Alsina critica la reacción de Puente a la bendición del Iryo: "Si los ministros van a calificar las preguntas habrá que pedir que los periodistas puedan calificar la respuesta"
El director de Más de uno ha ironizado sobre la respuesta que el ministro de Transportes le dio ayer al periodista de Onda Cero, Juan de Dios Colmenero cuando le inquirió sobre el rezo de los obispos que acompañan al papa en su viaje.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Llevaba los cazones sujetos con imperdibles y un puñado de pasas en el bolsillo. El traje, gastado, le venía grande. Las rodillas, hinchadas, las tenía vendadas y le brotaba sangre por un oído. Llevaba consigo una biblia y carecía de papeles. Dos peatones acudieron a socorrerle, al verlo tendido tras el paso del tranvía. Cuatro veces trataron de parar un taxi pero ninguno de los cuatro taxistas se detuvo. Quién iba a querer transportar a un mendigo que sangraba.
Tuvo que ser un guardia le que ordenara a un conductor que se detuviera. Con ayuda de un tendero lo llevaron al dispensario de la Ronda de Sant Pere. Se le observó contusión cerebral, rotura de costillas, hemorragia de oído. Lo mandaron llevar al Hospital Clínic, pero el conductor de la ambulancia decidió por su cuenta que el de la Santa Creu estaba más cerca. Allí lo dejó ingresado, en la cama 19 de una sala enorme.
Allí pasó la noche entre tinieblas mentales, perdiendo y recobrando el sentido. Le debieron de preguntar su nombre y éste quedó anotado de maneta errónea: Antonio Sandí. De madrugada dieron con él el padre Gil Parés y el arquitecto Sugranyes. Consiguieron que fuera trasladado a una habitación privada, donde recibió la visita del obispo, de Cambó, de un enviado del alcalde. Aguantó, o agonizó, dos días más. A la cinco de la tarde del 10 de junio, que era jueves, terminó la vida de Antoni Gaudí.
Para entonces, y al cabo de treinta y cinco años ya de obras, la Sagrada Familia tenía sólo un campanario, el del apóstol Bernabé, y una fachada terminada: la del Nacimiento. Hoy, ciento cuarenta y tres años después de la colocación de la primera piedra, un papa estadounidense bendecirá la torre de Jesús, con su cruz panorámica, y celebrará misa, con algunas frases en catalán, en el templo aún inacabado que es símbolo universal de Barcelona y de la iglesia catalana.
Lo de menos es que Miriam Nogueras intentara apropiarse del papa y del Gaudí en una misma maniobra confiscatoria; lo de menos es si al Papa le censuran los semoneadores identitarios por usar demasiado el español y no lo bastante la lengua catalana; lo de menos es que el presidente Sánchez se haya dignado a personarse en una misa (tranquil, presidente, tranquil que no le van a salir ronchas). Lo importante es que para decenas de miles de personas, en Barcelona, Cataluña, pero no sólo, se une hoy la devoción religiosa con el interés artístico y el orgullo de ver un emblema de la ciudad explicado y televisado al mundo.
El ministro Torquemada
Barcelona ha tomado el relevo de Madrid en papamanía, o leónmanía, y también, qué remedio, en restricciones a la movilidad, la circulación y los aparcamientos. Ayer se sumó, además, una avería en el Cercanías que interrumpió todo el servicio por dos veces y resucitó los peores fantasmas del mes de enero, cuando la acumulación de problemas exasperó a los usuarios y llevó a Salvador Illa a exigir al ministerio que se pusiera las pilas. Se trasladó a vivir a Barcelona el secretario de Estado Santano, escudero de Óscar Puente.
Ahora que el gobierno entero anda arrobado con el jefe de la iglesia católica, estará poniéndole velas a la virgen el ministro para que Cercanías funcione como un reloj al menos hasta que el Papa marche para Canarias y Salvador Illa se relaje. La otra opción que tiene el ministro es pedir a los obispos que le bendigan Rodalies, tal como ayer bendijeron el Yrio que los llevó de Madrid a Barcelona. Invocación a Dios incluida para que alejara el riesgo de accidente.
Al ministro le pidió opinión mi compañero Juan de Dios Colmenero sobre la bendición episcopal, seguridad de los viajeros incluida. Y Puente respondió con la suficiencia de quien siempre cree saber más que quien le pregunta. O sea, derrapando.
Vaya por dios. La legendaria seguridad del ministro de Transportes para afirmar lo que es verdad y lo que es mentira. El periodista reproduce literalmente lo que dijeron los obispos y el ministro primero califica la pregunta (de mal gusto, para el gusto de él, se entiende) y luego tacha al periodista de mentiroso. Seguimos para bingo. La bendición no es un exorcismo (tan papista como nos ha salido el gobierno, parece mentira que no alcance a distinguir una cosa de la otra).
Y quien ha hablado de brujería, que lo sepa el Papa, es el ministro Torquemada. En adelante, y si los ministros comparecientes van a calificar las preguntas que se les hacen -adecuada, improcedente, de mal gusto- habrá que pedir a la ministra portavoz que después de cada contestación dé la palabra, de nuevo, a los periodistas para que puedan calificar ellos la respuesta: muy fea su respuesta, ministro; no hay quien se crea su respuesta, ministro; qué vergüenza de respuesta, señor ministro. No sé, una cosa equitativa, ministra.
El Congreso responde al mensaje del papa
En menos de una hora, el hemiciclo que se rindió al Papa con siete minutos de ovación entusiasta se pone a prueba. Hasta qué punto sus señorías van a ser consecuentes con el aplauso que brindaron a este llamamiento papal.
Dice el Papa que cuiden los diputados su lenguaje porque la forma en que se dicen las cosas sirve para que el debate sea pacífico o para todo lo contrario, más madera. Hoy veremos si el mensaje ha calado o si, ay de vosotros sepulcros blanqueados, fingen entender pero no hay enmienda.
Acude el presidente, P.S., a la sesión de control dispuesto, como es costumbre, a no responder a nada y a colocar a sus señorías no uno sino tres mítines. Feijóo le preguntará que para cuándo elecciones, monocultivo. La señora de Bildu le preguntará con el mimo propio de una costalera. Y Miriam Nogueras le preguntará por la situación de Cataluña, monocultivo pero con pinganillo.
Leire reniega de cuatro agendas
Y al final de la sesión, salvo sorpresa, el nombre que más se habrá escuchado es el de la ex militante ausente más presente en la vida pública de estos días. O sea, Leire. Que teniendo oportunidad de desmentir que P.S. sea Pedro Sánchez no lo ha hecho. Que pudiendo desmentir que la reunión con P.S. que anotó en su agenda nunca se produjo tampoco lo ha hecho.
Y que alega ahora que no todas las libretas que le atribuye la UCO son suyas. Veinte agendas reunieron los investigadores. Y dice Leire que al menos cuatro son del propietario de uno de los pisos registrados. Que no es su letra. Vamos camino de reverdecer también aquellos tiempos en que hubo que hacer pruebas caligráficas a Bárcenas para verificar que los papeles que él mismo había hecho llegar a El País pero cuya autoría después negaba eran, en efecto, suyos. Y, en efecto, lo eran.
Leire sobrevolando hoy el Congreso. Y el gobierno quitándole hierro a su condición de elemento potencialmente explosivo con el ocurrente argumento de que, a ver, no es Mata Hari. Vuelve el estribillo fallido del pequeño Nicolás que ya se intentó con Víctor de Aldama. Mata Hari. Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino. No es Mata Hari la referencia para Leire, es Musculito Martínez, el ratero anti castrista reclutado por el equipo de Nixon para desacreditar a sus enemigos políticos.