El ahorro español abandona el ladrillo y descubre los mercados de capitales
La Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España revela un giro histórico en la manera en que los españoles gestionan su patrimonio: menos cemento, más inversión productiva. El reto ahora es que ese cambio se traduzca en mayores salarios.
El Banco de España acaba de publicar su Encuesta Financiera de las Familias, y los datos apuntan a una transformación en la relación que los españoles mantienen con su propio patrimonio. Tres tendencias emergen con claridad según este estudio.
Del ladrillo al diversificado: la herencia de 2008
En 2008, el 90% de la riqueza de los españoles descansaba sobre el inmobiliario. Una concentración tan extrema que convertía cada hogar en una apuesta apalancada al precio del metro cuadrado. Hoy ese porcentaje ha descendido al 75%. Sigue siendo elevado en comparación con otros países europeos, pero la dirección es clara. Los españoles, poco a poco, están diversificando.
Esto se ha producido porque el crecimiento del patrimonio financiero ha superado en ritmo al del inmobiliario. La pandemia, la digitalización de los servicios financieros y, sobre todo, el regreso de la rentabilidad al ahorro han abierto puertas que antes permanecían cerradas para el ahorrador medio.
El BCE enciende la mecha de los depósitos
En esta tendencia hay otro factor. La decisión del Banco Central Europeo de abandonar la política de tipos al cero por ciento. Durante años, mantener el dinero en una cuenta corriente o en un depósito bancario era, en términos reales, perder poder adquisitivo. Las familias lo sabían, pero la alternativa de asumir el riesgo de los mercados resultaba incómoda para muchos ahorradores conservadores.
Con la subida de tipos, los depósitos volvieron a ofrecer rendimientos positivos y el trasvase fue inmediato. Los hogares españoles movieron cantidades significativas desde cuentas corrientes no remuneradas hacia productos de ahorro que, por primera vez en lustros, pagaban algo a cambio.
Las grandes fortunas descubren la bolsa y los fondos
El 10% de las familias con mayor riqueza ha pasado de tener el 15% de su patrimonio invertido en empresas y fondos de inversión al 25%. Un salto de diez puntos porcentuales que no es una anécdota estadística: es la señal de que el segmento con mayor capacidad de inversión ha comenzado a mirar más allá de la vivienda y del depósito.
Este dato enlaza directamente con una de las recomendaciones centrales del informe Draghi sobre competitividad europea: desarrollar los mercados de capitales del continente. Europa ha financiado históricamente su economía a través de la banca; Estados Unidos, a través de los mercados. El resultado es que las empresas europeas han tenido más dificultades para crecer, captar talento y competir globalmente. Lo que está ocurriendo en España es precisamente lo que Draghi prescribía: más ahorro privado canalizándose hacia la inversión productiva.
El salario, la asignatura pendiente
Cuando el ahorro de un país fluye hacia empresas, fondos y proyectos productivos en lugar de quedarse inmóvil o en cuentas sin rendimiento, la productividad mejora, se crean empleos de mayor valor añadido y, en última instancia, los salarios suben. Ese es el eslabón que España lleva décadas intentando cerrar: una economía con empleo abundante, pero con salarios que no terminan de despegar al ritmo de los de sus socios europeos.