Opinión

Alsina, contundente sobre la comparecencia de Sánchez en la comisión Koldo del Senado: "Falsas investigaciones como coartada para eternizar pugnas políticas"

Carlos Alsina ha destacado la ineficacia de las comisiones de investigación "que no investigan nada" y en las que el conflicto político es el protagonista, como la que protagonizará el presidente del Gobierno.

Carlos Alsina

Madrid |

En su labor documental, impagable, sobre las peculiaridades ibéricas, Luis Carandell recogió hace cincuenta años el cartel que puso un ayuntamiento del norte en las casetas habilitadas en la playa, con ducha, para asearse antes y después del baño. Se trataba de recordar al personal su compromiso con la higiene pública y la responsabilidad no sólo de no ensuciar, sino de denunciar todo rastro de suciedad ajena que advirtieran.

Y decía así el cartel: 'Seamos limpios. Todo bañista denunciará la porquería que encontrara al entrar en la cabina. Después no caben pretextos'. Y añadía, metiendo aún más presión: 'Quien faltara a su obligación de denunciar, será castigado con multa de dos pesetas por pretenderse aseado habiendo estado rodeado de fango'.

El cartel podría haberse llamado porquería por omisión. O cómo de responsable es el bañista que, sabiendo de las malas artes de sus colegas, les deja hacer sin señalarles. No te digo ya si es el bañista jefe y los sucios que se han estado bañando con él eran subordinados suyos.

En una hora está sentándose Pedro Sánchez en la silla que el Senado reserva para los interrogatorios. No le ponen un foco en la cara a quien comparece, ni hace falta que le lean sus derechos, pero de eso va la cosa. Se le llama comparecencia pero los senadores allí presentes, experimentados sabuesos de la investigación parlamentaria (es ironía), se toman estas sesiones como interrogatorios policiales. O mejor, como si cada uno de ellos fuera Perry Mason y con cada repregunta certera fuera a ir empujando al acusado hasta el patíbulo.

Comparece el presidente en el Senado, llevado a rastras por el PP y tal como anunció el señor Núñez Feijóo hace ahora veintidós días. Lo anunció Feijóo en el Congreso porque sus senadores hacen lo que él diga en el Senado. Y evitó decir de qué comisión de investigación se trataba porque solo en mencionar su nombre se le habría ido todo el turno de palabra.

Son sesenta y dos palabras. Sesenta y dos palabras hicieron falta para describir el ámbito de esta comisión, miren: 'Comisión de investigación sobre los contratos, licencias, concesiones, ayudas y otras operaciones del gobierno y del sector público, relacionadas con la intermediación de Koldo García Izaguirre y con las demás personas vinculadas a la trama investigada en la Operación Delorme y respecto a los presuntos delitos relativos a la corrupción que tengan una relación, directa o indirecta, o conexión con las mismas'. Tela, ¿eh?

O sea, la comisión Koldo. 'Operación Delorme' es el nombre de la investigación judicial, cómo empezó todo. Las mascarillas, quién se acuerda. Pero luego han ido apareciendo tantas bifurcaciones y caminos nuevos -que si licitaciones, que si Ábalos y sus amantes, que si viajes y vacaciones, que si Cerdán, para el PSOE ahora innombrable- que la comisión es un cajón de sastre en la que cabe desde Jéssica a Patricia Úriz pasando por el ex gerente.

Hoy va Sánchez como lo que es. Máximo responsable del partido en el que Ábalos y Cerdán alcanzaron el virreinato por voluntad expresa de su jefe, o sea, Sánchez. Y presidente del gobierno en el que Ábalos se desempeñó como el ministro con más peso político, mayor intimidad con el presidente y más voluminoso presupuesto que repartir en adjudicaciones por expresa voluntad de su jefe. O sea, Sánchez.

A diferencia de otros comparecientes anteriores, él no está siendo investigado en el Supremo ni ha sido citado nunca por el juez Puente, de modo que no utilizará el comodín del Supremo para permanecer mudo, como hizo la semana pasada, con gran desahogo, su ex gerente. El propio Sánchez confirmó la semana pasada que respondería, con aquel tono raro que le salió la noche del jueves en Bruselas cuando le preguntó una periodista.

Otra cosa es lo que para Sánchez significa responder a una pregunta. Tampoco somos nuevos. Es un compareciente escurridizo, habituado a pasar olímpicamente de lo que se le pregunta y ser él quien inquiere, emplaza o imputa a quien tiene enfrente. Por eso hay apuestas esta mañana sobre cuánto tardará en decir sobresueldos (del PP), caja B (del PP), caso Gurtel (del PP) o M. Rajoy (del PP).

Hay apuestas esta mañana sobre cuánto tardará en decir sobresueldos (del PP), caja B (del PP), caso Gurtel (del PP) o M. Rajoy (del PP)

Y hay apuestas sobre quién le preguntará en nombre del PP. Que ésa es otra. No han querido revelar los de Feijoo cuál de sus senadores o senadoras tomará la palabra, si será Perry o será Mason. Y además de apuestas, pues hay spoilers. El que ha querido hacer Rufián, por ejemplo, que confía tanto en su colega el senador de Esquerra, Joan Queralt, que da por hecho que Sánchez saldrá indemne.

Si tan malos son los del PP, que se encargue el de Esquerra de apretar a Sánchez. Ah no, que el tiempo aquel del "jure y perjure que usted no sabía nada" ya pasó. El tiempo aquel de "cómo no iba a estar enterado usted de quiénes eran Ábalos, Cerdán y Koldo si los tres fueron sus compañeros de viaje" ya pasó. Esquerra no es Junts, sigue incrustada en el bloque de investidura que da por bueno que el mentor de Ábalos y Cerdán, mentores a su vez de Koldo, vivió ocho años en la inopia.

El secretario general que nunca se enteró de nada. Ni de los gastos abultados de su lugarteniente Ábalos, de la forma de conducirse de éste y Koldo, ni de la alfombra roja que le habían puesto en el ministerio a Víctor de Aldama, ni del interés de Santos Cerdán -hombre de confianza de Sánchez- en las licitaciones de obra, ni de la facilidad con que el gerente de su partido abonaba dinero en efectivo por gastos bien poco fiscalizados.

Un coladero en las cuentas del PSOE

El ex gerente Moreno Pavón, recuperado de su penoso enmudecimiento, se animó a contarle ayer al juez del Supremo la interesante forma de proceder que tenía el PSOE (tenía o tiene, porque es cultura organizativa, dijo) con los pagos en efectivo. O cómo se daba por bueno todo lo que pasaba al cobro el tal Koldo, sin verificar más que el tique fuera un tique, se metían los billetes en un sobre y ya vendría alguien a recogerlo.

O traducido: que la secretaría de organización venía a ser como una entidad autónoma, integrada por la gente de Ábalos y Koldo -cuántos serían-, que pasaba gastos como tal secretaría sin que nadie le pidiera que justificara qué persona había abonado cada tique y a quién había que reembolsarle entonces cada gasto. Un coladero. Que dice Koldo que estos son los gastos del equipo Ábalos, que dice el gerente que vale, que la secretaria mete el dinero en un sobre y que lo puede recoger el propio Koldo, o la mujer de Koldo, o el hermano de Koldo.

Dices: ¿y no podía recoger el sobre alguno de esos empleados de la secretaría de organización que tanto comían y tanto viajaban? Pues no parece. Todo era Koldo. El mismo que comentaba con su esposa cuántos billetes iban en el sobre y cuánto se destinaba a pagar los gastos de Jose, o sea, Ábalos. O sea, el ministro del Gobierno de España.

"¿Y por qué en efectivo y no por transferencia?", quiso saber el juez. Ah, porque ya se hacía sí. Mira tú. "¿Y alguien se quejó de los gastos elevados de Ábalos?" Respuesta del ex gerente: "No me suena". No me suena, como si fuera la música de una canción que no terminas de reconocer. Y si se decidió, 2021, empezar a pagarlo todo por transferencia, preguntó el fiscal a la secretaria Celia Rodríguez, ¿por qué hay quince pagos en efectivo a Santos Cerdán? Respuesta: "Pues es que no los recuerdo". Vaya por dios, mala suerte de nuevo. Título de la película: 'Si esto es un gerente…'

Título de la película: 'Si esto es un gerente…'

Para ser el PSOE el partido de Gobierno que predica la trazabilidad de todos los gastos de los contribuyentes, este sistema tan elástico de pasar gastos, tan parecido a un coladero es una pura contradicción con todo lo que el Gobierno de este partido ha venido recetando al resto de España. Que la número dos de este partido sea la ministra de Hacienda parece una broma pesada. Pero el secretario general insistirá hoy en que todo fue legal, y lícito, y trasparente.

Defina usted transparente. Porque hasta esta semana no habíamos tenido noticia de estos otros pagos, cuatrocientos mil euros abonados en los últimos años a personas no identificadas -a ver, si es que no se identificaba a nadie: pasan gastos las secretarías, a saber quién recibía-; tanta auditoría y tanto Tribunal de Cuentas pero resulta que toda esta información que siempre ha tenido el PSOE no ha querido soltarla hasta ahora.

El secretario general que siempre estuvo en Babia volverá a presumir hoy de haber asumido la responsabilidad que le compete. Porque, para Sánchez, asumir responsabilidades es hacer que las asuman otros -apartar a Ábalos, repudiar a Koldo, defenestrar a Cerdán- sin que él pierda un ápice de ninguno de los poderes que acumula. Nunca asumió una responsabilidad que le afectara, en realidad, a él. Le engañaron, le torearon, le traicionaron.

A una hora de que empiece el interrogatorio, y por si a los senadores pudiera iluminarles, el cartel aquel de las casetas de una playa del norte incluía aún ese otro añadido. Decía: 'Aquí sólo se deja uno la porquería que lleve sobre la piel. La que lleve dentro de su cuerpo mejor que la deje fuera'. Que aplicado a un interrogatorio en el Senado vendría a significar que los senadores van a velar por la higiene pública y no, con perdón, a cagarse en el adversario político.

Los senadores van a velar por la higiene pública y no, con perdón, a cagarse en el adversario político

Porque lo de hoy sí servirá para una cosa: constatar que las comisiones de investigación no investigan nada y que a los comparecientes se les cita no por lo que puedan aportar a la investigación (que no existe) sino por si se les pudiera hacer pasar canutas para solaz de los adversarios e incomodidad de los afines. Falsas investigaciones como coartada para eternizar pugnas políticas.

En la calle de un pueblo extremeño, hace muchos años, el propietario de un negocio, cansado de que confundieran su actividad con la de un local cercano, colgó un letrero con la siguiente advertencia: "Quien quiera hacerse un traje, aquí es una barbería".