Alsina analiza el libro de 'Santi' Cerdán: "Tiene a Pedro Sánchez como destinatario preferente"
El director de Más de uno ha realizado un repaso del relato de "autoficción" que ha publicado el que fuera secretario de Organización del Partido Socialista en el que se define como víctima de un montaje por sus negociaciones políticas.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Estoy por contarles otra vez la de ayer. Autoficción. Hoy en homenaje a un autor que debuta en el mundo de la novela con cincuenta y siete años. Talludito, pero extraordinariamente tierno en la evocación que hace de sus años pasados.
Hoy en autoficciones de nuestro tiempo presentamos a Santos Cerdán León, autor de la obra auto exculpatoria 'La caída', que se ha editado él mismo y que debería haber titulado, con mayor propiedad, 'Cuando me llamabas Santi', o 'Cartas desde mi celda… a P.S.'
El libro tiene a Pedro Sánchez como destinatario o lector preferente. A ti, Pedro, que le dejaste caer. A ti, Pedro, que le diste crédito a un informe de la UCO en lugar de creer em su acreditada bondad. A ti, Pedro, líder ingrato que no le diste el margen de confianza que sí has dado a Zapatero, a tu hermano y a tu mujer. A ti, Pedro, que tanta persecución política ves en los casos que afectan a tu familia y eres incapaz de ver que Santi es un perseguido, víctima de un montaje infumable, mártir de los pactos de gobierno que te llevaron (y te matuvieron) en la Moncloa.
El libro tiene a Pedro Sánchez como destinatario o lector preferente
¿Cómo puedes estar tan ciego, Pedro? Santi ha caído no por su Servinabar, su socio el constructor, sus presuntas mordidas, sus amaños con la SEPI, sus pagos bajo cuerda a Leire Díez; Santi ha caído por hacerte presidente a ti y retratarse en Bruselas junto a Puigdemont. Ay, Pedro, ¿cómo es posible que no lo veas? Si lleva un año Cerdán con esta prédica.
Santi es como Sánchez llamaba a Cerdán. Lo cuenta éste en su su libro como prueba de la estrecha confianza que se tenían. Porque cuando empezó a muñirse la moción de censura y alguien tenía que liar al PNV Pedro dijo a los suyos: "Con el PNV sólo habla Santi y Santi sólo me reporta a mí". La frase, hoy, es una losa: Santi, o sea Santos, sólo reportaba al presidente. ¿Sólo lo del PNV o todo lo demás?
He aquí otro ex que se atribuye la paternidad de la moción de censura. Cuántos padres no habrá tenido la criatura: que si Ábalos, que si Pablo Iglesias, que si Iván Redondo, entre todos la urdieron y ella sola prosperó. Qué maravilla. Santos negoció con el PNV, con las mismas llegó a Bildu (Antxón era del pueblo de Otegi) y en 2023, perdidas las elecciones y encomendándose el PSOE a Junts, Sánchez lo envió con la mochilita a Bruselas a firmarle a Puigdemont la amnistía y la reescritura histórica del procés.
Y ambas cosas las hizo diligentemente y con verdadera satisfacción. Porque leyendo su relato se confirma que a la amnistía se llegó por puro cálculo, ni pacificación de Cataluña ni gaitas, pero él siempre pensó que Puigdemont y los otros cabecillas del procés eran unos perseguidos políticos. Como él ahora. Este libro de ahora es un calco, con menos talento y abusando del punto y aparte, de los libros autoexculpatorios de esos mismos cabecillas: todos víctimas de la persecución, todos creyéndose Mandela.
Que sepas, Pedro, que Santi rebate en su texto la tesis de que lo apartasteis de Ferraz por su corrupción presunta. Dice que fue él quien se abrió. Que el día que se conoció el informe de la UCO, 12 de junio del año pasado, se fue del Congreso a Ferraz, habló con su equipo y decidió dimitir, aun sabiéndose inocente.
"Nadie me pidió la dimisión", escribe, "lo decidí yo". Y cuando Sánchez, esa tarde, le convoca en la Moncloa él va con la decisión tomada y para comunicárselo. El relato es enternecedor. La noche anterior el PSOE había difundido un comunicado en el que defendía a Santos Cerdán y proclamaba su inocencia. Menos de 24 horas después, su jefe Sánchez estaba en Ferraz pidiendo perdón a la sociedad por haber confiado en él.
Se duele el autor Cerdán de que el partido le dejara sin abogado y sin seguro de responsabilidad civil. Y se duele de no haber sabido anticiparse a la crisis y haber salido a defender su reputación. Esta es la parte más tierna del libro: cuando el político que lleva toda la vida usando las sospechas sobre sus adversarios para construir relatos incriminatorios cae en la cuenta de lo injusto que es saltarse la presunción de inocencia. Y cae en la cuenta cuando el investigado y encarcelado preventivamente es él.
Dices: ya podías haberlo pensado antes. Antes de que tu jefe de propaganda en Ferraz, por ejemplo, usara la IA para fabricar imágenes falsas de fajos de billetes en el salón de un ático en Chamberí para ilustrar la corrupción de Díaz Ayuso y condenarla en las redes sociales. Se le saltan las lágrimas al lector al leer esto: "Necesitamos educación cívica sobre la presunción de inocencia".
Y esto otro, que es el final de la obra: "La verdad no siempre te libera, pero callar seguro que te condena". Viniendo de alguien que prometió dar una rueda de prensa el día que salió el informe de la UCO (y no la dio), prometió dar una rueda de prensa el día que salió de prisión (y no la dio), prometió desmontar uno a uno los indicios de la UCO y todo lo que acabó diciendo es que no se reconocía en los audios de Koldo, el remate literario no tiene precio. El error es callar, dice quien tantas cosas aún calla.
El error es callar, dice quien tantas cosas aún calla
Nada hay en estos noventa folios sobre por qué Sánchez, que tan cerca lo tuvo siempre, da por hecho que está pringado y le imputa haberle mentido a la cara; nada hay en estos noventa folios sobre las maniobras con las Leires, los Antxones y los Vicentes Fernández. Nada sobre los indicios de delito que le van a sentar en un banquillo. Son los indicios, las grabaciones, la propiedad de Servinabar, los manejos con Koldo lo que llevan a Cerdán a juicio, no haber sido el recadero de Sánchez para sus maniobras políticas en la oscuridad, Bildu y Puigdemont incluidos.
Nosotros tres
El interés de Cerdán por la SEPI, y por quién dirigía la SEPI, era enorme, según la UCO. Las agendas que se dejó en Ferraz contienen anotaciones sobre una de las empresas que habían llamado a todas las puertas políticas que tenían a mano, empezando por el PNV y siguiendo por Leire y asociados, para conseguir un rescate: o sea, Tubos reunidos.
Como el PSOE es un pañuelo y todo queda en casa, ocurre que Leire también era comadre de Antxón Servinabar Alonso, el colega de Cerdán. Tenía con él un grupo de guasap llamado Hirurok, o sea, Nosotros tres. El tercero era Vicente Martínez, ex presidente de la SEPI, compañero de fatigas de Leire y hombre muy visto por Cerdán. A Hirurok le pasaba como a los tres mosqueteros, que en realidad eran cuatro.
A Hirurok le pasaba como a los tres mosqueteros, que en realidad eran cuatro
El juez Pedraz aprobó ayer la imputación de la señora Gualda, actual presidenta de la Sepi y sucesora de Martínez, el de Leire. La imputación, como diría Cerdán, no presupone culpabilidad alguna, sólo faltaba. Se trata de hacer saber a la investigada lo que el juez tiene entre manos y cómo le afecta. Hay más de veinte personas recién imputadas también, lo que sólo da idea de que la causa se amplía, la sospecha se extiende y la conexión entre las maniobras en la SEPI y las cloacas de la fontanera se revela cada vez más sólida y más íntima.
La misma militante a la que el PSOE pagaba, en época Cerdán, por conseguir munición con la que proteger a Sánchez de investigaciones judiciales adversas ejercía de conseguidora de favores para empresas en alianza con Vicente Fernández, ex de la Sepi y a sueldo del compadre de Cerdán.
Con razón dice Santi en su libro que la política real, para él, no es la que se ve, sino aquello que ocurre cuando nadie está mirando. Una exaltación de las maniobras sin luz y sin taquígrafos. Tengo otro título alternativo para su autoficción: "El hombre que amaba la penumbra". Cuando se hizo la luz, se achicharró.