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La estremecedora historia de Tina y Lola: "Fue una apocalipsis zombi, una sensación devastadora, no había nada ni nadie"

Samuel Portillo

Madrid |

Durante la emisión del programa especial por el aniversario de la dana, Carlos Alsina se ha escapado del Auditorio Banda Primitiva de Paiporta para visitar la casa de Tina, una de las vecinas de Paiporta que vivió en primera persona el horror de la riada que destruyó el pueblo.

Tina fue rescatada de su vivienda por los empleados de la gestoría que ocupaba el piso superior del edificio. Cuando el agua ya alcanzaba el techo y ella y su hija Ana estaban al borde de la hipotermia, los trabajadores abrieron un agujero en la pared para poder sacarlas. "En cuanto Manu dijo ya te tengo, perdí el conocimiento", recuerda Tina. Lo recuperó gracias a la poca agua caliente que aún quedaba en el termo de su vecina Lola, que la ayudó a calentarse.

En cuanto Manu dijo, ya te tengo, perdí el conocimiento

Tina perdió toda orientación durante los momentos en los que trataba de luchar por su vida mientras el agua inundaba su piso: "Pensaba que se nos estaba tragando el mar", confiesa. Al amanecer, todo era desolación: calles vacías, casas destruidas, un paisaje que ella describe como "un apocalipsis zombi". No fue hasta el quinto día cuando llegaron las fuerzas de seguridad, junto al rey, la reina y los políticos. "A todos nos pareció indignante", dice.

Pensaba que se nos estaba tragando el mar

Lola, su vecina, recuerda el rescate "como un parto", y los gritos desesperados de Ana, convencida de que su madre iba a morir. Ambas familias lo perdieron todo, literalmente "hasta las bragas", como relata Lola con una mezcla de humor y resignación. Desde el balcón, vio impotente cómo los dueños del estanco se aferraban a las verjas para no ser arrastrados por la corriente.

Aunque su casa de alquiler ya está reparada, "mucho mejor que la otra vez, aunque humedad sigue habiendo", el miedo no se ha ido. Cuando volvió a sonar la alarma casi un año después, la angustia regresó: el temor a revivirlo todo, a tener que limpiar otra vez el barro que todavía se resiste a desaparecer de sus puertas.