Marta García Aller: "El candidato para el Nobel de la Paz quiere convertir Gaza en una Riviera Maya"
Marta García Aller reflexiona sobre las últimas nominaciones a los Premios Nobel, dedicando especial al presidente de los Estados Unidos, quien estaría negociando el reparto de Gaza, según detalló el ministro de Economía israelí.
Un médico llamado William Bennet dedicó buena parte de su vida a medir la uña de su pulgar izquierdo durante 37 años, sin interrupción. Quería documentar si la velocidad cambiaba con la edad. 37 años viendo su uña del dedo gordo crecer. Comprobó que una uña tarda de media 146 días en crecer entera y, efectivamente, con la edad se ralentiza.
Le ha valido el premio Ig Nobel, los otros Nobel. Los que premian a los científicos que investigan esas otras cosas que pueden parecer absurdas, pero nadie había comprobado todavía.
El Ig Nobel de Nutrición se lo ha llevado unos italianos por estudiar qué tipos de pizza prefiere un lagarto; el de Biología por experimentar si al pintar una vaca a rayas, como las cebras, logra prevenir las picaduras de moscas; y el de Pediatría estudió qué pasa a un bebé lactante si su madre come ajo; El de la Paz es para el equipo que demostró que beber alcohol mejora la habilidad para hablar idiomas.
Cada año el mundo real se lo pone más difícil a los Ig Nobel para sorprendernos. La vida cotidiana está cada vez más llena de disparates. A ver, que el candidato para el Nobel de la Paz, el de verdad, es el mismo que quiere convertir Gaza en una Riviera Maya.
Estamos experimentando también qué pasa cuando el país más poderoso del mundo nombra un antivacunas como ministro de Sanidad o cuando su Gobierno amenaza a las grandes cadenas de televisión con "retirar licencias" si sus estrellas le critican ¿No eran estos los que llegaron al poder criticando la cancelación? Qué experimento tan interesante para la libertad de expresión.
¿Y los mil millonarios? ¿Qué hacen las élites económicas cuando un autócrata amenaza la democracia? ¿Presionan al poder o se rinden ante él? Viendo la cena del otro día en la Casa Blanca, con todos los magnates tecnológicos ofreciendo dádivas a Trump, como antes los oligarcas ante Putin, este experimento está claro. Bien merecía un Ig Nobel.
Ah, y, efectivamente, pintar las vacas a rayas reduce las picaduras y cuando las madres comen ajo, los bebés succionan más.
¿Moraleja? Qué mundo tan extraño, dan ganas de hacerse ermitaño.