Marta García Aller: "¿No inspiraría más confianza en el sistema, reconocer los fallos y explicar cómo se van a solucionar?"
Marta García Aller reflexiona por la respuesta del Gobierno a la crisis por los fallos de las pulseras antimaltrato, en la que se ha limitado a negar la existencia del problema.
De todos los errores que está cometiendo el Gobierno con la crisis de las pulseras antimaltrato, no sé cuál es más grave: si no reconocer los repetidos fallos, perdón, errores técnicos, que es como la ministra de Igualdad insiste en llamarlos, o tratar de minimizarlos alegando que es que todo es muy complejo o un bulo.
Grave es todo. Es grave que jueces, fiscales, abogados y policías hayan detectado fallos recurrentes en las pulseras para controlar agresores de violencia de género. Problemas técnicos que se prolongaron meses y que, para cuando nos enteramos, la ministra Ana Redondo se escude en que poner en duda las pulseras genera alarma social. A ver, mucha confianza en el sistema no suele dar negarlo todo e ir luego reconociéndolo al tran tran.
Ninguna mujer ha sido asesinada con el dispositivo puesto, insiste mucho en esto la ministra y bien está que lo haga. No hay motivo para poner en duda todo el sistema, es verdad. Las pulseras antimaltrato salvan vidas. Protegen a cuatro mil mujeres de sus agresores. Cierto. Pero también es cierto que cada vez hay más fallos. Y eso también es grave.
Tiene razón la ministra en que no debemos confundir la pérdida de datos que se produjo al cambiar la operadora telefónica con la ineficiencia de los dispositivos, pero el problema no era solo ese. No solo falló la migración de datos entre empresas.
Es que los responsables de Cometa, el centro que se encarga de velar por las mujeres amenazadas, están explicando que los nuevos dispositivos fallan más que antes. Falla a veces la cobertura en zonas rurales, la geolocalización, alertas que suenan cuando no deben (imagina la tortura para una mujer que teme por su vida el sobresalto constante de las falsas alarmas), y peor a veces no suena cuando debería. Y problemas de cobertura, de batería…
Hubo fallos y se siguen produciendo. ¿No inspiraría más confianza en el sistema, reconocerlos y explicar cómo se van a solucionar? Y, ya puestos, reconocer los otros errores, no los técnicos, sino los humanos.
¿Moraleja?
Ante los fallos es tan grave su ignorancia
como empeñarse en quitarles importancia