuvo que pensarlo porque sabía bien o que anhelaba. Dijo: "Mi deseo es que regrese mi maestro". "¿Regrese de dónde?", inquirió el genio, que para ser un genio no estaba muy al tanto de nada. "Que regrese del lugar al que marchó", aclaró el joven, que era tan joven como parco. "¿Y a dónde marchó?", preguntó el genio, más por curiosidad que porque les sirviera de algo saberlo. "A la isla de Nurai". "La isla de Nurai, ¿y eso dónde está?" "En Abu Dabi".
Retomó entonces el genio la tarea y dijo: "Formula, joven, tu deseo de manera clara". "Deseo que mi maestro regrese a pasar aquí los últimos años de su vida". "¿Que vuelva aquí, eso es lo que deseas?""Sí, genio, eso es lo que deseo". "Ya, pero… soy el genio de la botella, hombre, aprovecha". "Que aproveche, ¿para qué?""Para pedirme algo que sólo yo pueda conseguirte". "Es que deseo su regreso". "Ya, ya, pero eso… perdóname pero eso… pídeselo a él. ¿No?"
Procedo ahora a leer la página 321 del libro de Juan Carlos de Borbón 'Reconciliación': "La prensa inventó el término rey emérito, o el emérito a secas, para evitar confusiones entre mi hijo y yo. No me gusta esta designación. No es prestigiosa. La Casa del Rey debería inventar un título distinto, algo equivalente a rey padre".
En atención a este escritor, evitaré decir en adelante el emérito y en su lugar diré 'el rey padre'. El rey padre podrá sentirse hoy reconfortado al leer la prensa, al menos los diarios más de su agrado, y comprobar que, por segundo día consecutivo, se ocupan de su persona.
Si ayer lo era para concluir que los papeles reservados del 23-F avalan la verdad que él siempre defendió -tuvo en su mano elegir, y eligió abortar el golpe- hoy lo es para hacerse eco del deseo expresado por el líder del primer partido del país, apelando a la reconciliación (mira, como el título del libro), para que regrese a España a vivir aquí la última etapa de su vida.
Vivir, ¿dónde, por cierto? ¿En la Zarzuela, con despacho, con agenda oficial, con participación en actos institucionales? Ay, las preguntas. Podrá sentirse hoy reconfortado rey padre al comprobar cómo el esfuerzo que viene haciendo desde agosto de 2020 para ser visto como víctima y reo del extrañamiento al que lo tiene, según él, sometido su hijo obligado por el Gobierno -preso doliente en Abu Dabi, desde donde escribe- ha hecho fortuna en algunos ámbitos políticos y, al rebufo del 23F, quién lo habría dicho, hoy rinde fruto.
Página 371 del libro de Juan Carlos de Borbón 'Reconciliación'. Leo: "No sé si el sacrificio personal de mi salida de España ha sido apreciado en su justo valor. Llevo a España muy dentro de mí aunque todavía hoy mis breves visitas a España estén sujetas a la aprobación de la Casa del Rey porque, no habiendo sido nunca dueño de mi destino, sigo sometido a los mejores intereses de la Corona".
El libro, en lo que se refiere a Abu Dabi, cae siempre en este doble discurso. El hombre que se describe a sí mismo como mártir sacrificado que, en aras de ayudar al hijo y fortalecer la Corona pone voluntariamente tierra de por medio, y el paria, injustamente castigado, al que no se permite volver a hacer su vida en España. Cuando conviene, la decisión de alejarse fue suya y así le debe ser reconocido (un servicio a la Corona); cuando conviene, las decisiones que le afectan las toman otros y así debe ser denunciado (flaco servicio a la Corona).
'Marginado', se titula el capítulo 4. En él se incluye este encomiable alarde de lealtad a la institución y al rey hijo que hoy la encarna, cuando revela rey padre que la carta que se hizo pasar ante la opinión pública como suya era una imposición drástica del hijo que se redactó en Madrid y se le obligó a firmarla en Abu Dabi sin derecho a tocar una coma. La carta en la que se decía que rey padre prefería seguir residiendo en Abu Dabi por razones personales y que si en un futuro trasladara su residencia a España, su vida y lugar de residencia serían por completo privadas.
"Me sometí a las exigencias mientras mi ostracismo se prolongaba". Dejar al hijo por insensible y por despótico, dejarle como tramposo que fabrica cartas para que firmen otros. Pura lealtad del rey caído a quien tuvo que asumir seis años antes, por decisión de un padre a la deriva, la tarea de levantar del suelo la corona de España y restaurar el aprecio social que la jefatura del Estado, en los años anteriores, había dilapidado.
Si hoy la Corona disfruta en España de índices de apoyo muy superiores al resto no es por lo que don Juan Carlos hizo el 23F (que lo hizo bien, y así le fue reconocido cuando tocaba) sino por el trabajo de reconstrucción al que desde 2014 (y especialmente desde 2020) se han entregado los reyes de ahora, rey hijo y reina nuera. El trabajo de reconstrucción que rey padre, a base de mensajes a personas afines para que sean difundidos, versiones interesadas, insidias, libros de memorias, duelos y quebrantos, tantas veces ha torpedeado.
Es natural que un hombre de 88 años que fue crucial en el tránsito de su país de una dictadura casposa a la modernidad europea y democrática desee terminar sus días en casa. Nada tiene de extraño que un dirigente político, o varios, lo deseen también, incluso que alerten de la anomalía que, a su juicio, supondría que don Juan Carlos muriera fuera de España -si se permite la broma, en España lo anómalo es que un Borbón muera dentro-.
Pero desear que el rey padre vuelva y exponerlo como si fuera una decisión no suya, sino del Estado, supone hacer recaer sobre el rey de verdad, que es el de ahora, el peso de la responsabilidad de que su padre siga fuera. Quienes piden que don Juan Carlos vuelva, ¿a quién, en realidad, se lo están pidiendo? Quienes dicen "sería deseable que regresara", ¿a quién, en realidad, se lo están diciendo?
Quienes piden que don Juan Carlos vuelva, ¿a quién, en realidad, se lo están pidiendo?
El problema de que el rey padre resida en Abu Dabi es un problema, ¿para quién, o quiénes? El regreso a España consiste sólo en eso, volver, ¿o en volver a vivir en la Zarzuela, volver a tener un estatus, volver a despachar con gente, volver a tener sitio en los actos institucionales? ¿El problema es que esté en la isla de Nurai, o el problema es reabrir la cuestión de si se viene o se queda?
Ayer sucedieron dos cosas dos cosas muy inusuales. La primera, que un dirigente político, líder del primer partido del país, comunicó previamente a la Zarzuela que iba a exponer en un tuit su deseo de que don Juan Carlos regrese aprovechando el calor de los papeles del 23F. Qué iba a hacer la Zarzuela sino darse por enterada, gracias por informarnos, diga usted lo que vea oportuno, sólo faltaba.
Dos, que la Casa del Rey quiso que se supiera que don Juan Carlos ni está desterrado, ni está exiliado, ni está nada: puede regresar cuando él quiera. La Casa del Rey no dijo que su aclaración fuera una respuesta, o réplica, al tuit de Feijóo, pero de no haber habido tuit de Feijóo la Casa del Rey, parece obvio, no habría dicho ayer ni media. El Gobierno dijo a mí, que me registren, no es mi competencia. Pero Feijóo sostiene que el Gobierno debe tomar postura: ¿a favor o en contra del regreso? ¿Y la Zarzuela, debe tomar postura también, su don Juan Carlos sabrá supone para alguien un problema?
Los asuntos que de verdad importan
Encontrarle la lógica a la vida pública española se ha vuelto cada vez más difícil, hay que admitirlo. Tras el notable esfuerzo que hizo el PP para no caer en el juego del gobierno dando aire a los papeles del 23F que, como explicó a sus votantes, era una ocurrencia-cortina de humo con la que Sánchez pretendía colgarse la medalla de haber parado el golpe, tras un esfuerzo tan notable para impedir que la sociedad dejara de hablar del DAO, de los trenes, de Marlaska, de la debilidad extrema del gobierno corrupto e ineficiente, fue el PP quien ayer dio relevancia máxima a los papeles desclasificados hasta el punto de basarse en ellos para pedir el regreso de don Juan Carlos consiguiendo que se hablara más de Abu Dabi que del doble naufragio parlamentario que encajó el gobierno abandonado por Junts, sin escudo social y sin prohibición de desahucios.
Reivindicar a rey padre como demócrata convencido que eligió Constitución frente a insurrección armada tenía ayer todo el sentido al rebufo de los documentos revelados. Pero esos documentos sólo habrán despejado dudas a quienes las hubieran tenido, que no es el caso de Feijoo y otros muchos dirigentes.
Ya sabían que el rey no era uno de los golpistas, ¿no? Ya sabían que el motivo de residir hoy en Abu Dabi no guarda relación alguna con 1981. Si lo tiene escrito don Juan Carlos en su muy comentado libro (y muy poco leído). "Majestad, querido Felipe, te comunico mi decisión de trasladarme fuera de España guiado por el convencimiento de que así presto el mejor servicio a los españoles facilitándote el sosiego que tu alta responsabilidad requiere". O traducido: "me voy porque sé que aquí, molesto".
Sucedió cuarenta años después del golpe de Estado que él abortó. El rey (padre) no se fue de España por nada relativo al 23F. Se fue por la fundación Lucum y la fundación Zagatka, que no fueron errores, o traspiés, sino tapaderas para ocultar dinero en Suiza y eludir el pago de impuestos en España.
Y que salpicaron al rey Felipe al haber sido designado, sin su conocimiento, como beneficiario de la fortuna oculta de su padre. Don Juan Carlos no es víctima de su hijo. Es víctima de sí mismo. Y sólo la agilidad, convicción y determinación del hijo evitó que él también se viera arrastrado por la deriva suiza del padre. Arrastrado él y arrastrada, con él, la corona de España. Si el rey padre quiere volver, que vuelva. Que vuelva, pero que no enrede.