Alsina, desde Paiporta: "Pido disculpas por no encontrar las palabras para abarcar la dimensión del desgarro que aquí se produjo"
Carlos Alsina ha reflexionado sobre la terrible huella que ha dejado la catástrofe en los habitantes de L' Horta Sud y que un año después todavía está sanando, con responsabilidades sin asumir e indemnizaciones insuficientes.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. (Y que muchos de ustedes ya se sabrán). Empezó en 1896. Y aún no ha terminado. Aquel año, once vecinos de Paiporta aficionados a la música -de Paiporta y aficionado a la música es un poco lo mismo, aquí no se permite no tener oído musical-, se juntaron un buen día y dijeron: por qué no nos constituimos en sociedad musical. Y lo hicieron.
Se pusieron como nombre Centro de Socorros Mutuos, que digo yo que es un nombre mucho más revelador de lo que parece porque socorrerse los unos a los otros es lo que da sentido, al final, a una sociedad. Procurar socorro a tus vecinos es lo que todos los que vivís en l’Horta Sud supisteis hacer hace un año.
Estos once paiportinos, antepasados vuestros, se constituyeron en banda de música y empezaron a crecer. Más trompetas. Más clarinetes. Más trombones. Y más socios. Cada vez más socios y más ensayos y más conciertos. Veinticinco músicos, treinta, cuarenta. ¿Y si llegáramos a ser más de cien? Pues seamos.
Cuando la banda cumplió treinta y dos años se dijo: si somos los más antiguos de Paiporta, deberíamos presumir de ello en nuestro nombre. Y se lo cambiaron. En adelante sería conocida como la banda primitiva. La primera. La que abrió camino a decenas de vocaciones musicales.
Casi a la vez, un empresario de apellido Chirivella -que más valenciano tampoco podía ser- se propuso abrir un cine en Paiporta. Escogió un solar, bien céntrico, y encargó que construyeran un edificio para casi seiscientas butacas. Lo llamó Cine Florida. En el número 1 de la calle Lluis Vives. O sea, aquí.
La música y el cine estaban llamados a casarse. Y así fue como, muchos años después, el Florida acogió los conciertos de la banda Primitiva. Y la sociedad musical acabaría quedándose el cine como sede de la banda, la coral y la escuela de música.
Un espectáculo ver este escenario pleno de instrumentos bien cuidados. Los violines, los cellos, los timbales (que pesa cada uno treinta y cinco kilos). Veintinueve de octubre de 2024. El agua asaltó el Auditorio, como asaltó las vidas de todos vosotros. Alcanzó más de dos metros de altura. Se llevó por delante los instrumentos, arruinó todas las butacas, a punto estuvo de tragarse entero este teatro.
Pero hoy la historia sigue. El socorro mutuo prevalece. Y el teatro auditorio -este programa de hoy es la prueba- vuelve a lucir acogedor y esplendoroso. A tiempo para que el día veintidós podáis celebrar aquí a Santa Cecilia. Patrona de la música y, con permiso de la Virgen de los Desamparados, un poco también patrona de todos los paiportinos con oído.
Ayer -quizá lo escuchasteis- este programa estuvo en Alfafar, en Benetúser, Sedaví, Catarroja y Picaña. No tuvimos programa suficiente para llegar a Algemesí, a Massanassa, a Torrent, a Albar, a Aldaia, a Chiva, a Castellar-Oliveral, a tantos sitios. Hoy hemos vuelto a Paiporta. En el día en que se cumple un año del desastre.
Y hoy… hoy quiero pediros disculpas. Por no haber encontrado las palabras. Por no haber sido capaz -y mira que lo intentamos, y mira que describimos, y narramos y contamos-, no haber sido capaz de llegar a abarcar nunca la dimensión del desgarro que aquí se produjo. Por más palabras que intentamos hallar, creo que nunca hemos conseguido reflejarlo del todo. Igual porque no bastan las palabras para transmitirlo todo.
Igual porque no bastan las palabras para transmitirlo todo
Todo lo que pasó ante vuestros ojos cuando os asomábais a la ventana aquella tarde: las ramas, el cieno, los muebles flotando, las paredes reventadas, los coches arrastrados, el ruido infernal de un muro de agua que iba arrasando con todo. Los vecinos, los amigos, las abuelas y los padres y los hermanos muertos. Todo lo que os pasó aquí dentro.
Todo lo que os removió, os aterró, os dolió, os sublevó. La injusticia de ver cómo tu vida se pone boca abajo en un momento. Y la irritación de comprobar cómo se sacuden responsabilidades quienes deberían haberlas asumido desde el primer momento. Y hoy siguen sin asumirlas.
Un año después, aún hay colegios sin reconstruir, niños que han empezado el curso en barracones, viviendas en las que no funciona el ascensor, reclamaciones a las aseguradoras que no se han resuelto. Un año después, todas aquellas obras tan urgentes que iban a acometerse, o a retomarse, para impedir que el barranco del Poyo se pueda desbordar siguen pendientes. Y si volviera a caer la misma agua y el mismo lugar, hoy el barranco volvería a desbordarse.
Eso sí, el mensaje de alerta llegaría veinticuatro horas antes. Un año después, creo que nadie os haya dado aún una respuesta convincente a la pregunta de por qué, teniéndolo en su mano, el presidente Carlos Mazón no pidió la declaración de emergencia para que el Estado os socorriera, de inmediato, con todos los medios públicos y privados que pudieran ser movilizados. Y por qué, teniéndolo en su mano, el presidente Pedro Sánchez no declaró la emergencia para movilizar todos esos recursos, en vuestra ayuda y de inmediato, sin esperar a que le fuera pedido.
A siete kilómetros de aquí, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias (Valencia capital) se va a oficiar un funeral de Estado. Han dicho los dirigentes políticos que van a tener presente que hoy el protagonismo es para las víctimas. Veremos si son capaces.
Este programa, si os parece, lo hacemos hoy por quienes ya no están; por quienes seguís estando aquí; y por aquellos que hace un año dejaron lo que estaban haciendo en otros pueblos y ciudades de España y vinieron a ayudaros. Sin pensárselo, sin que nadie se lo pidiera y sin pedir nada.
Este programa lo hacemos hoy por quienes ya no están; por quienes seguís estando aquí; y por aquellos que hace un año dejaron lo que estaban haciendo en otros pueblos y ciudades de España y vinieron a ayudaros
Un año después de la riada, todo lo quería deciros, a quienes nos acompañáis esta mañana, a quienes nos habéis recibido con enorme afecto cada vez que hemos venido en estos meses, a los miles (y miles) de damnificados que aún estáis en la tarea de recuperar vuestra vida cotidiana; todo lo que quiero deciros es gracias por haber salido adelante, gracias por mantener viva la L’Horta Sud, gracias por todo lo que nos habéis enseñado.