La primera de la mañana

"A Mazón le enseñan la puerta porque empezaba a salpicar demasiado hacia dentro": Marta García Aller acerca de la dimisión del president valenciano

La periodista señala los motivos de la dirección del Partido Popular para empujar la dimisión del president de la Generalitat más de un año después de la catástrofe de la dana.

Marta García Aller

Madrid |

En España nos cuesta mucho decir adiós. En vez de irnos y ya, decimos que nos vamos a ir yendo. Intenta traducir esa construcción verbal a cualquier otro idioma. ‘Me voy a ir yendo’ empieza normalmente con un tímido ‘bueno’. Nos cuesta irnos hasta cuando ya nos hemos decidido. Y si en este país no sabemos irnos ni cuando tenemos ganas, imagínate cuando no. Hay gente que tarda tanto en despedirse de una cena que pasa más tiempo en la puerta del bar que en la mesa.

Parece que Carlos Mazón, que tanto sabe de sobremesas, va a dimitir hoy. Por fin. Hace un año que se está yendo y no lo sabía. Pasó el domingo negociando las condiciones de su salida con el líder de su partido. Feijóo ha pasado de apoyarle a pedirle explicaciones y luego la dimisión, cuando ha caído en la cuenta de que cuanto más se quedara el presidente de la Generalitat valenciana, más se le iban yendo al garete las encuestas del partido.

Así que a Mazón no le han enseñado la puerta por faltar a su responsabilidad, ni por mentir, ni por dignidad. Ni mucho menos por principios. Ha habido un año entero para todo eso. A Mazón le enseñan la puerta en la que llevaba muchos meses atrincherado sin terminar de despedirse porque en el quicio empezaba a salpicar demasiado hacia dentro.

Anunciar hoy la dimisión de Mazón va a eclipsar la otra noticia del día, el inicio del juicio contra el Fiscal General. Álvaro García Ortiz es otro de los que no se termina de ir yendo todavía. Por no irse, está dispuesto a compaginar el cargo de fiscal con el de acusado, en un inaudito desdoblamiento de la personalidad. Es como el médico paciente, la maestra alumna y el electricista fusible. Tener un fiscal general en el banquillo, un garante de la ley acusado de un delito, es como ser a la vez agricultor y lechuga. ¿Entrará por la puerta noble o por la de los acusados? Y cuando salga, ¿le pondrán la toga o las esposas?

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