Alsina, sobre el asalto al Louvre: "Un robo de novela, o de película. O, si no se malinterpreta, un robo de fábula"
Carlos Alsina analiza en Más de uno el atraco a plena luz del día del Museo del Louvre en el que los ladrones se llevaron joyas de incalculable valor, digno de las mejores aventuras de Arsene Lupin.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia. Sucedió hace viento veinte años en uno de aquellos trasatlánticos que cruzaban el océano y que acababan de estrenar el último grito en la tecnología de la época: ¡el telégrafo!
El segundo día de viaje, a quinientas millas de la costa francesa y una tarde de fuerte tormenta, el telégrafo transmitió un aviso enviado desde tierra y que solo debía ser comunicado al capitán del buque. Decía así: "Viaja a bordo famoso ladrón buscado por la policía. Primera clase, cabello rubio, herida en el antebrazo derecho, se registró con el nombre falso de…" Se interrumpió la corriente y el mensaje quedó incompleto. Del nombre falso sólo pudo recibirse la primera letra: una 'R'. Qué misterio, eh.
El resto de este relato que escribió Maurice Leblanc en 1905 narra la pesquisa para descubrir cuál de los pasajeros cuyo nombre empieza por erre es el famoso delincuente. Y, naturalmente, quien parece que va a ser resulta no serlo y quien parece descartado resulta que era. Entretanto, el ladrón fuerza la puerta del camarote de lady Jerland, a plena luz del día, y en un pasillo muy frecuentado, y se lleva una estrella de diamantes, un colgante de rubíes, varios collares y varias pulseras. Todo, de un valor incalculable.
El título del relato es 'La detención de Arsene Lupin'. Primera entrega de las aventuras del caballero ladrón, experto en asumir identidades falsas y aficionado a dejar pistas de sus robos, que en España siempre fue conocido como Arsenio Lupin. Durante todo el día de ayer, desde que a eso de las once el ministro del Interior de Francia informara de que el Louvre había cerrado sus puertas poco después de haberlas abierto debido a un robo que se había producido en la galería Apolo.
Desde que el ministro confirmó que el robo se había producido no solo a plena luz del día, sino con el público dentro ya del museo y con un camión con plataforma elevadora y escalera telescópica parado en la verja que da al muelle y usado para subir y bajar del balcón al que da la galería -qué historia-, la frase que más se repitió en los medios de comunicación franceses es que parece una historia de Arsenio Lupin.
O sea, un robo de novela, o de película. O, si no se malinterpreta, un robo de fábula. En el que cuatro tipos con pasamontañas llegan a la calle junto al Sena, dos en moto y dos en el camión, despliegan la escalera telescópica hasta el balcón de la primera planta, sacan las herramientas, fuerzan el balcón, se van para dentro, usan la radial para cargarse un par de vitrinas, arramplan con los collares, los broches, las diademas, amenazan -parece- a un vigilante que aparece por allí, se van para el balcón, escalera para abajo, a las motos y si te he visto, no me acuerdo. En el trasiego del descenso se les cayó la corona de nuestra Eugenia de Montijo.
El escándalo en Francia es mayúsculo. Imaginemos que aquí cuatro tipos asaltan el Prado un domingo por la mañana con un camión a la vista de todo el mundo. Hay dirigentes políticos que reclaman que caigan tres o cuatro ministros, por la falta de inversión, por no haber atendido a quienes venían pidiendo más seguridad; hay dirigentes a los que no cabe en la cabeza que los delincuentes puedan ser franceses -franceses atacando el patrimonio nacional de Francia- y que lanzan la hipótesis de la injerencia extranjera par desestabilizar el país. Por ejemplo, el ex presidente Hollande.
¡Humillación nacional!, ha dicho el aspirante a presidente por la extrema derecha Jordan Bardella. Y eso que su jefa, la señora Le Pen, había llamado a aparcar la polémica y poner todo el esfuerzo en la localización de los cacos. La investigación está en marcha, claro que sí. Y ha empezado por donde empiezan todas las investigaciones de robos en museos: tratando de establecer si los ladrones tenían un topo dentro, alguien del personal del museo, o que hubiera estado trabajando recientemente allí dentro, que les facilitara la información exacta para llegar y besar el santo.
En concreto, la información de que uno de los balcones, accesible con escalera telescópica desde la calle, carecía de más seguridad que un cierre tirando a viejo. Ni Maurice Leblanc, el padre de Arsenio Lupin, habría imaginado que 120 años después la noticia del día en Europa sería un robo como este.
Ni Maurice Leblanc, el padre de Arsenio Lupin, habría imaginado que la noticia del día en Europa 120 años después sería un robo como este
Lupin entró una noche, por cierto, en el palacio del barón Schormann sin que nadie lo advirtiera. Fue el propio barón quien lo supo a la mañana siguiente, cuando encontró en su gabinete una nota manuscrita dirigida a él. La nota decía: 'Soy Arsenio Lupin y quiero que sepa que estuve aquí anoche con intención de llevarme algunos objetos de su mobiliario. Me fui, sin embargo, sin tocar nada. Si no le importa, volveré cuando los muebles sean auténticos'.
Un alto al fuego de quita y pon
Un alto el fuego de quita y pon. Y un suspiro de alivio al comprobar que el plan para Gaza no descarriló del todo. El gobierno de Israel anunció anoche que retoma la tregua. O, en el lenguaje del comunicado oficial, que reanuda la aplicación del alto el fuego. Aplicación del alto el fuego pero añadiendo que también responderá con firmeza a cualquier violación.
Porque el motivo que dio el Ejército israelí para bombadear ayer algunos puntos del norte y el centro de la franja de Gaza es que Hamás había atacado antes, con misiles anti tanque, a tropas israelíes y matado a dos oficiales cerca de la ruta del sur que utilizan los camiones de ayuda humanitaria. Según Hamás, en los bombardeos israelíes de ayer murieron cuarenta y cuatro personas.
La alarma estuvo encendida durante todo el día en los gobiernos que han actuado como mediadores y mentores del acuerdo de Sharm el Seij. Singularmente, en la Casa Blanca, que sin decirlo abiertamente se atribuye ahora el mérito de que ambas partes cesen, de nuevo, las hostilidades y se comprometan a seguir adelante. Trump advirtió de que si Hamás no iniciaba su desarme se ocuparía él de ejecutarlo.
Rusia - Ucrania, el conflicto sin encauzar
De forma rápida y quizá violenta. Esto fue el viernes. Sábado y domingo llegó a temer que el plan de paz hubiera sido flor de un día pero ahora sostiene la Casa Blanca que las aguas, turbulentas, han vuelto a su cauce. La prioridad de Trump, afianzado el plan Gaza, es volver sobre el conflicto que no ha conseguido encauzar -mucho menos, revertir-, es decir, Ucrania. La invasión rusa que en febrero cumplirá tres años.
Está anunciado un encuentro entre Trump y Putin, sin fecha aún concretada, en Budapest, donde gobierna el discípulo más amado de Trump, que es Víctor Orban. A Zelenski le preguntaron ayer en una televisión americana si estaría por la labor de personarse él también en Budapest y dijo que no ve a Putin preparado aún para negociar nada. No ve preparado al ruso, pero por él no va a quedar. Trilateral, bilateral o como sea.
Trump se abre nuevos frentes
Trump ejerce de pacificador del mundo mientras se abre, a la vez, nuevos frentes él mismo. Su última víctima es el presidente de Colombia Gustavo Petro, a quien ha tachado de líder del narcotráfico y se ha quedado en su paz. Todo a cuenta de la protesta colombiana por el ataque estadounidense a una lancha en aguas territoriales de este país.
La Casa Blanca sostiene que era una embarcación vinculada a la guerrilla del ELN y dedicada al narcotráfico, lo que, desde el punto de vista trumpista, es suficiente para que Estados Unidos pueda hundirla, matando a sus tripulantes, donde quiera. El gobierno colombiano denuncia la violación de sus aguas y añade que la lancha no era ni del ELN ni transportaba droga, era una embarcación pesquera.
Y el cruce de versiones, y de reproches, ha venido a realimentar la vieja mala relación entre Donald Trump y el presidente de izquierdas colombiano. Que es tan mala, tan mala, que a su lado la disputa que mantiene con el nuestro por el PIB en Defensa es un juego de niños.